Editorial
01/04/2019

Volver a reclamar soberanía en Malvinas

Los reclamos argentinos por la soberanía en Malvinas no vivieron sus momentos más rutilantes durante los últimos tres años. El gobierno de Cambiemos alcanzó varios acuerdos con Gran Bretaña que, por decirlo suavemente, pusieron en segundo o tercer plano la demanda nacional más acariciada… Ni siquiera se mantuvo protagonismo en la cita anual de la ONU que años atrás era un clásico.

De tanto persistir durante décadas, el reclamo argentino cuenta con el apoyo de la mayoría de la comunidad internacional, en particular el Grupo de los 77 y China. Además, la ONU reconoció hace mucho tiempo la persistencia de una situación colonial en las islas Malvinas y en su entendimiento, se trata de un territorio que no es autónomo, es decir, no cuadra la pretensión británica de la autodeterminación de los isleños, descendientes de los usurpadores.

El 3 de enero de 1833, marinería británica ocupó las islas y desalojó por la fuerza y la intimidación a la población argentina que allí residía, de manera legal según los estándares internacionales de aquella época. Al mando del capitán John Onslow, sus hombres arriaron la azul y blanca para izar la “Union Jack”, que desde entonces flamea insultante, salvo entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982.

Desde el retorno de la democracia, la Argentina desplegó iniciativas diplomáticas y legales en diversos frentes, con mayor o menor énfasis. Pero la energía del reclamo perdió bastante de su vitalidad desde diciembre de 2015. Si bien durante el período anterior se cometieron incoherencias incomprensibles, como otorgar a un banco inglés la tarea de reestructurar la deuda externa, se tomaron acciones concretas que tendieron a obstaculizar el usufructo inglés de Malvinas.

Es que el diferendo no se limita a la superficie de dos islas y su archipiélago, más bien se extiende por tres millones de kilómetros cuadrados, con los recursos naturales de diversa índole que se encuentran tanto en la superficie terrestre como en las profundidades marítimas y en particular, en el lecho submarino.

En septiembre de 2016, los gobiernos argentino y británico firmaron una declaración con el ánimo de promover el intercambio comercial entre los otrora beligerantes y sumar más vuelos que conectaran a las islas con el continente. El estilo recuerda la fórmula del paraguas que quiso poner en práctica el expresidente riojano de triste memoria, “estrategias” de seducción que buscaban abrir negociaciones por la soberanía que en rigor, nunca se abrieron.

El acuerdo que firmó el actual presidente omitió protestar por la existencia de una base militar británica en las islas, aunque al hacerlo, hubiera actuado de acuerdo a la resolución de la ONU que prohíbe a las partes llevar a cabo acciones inconsultas. En la faz diplomática, su gestión más bien olvidó poner de relieve el reclamo por la soberanía. Trató de remediar la sucesión de omisiones en septiembre del año pasado, durante la Asamblea General de la ONU pero el furcio que cometió puso en segundo plano cualquier otra consideración.

Para enturbiar más el panorama, en el marco de la Cumbre del G20, Macri se reunió con la primera ministra británica, Theresa May. Públicamente, ambos mandatarios expresaron que se comprometían a fortalecer el vínculo comercial entre Gran Bretaña y el MERCOSUR pero una vez más, sobre la soberanía argentina en Malvinas, “no comments”. Al contrario, la todavía ocupante del Downing Street 10, dijo: “tengo claro que nuestra posición sobre la soberanía de las Malvinas no ha cambiado. Pero lo que ha cambiado en los últimos meses es que hemos visto mejores relaciones con Argentina”. A confesión de parte…

En su defensa, Macri expresó que “la reunión fue bajo el entendimiento de que los reclamos históricos permanecen y que nadie renuncia a ellos, y seguiremos batallando y discutiendo y poniendo el tema sobre la mesa”.

Evidentemente, May no entendió exactamente lo mismo. La relación “positiva” que quiere mantener el presidente, se desarrolla con la presencia en Monte Agradable de 1.200 efectivos militares permanentes y otro contingente similar rotativo. Es la mayor instalación militar del Atlántico Sur.

Además de soldados, existe allí infraestructura para el lanzamiento de misiles y aviones caza que operan desde dos pistas. Las instalaciones se encuentran a unos 50 kilómetros de Puerto Argentino y de una estación portuaria de aguas profundas. Al formar parte Gran Bretaña de la OTAN, puede interpretarse que la base de Monte Agradable está a su servicio.

La periódica presencia de barcos de guerra y hasta de submarinos nucleares no solo amenaza la soberanía argentina, sino a la región en su conjunto. Imposible no asociar esa estación bélica con las actividades del Comando Sur estadounidense en Colombia, Chile y el Caribe. Retomar el reclamo por la soberanía es harto necesario.

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