Editorial
28/03/2019

“Volver al mundo” equivale a destruir el peso

El gobierno nacional siempre espera. Cuando asumió, había que aguardar al segundo semestre de 2016 después del impacto que habían significado las “correcciones” del comienzo. Luego, había que estar atentos a la “lluvia de inversiones” que finalmente, jamás se produjo. Los “brotes verdes” nunca alcanzaron a madurar y hubo que esperar a otro segundo semestre, el de 2017. Ahora la Casa Rosada es bastante más modesta y se contenta con que llegue abril.

La conducción económica aguarda que la oferta de dólares mejore a partir del mes que está por entrar. También espera que finalicen las alzas en los precios, consecuencia de la acumulación de incrementos tarifarios, como si las prebendas a las energéticas nada tuvieran que ver con el accionar gubernamental. Esperan, en el gobierno siempre esperan que las cosas las resuelva el “mercado”. Pero el “mercado” solo piensa en sí mismo. Es su naturaleza…

El primer trimestre de 2019 va camino a convertirse en el segundo peor de toda la gestión de Mauricio Macri. Todavía marcha a la cabeza el que arrancó en septiembre último… No hay nadie en su sano juicio que no perciba a la situación como negativa. Las políticas que llevaron a la Argentina de “vuelta al mundo” hicieron que el país sea siempre el emergente más castigado cuando afuera se producen remezones.

Como prueba, basta el botón del último martes. El gobierno turco decidió imponer controles a los movimientos de capitales y en Brasil, el Congreso puso límite al intento de reforma previsional que impulsa el Poder Ejecutivo.

Las dos situaciones derivaron en una nueva crisis para las monedas de los países emergentes y el peso sufrió más que ninguna, aunque no hubiera novedades locales de trascendencia.

“Volver al mundo”, en buen romance significa prodigar sumisión a los movimientos de los grandes capitales especulativos. Gracias a decisiones del Palacio de Hacienda que saludó el FMI, éstos entran y salen de la Argentina cuando y como quieren. La prensa especializada llama “inversores internacionales” a la caterva de especuladores que otean el horizonte cual carroñeros a su próximo bocado.

Éstos tienen una mala perspectiva sobre el corto plazo argentino y decidieron salir de aquí a cualquier precio: la devaluación del 2,86 por ciento en solo un día del martes… Inaudito para un gobierno que se propuso evitar volatilidades cuando asumió y que inclusive, se reía de situaciones similares afrontadas por la gestión anterior. A pesar de tamaña debacle, la gestión económica todavía encuentra excusas para el optimismo.

Según trascendió, en Casa de Gobierno pidieron los listados de los compradores de dólares de los últimas cinco jornadas. Los funcionarios de Cambiemos pudieron observar que los “inversores” que se van del mercado financiero y cambiario local son fondos de inversión de alto perfil especulativo, que habían entrado en enero y febrero, cuando el dólar estaba planchado. Su salida serviría para transparentar la plaza local, siempre según la óptica del gobierno.

El equipo económico aguardaba el reflujo de esos fondos antes de las elecciones, pero no tan rápido. Ante los sucesos en Turquía y Brasil y después de cargar pesos en pala gracias a las increíbles tasas de interés, tales jugadores volvieron a dolarizar sus posiciones y se mandaron a mudar, como dirían nuestras abuelas. La consecuencia puertas adentro: nueva depreciación del peso y más inflación.

Cuando el Estado se abstiene de regular y acepta las reglas de juego que imponen los grandes especuladores, son cosas así las que pasan. En la Casa Rosada esperan -siempre esperan-, que dichos operadores terminen de irse para arribar a la tan ansiada estabilidad cambiaria. Confían en esa posibilidad porque prácticamente, no hubo demanda de dólares por parte de particulares en las últimas corridas.

Tampoco las grandes empresas estarían demandando divisas porque al abrirse las paritarias -algunas nunca cerraron-, en breve deberían afrontar recomposiciones salariales en pesos, en consecuencia no tendrían sentido adquirir dólares caros en un panorama de economía recesiva y por ende, de restricción en la circulación de pesos. Especulaciones que deberán corroborarse a partir del mes que llega.

¿Qué tiene que pasar en abril? Desde la semana próxima, tendrían que ingresar los primeros dólares de la excepcional cosecha. Además, se sumarían los provenientes de otro tramo de los desembolsos del FMI y por último, debería comenzar a incidir el superávit comercial, al superar el monto de las exportaciones al de las importaciones. El tercer factor se relaciona con el primero y subraya la primarización de la economía. El segundo es más deuda externa.

Con la combinación de esas vías, el gobierno aguarda que en mayo, exista más oferta de dólares y así, tender hacia una estabilidad del tipo de cambio. Lamentable desempeño para un proyecto gubernamental que había prometido previsibilidad, tranquilidad cambiaria y reducción de la inflación.

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