Editorial
04/04/2019

Hace falta el espíritu de Maipú

En la Argentina, al cumplirse el año pasado el bicentenario del acontecimiento, apenas si se recordó modestamente. Hay que admitir que del otro lado de la cordillera, pusieron más énfasis. La histórica y decisiva victoria de Maipú se produjo un día como hoy pero de 1818. Después de ese triunfo, nunca la colaboración entre chilenos y argentinos resultó tan estrecha. Más bien al contrario, las enemistades condujeron a coyunturas casi trágicas.

Al término de la batalla, se produjo el abrazo que pintó Pedro Subercaseaux. Bernardo O’Higgins había cosechado una gran herida durante la derrota de Cancha Rayada pero sabía que los acontecimientos eran decisivos y no pudo mantenerse lejos de la disputa. Antes de que finalizara el último ataque contra los realistas, cabalgó el chileno hacia el sitio donde San Martín comenzaba a disfrutar de los laureles de la victoria.

Allí, los dos americanos se fundieron en el gesto que grafica como ningún otro testimonio, la suerte común que corren desde siempre la Argentina y Chile. La narración dice que cuando todavía no se había apagado el fragor de las armas, O’Higgins le dijo a su colega: “¡Gloria al salvador de Chile!” Por su parte, el correntino replicó: “Chile jamás olvidará su sacrificio presentándose al campo de batalla con su gloriosa herida abierta”.

Poco antes del mediodía del 5 de abril de 1818, había comenzado la hora de las armas en el Valle del Maipo (o Maipú). Fue el ejército de los revolucionarios el que rompió el fuego, con la artillería al mando de Manuel Blanco Encalada. Pero San Martín advirtió que los maturrangos estaban en plan defensivo y entonces, decidió iniciar el ataque. Comenzó a destacarse el contingente que conducía Juan Gregorio de Las Heras, que después de tomar un cerro quedó en posición amenazante sobre la izquierda del enemigo.

Sin embargo, en el resto de la línea, el ejército que componían las Provincias Unidas y Chile, no podía vulnerar el dispositivo realista. En consecuencia, el gran estratega se jugó a fondo, envió los batallones que estaban de reserva y dispuso un ataque simultáneo por todos los flancos y el centro adversario. Los historiadores militares suponen que esa determinación fue la que produjo la victoria.

Las primeras unidades realistas empezaron la retirada pero otras, no se resignaron y pusieron en marcha maniobras no muy felices, a raíz de la estrechez del terreno. La mayor parte de las filas patriotas pudo hacer pie en el llano, donde solo resistían cuatro batallones partidarios del rey. Quedaron rodeados pero no aceptaron las intimaciones de rendición. Por otro lado, ya no podían huir. Entonces, los realistas formaron el cuadro, maniobra desesperada de aquellos tiempos.

Al término de la batalla, diría San Martín: “Con dificultad se ha visto un ataque más bravo, más rápido y más sostenido, y jamás se vio una resistencia más vigorosa, más firme y más tenaz”.

La mortandad fue tremenda: los patriotas dejaron en el campo un 35 por ciento de sus fuerzas, entre muertos y heridos. Por su parte, murieron 1.500 realistas y otros dos mil cayeron prisioneros. La última carga de la batalla tuvo a su mando al coronel Manuel Rodríguez, figura mítica y legendaria de la historia trasandina. Quizás, el más popular entre los revolucionarios.

Desde una perspectiva militar, se dice que Maipú fue la primera gran batalla que se llevó a cabo en tierra americana. Los estudiosos de estrategia se apasionan porque se dejan admirar por las marchas que la precedieron y por sus hábiles maniobras tácticas sobre el campo de la acción. También destacan la acertada combinación y el empleo oportuno de las armas y sobre todo, ponen de relieve la puesta en práctica del ataque oblicuo. Además, ponderan el uso conveniente de las reservas sobre el flanco más débil del enemigo.

Por su importancia, solo puede equipararse la batalla de Maipú a la de Boyacá, que fue su consecuencia inmediata. También, la de Ayacucho que fue su prolegómeno ulterior y final. Pero sin Maipú, no habrían tenido lugar Boyacá ni Ayacucho. Además, si San Martín, su estado mayor y sus subordinados no hubieran triunfado, muy probablemente Chile se hubiese perdido para la causa de la emancipación. Y con los realistas fuertes del otro lado de la cordillera, es muy posible que las Provincias Unidas de Sudamérica quedaran encerradas en el predominio realista.

Después de Maipú siguió el dominio naval sobre el Pacífico, que permitió la expedición al Perú. Por último, recordemos que las huestes patriotas que doblegaron al adversario en Maipú, eran inferiores en número y que además, 15 días antes habían sido derrotadas en Cancha Rayada. Una combinación de talento, grandeza de espíritu y convicciones que mucha falta hacen en el presente.

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