Editorial
03/04/2019

La OTAN ya no hace y deshace a su antojo

Por primera vez desde que cayó el Muro de Berlín, la OTAN festejará su aniversario con miradas circunspectas. Desde 1989 hasta ayer nomás, el bloque militar occidental que tiene como líder a Estados Unidos hizo y deshizo a su antojo, al aprovechar el espacio vacante que había dejado la disolución del Pacto de Varsovia. Pero el resurgimiento ruso y la alianza estratégica entre Moscú y Pekín, ya cuestionan seriamente su hegemonía militar y sobre todo, política.

La OTAN se fundó 70 años atrás y conmemora su fundación en Washington, donde a instancias del gobierno anfitrión, discute qué hacer ante la presencia militar rusa en Venezuela, donde todos los intentos de desestabilización e interrupción del orden institucional que se propulsan desde Estados Unidos, fracasaron. Precisamente, el respaldo de Rusia al gobierno de Nicolás Maduro implica un abierto desafío a la supremacía “occidental”, impensable unos cinco años atrás.

Según observaciones de la prensa, en Venezuela hay un centenar de “asesores” rusos y se abrió un centro de entrenamiento para pilotos. Bastante poca cosa si se compara con la cantidad de bases que mantiene Estados Unidos en toda Sudamérica. El martes, recordábamos la existencia de instalaciones británicas en Monte Agradable (Malvinas), con la presencia de cazas, misiles y el periódico paso de submarinos de armamento nuclear por el mar que reivindica la Argentina. En los hechos, despliegues de un miembro de la OTAN.

En diciembre último, Rusia había desplazado a Venezuela dos bombarderos Tu-160, que tiene capacidad de transportar armas nucleares. También arribaron un avión militar de transporte y otro de pasajeros. Y en maniobras que llevó a cabo en febrero pasado, la Aviación Bolivariana dio muestras de contar con misiles anti-buques de origen ruso. Nada que no hagan las fuerzas armadas de cualquier aliado estadounidense, pero el ocupante de la Casa Blanca enrojeció de ira.

En los últimos 15 años, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) incrementó sus miembros de 16 a 29. Esa expansión se dio después de la finalización de la Guerra Fría, justamente cuando la alianza dejó de enfrentar la amenaza militar que suponían la URSS y sus países satélites. Durante casi tres décadas, el conglomerado de países que encabeza Estados Unidos no tuvo oponentes pero las cosas comenzaron a cambiar con la consolidación china como potencia emergente y con el retorno ruso a los primeros planos, aunque ahora lejos de la terminología socialista.

Sin embargo, aún hoy la OTAN constituye el único bloque militar del planeta. Y si bien nunca estuvo en condiciones de salir del pantano que significa Afganistán -donde desarrolló su primera guerra terrestre- sus planes de expansión se profundizaron. Al desintegrarse la alianza militar de los antiguos países socialistas, nunca se le pasó por la cabeza devolver la gentileza y disolverse. Más bien, aprovechó la oportunidad para recuperar viejas prácticas, similares al antiguo colonialismo.

El primer ensayo tuvo lugar en la ex Yugoslavia. Sobre sus cielos, la alianza atlántica ordenó el despliegue de 400 aviones, algunos de los cuales bombardearon Bosnia en 1995. Después, desplegó 60 mil efectivos. Además de los Balcanes, la presencia militar estadounidense-europea se hizo ostensible en el noreste de África, el mar Mediterráneo, África Central, el sur de Asia y también el centro. A través de un par de sus miembros, puso el pie al sur del Cáucaso y además, concluyó acuerdos con Australia, Japón, Nueva Zelanda y Corea del Sur. También supo reclutar soldados en Mongolia y Singapur para que fueran a pelear en su nombre en Afganistán.

Estamos frente a un desequilibrio monumental, ya que la maquinaria bélica de la OTAN cuenta con dos millones de efectivos militares y en su conjunto, los países que la integran asumen el 70 por ciento de los gastos en armas que se erogan en todo el planeta. A comienzos de siglo, cambió tres veces de adjetivación o identificación. Al comienzo, prefirió considerarse a sí misma como la OTAN del siglo XXI. Después, se auto-denominó la OTAN global y en la actualidad, se piensa como la OTAN expedicionaria. La última versión se acuñó 10 años atrás, cuando celebró su 60 aniversario, en forma simultánea en Francia y Alemania.

Como ya dijimos varias veces, no se trata de cambiar de collar…. A un país como la Argentina, poco debería interesarle que la supremacía mundial se ejerza desde Washington y Bruselas o desde Moscú y Pekín. Pero en términos geopolíticos, es mejor la bipolaridad que la unipolaridad. La consolidación de la nueva coyuntura sorprende a Buenos Aires con un gobierno que no tiene al ejercicio de la soberanía como valor central, pero la consolidación del contrapeso ruso-chino abre oportunidades de recuperación a mediano plazo, si se viera el panorama desde el prisma de los intereses propios.

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