Editorial
21/04/2019

Educar para frenar el cambio climático

Madre Tierra es una expresión común que se utiliza para referirse al planeta en diversos países y regiones. El concepto busca demostrar la interdependencia que existe entre los seres humanos, las demás especies vivas y la Tierra.

En rigor, para las culturas indígenas que contribuyeron a la generalización de la idea, la interrelación no solo se produce con el reino animal y vegetal, sino también con otros componentes de la naturaleza.

En efecto, el planeta y sus ecosistemas constituyen la “casa común”, como suele afirmar al menos, un sector de la Iglesia. Para alcanzar un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y de las futuras, es necesario promover la armonía de la humanidad con la naturaleza y la Tierra, asignatura a todas luces pendiente si se tiene en cuenta el espiral destructivo que se aceleró en los últimos 200 años.

Hoy se celebra el Día Internacional de la Madre Tierra para recordar que el planeta y sus ecosistemas dan la vida y sustento a la humanidad. Con la conmemoración de la jornada, se asume la responsabilidad colectiva de fomentar dicha armonía, como se estableció por vez primera en la Declaración de Río de 1992. La fecha también brinda la oportunidad de concientizar a todas y todos los habitantes del planeta sobre los problemas que afectan a la Tierra y a las diferentes formas de vida que contiene.

Para la edición 2019, la consigna es “La Madre Tierra: educación y cambio climático”, porque el último es una de las mayores amenazas para el desarrollo sostenible en todo el mundo y es consecuencia de las acciones insostenibles de la humanidad. El desequilibrio tiene consecuencias directas no solo en la vida de las generaciones futuras, sino aquí y ahora. Como antecedentes, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y el Acuerdo de París fomentan la cooperación internacional entre las partes sobre educación, formación, concientización, participación y acceso público a la información sobre el cambio climático.

En 2019, se cumple el décimo aniversario de la celebración del Día de la Madre Tierra. Como consecuencia, este año se concretará el noveno Diálogo sobre Armonía con la Naturaleza en el marco de la Asamblea General. Se llevará a cabo mañana en la sede de la ONU, en Nueva York. En particular, el encuentro girará en tono a “La Madre Tierra en la aplicación de la educación sobre el cambio climático”.

La intención del encuentro es discutir contribuciones que lleven a garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad que sirva para tomar medidas urgentes a la hora de combatir el cambio climático y sus impactos.

También se espera inspirar a los ciudadanos y a las sociedades a que reconsideren cómo interactúan con el mundo natural en el contexto del desarrollo sostenible, la erradicación de la pobreza y la justicia climática.

El objetivo es garantizar que las personas en todo el planeta tengan la información y el conocimiento necesarios para alcanzar el desarrollo sostenible y estilos de vida en armonía con la naturaleza. También en 2019 pero el 23 de septiembre, se celebrará la Cumbre del Clima, con la organización del secretario general de la ONU, António Guterres, para hacer frente al cambio climático y acelerar la implementación del Acuerdo de París sobre la materia.

Se aguarda que la Cumbre suponga un gran salto en la ambición política nacional y colectiva que impulse avances en la economía real, en apoyo de la Agenda 2030. Juntos, los progresos deberían reforzar los mercados y las políticas para dar el empuje necesario en la “carrera hacia la cima”, tanto en países, empresas, ciudades y sociedad civil. Las metas son siempre lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París.

En la actualidad, no se pueden disimular los impactos del cambio climático y las consecuencias reales que ocasionan en la vida de las personas. Altera las economías nacionales, con costos que ya son elevados en la actualidad pero que aumentarán en el futuro. Sin embargo, tiende a generalizarse la creencia de que las soluciones asequibles de la actualidad permitirán dar un salto hacia economías más limpias y de resiliencia.

El Acuerdo de París que se adoptó en 2015, supuso un paso fundamental a la hora de abordar el cambio climático. Estableció el objetivo central de mantener el aumento de la temperatura media mundial en el siglo XXI en 2 °C por debajo de los niveles preindustriales y si fuera posible, cerca de 1,5 °C. Se supone que el entendimiento marcó un punto de inflexión en la historia porque los líderes del mundo afianzaron un acuerdo nuevo al amparo de la Convención sobre el Cambio Climático. Pero la Madre Tierra no está para esperas.

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