Editorial
25/03/2019

Cada vez más lejos de la “pobreza cero”

Las estadísticas de la Argentina miden la pobreza de la población a través de los ingresos corrientes de los hogares. Mediciones de esa índole suponen que éstos permiten adquirir los bienes y servicios que cada hogar necesita para garantizar su calidad de vida y bienestar. Sin embargo, más allá del INDEC existe consenso sobre la necesidad de revisar, tanto las definiciones sobre el concepto de pobreza como la necesidad de desarrollar nuevas metodologías para medirla.

De acuerdo a ese consenso, el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA) asume que el concepto de pobreza es bastante más amplio que la sola falta de ingresos y que en consecuencia, ni aquélla ni las condiciones de vida que experimentan las personas y los hogares se pueden medir a través de solo un indicador.

Planteos a los que asistimos diariamente denuncian que las exclusiones sociales incluyen asuntos como la educación, la salud, la vivienda, el empleo, la discriminación, la seguridad personal y muchas otras variables, que difícilmente se pueden relacionar exclusivamente con el nivel de ingresos. El tema es de candente actualidad en materia de políticas públicas, toda vez que se habló en la Argentina de “pobreza cero”.

¿Cuál es la pobreza que al menos en teoría, se quiere erradicar? El Observatorio de la Deuda Social Argentina estableció en su más reciente informe que la “pobreza multidimensional urbana” pasó del 26,6 por ciento al 31,3 por ciento de la población, solo entre 2017 y 2018. El crecimiento se dio aun cuando se redujo la cantidad de hogares que no acceden a cloacas, sufren contaminación o constituyen viviendas precarias.

El documento lleva como título “Enfoque de pobreza multidimensional basado en derechos” y en síntesis, mide carencias no monetarias, es decir, alimentación y salud, servicios básicos, vivienda digna, medioambiente, educación, empleo y seguridad social. El enfoque relaciona esas variables con los ingresos. Así las cosas, pobres multidimensionales son aquellos que se encuentran bajo la línea de pobreza porque no cubren la Canasta Básica Total (CBT) pero además, no están en condiciones de acceder al menos, a uno los derechos que explicitó la UCA.

Según los guarismos del estudio la población urbana es de 40,5 millones en la Argentina. En 2017, se contabilizaron algo menos de 11 millones de “pobres multidimensionales urbanos” (10.773.000), es decir, el 26,6 por ciento de la población. La cifra creció en 2018 en casi dos millones: 12.676.500, quiere decir que la proporción se elevó al 31,3 por ciento. En buen romance, las políticas actuales produjeron 1.903.500 nuevos pobres.

El director de investigación de la entidad, explicó la composición del cóctel. “La pobreza multidimensional experimentó un fuerte crecimiento” a raíz del “crecimiento de la pobreza por ingresos”, consecuencia de la “caída del salario”, la “pérdida de empleo” y “mayor precarización laboral”, en un “contexto inflacionario y de estancamiento”. Como podría preverse, el aumento de la pobreza multidimensional fue mayor entre los obreros mientras que no impactó en ámbitos profesionales.

Agustín Salvia destacó que “esa polarización marca una profundización de la desigualdad social”. Entre 2017 y 2018 también aumentó la pobreza multidimensional estructural urbana, es decir, la que padecen personas cuyos ingresos no alcanzan a cubrir la CBT pero además, sufren tres o más carencias sociales. En este caso, el indicador pasó de 16,7 a 18,6 por ciento. Sin embargo, los matices son múltiples: si no se considerara la faceta estrictamente monetaria, las variaciones no serían significativa e inclusive, habría datos alentadores.

Es que el número de viviendas sin servicios básicos bajó de 32,8 en 2017 a 30,2 en 2018. Desde 2015, el descenso es del 5 por ciento. La mejora se explica por una mayor extensión de la red de cloacas: mientras hace dos años el 31,8 por ciento de los hogares no tenía desagüe, el año pasado la proporción se redujo a 29,1 por ciento.

Siempre según el informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina, en 2018 también disminuyó el porcentaje de viviendas que sufren problemas medioambientales: del 21,1 al 19 por ciento, para redondear un descenso de cuatro puntos porcentuales en los últimos tres años. Sin embargo, en el mismo lapso aumentó levemente el porcentaje de hogares que atraviesan dificultades alimentarias o de atención sanitaria: del 21,6 al 22,8 por ciento.

El saldo tampoco fue favorable para los hogares donde se sufre desempleo o empleo en negro: 29,2 al 32,2 por ciento. Muy preocupante resulta que dos de los componentes del ítem “Carencias en alimentación y salud” registraran la mayor incidencia desde 2010: el 17,5 por ciento de los hogares no accedió a atención médica en 2018 y el 17,3 por ciento no pudo obtener los medicamentos que necesitaba. Muy lejos de la utopía de la “pobreza cero”.

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