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18/03/2019

En la garita de micros del km 6, te leen cuentos y recitan poemas

En la garita de micros del km 6, te leen cuentos y recitan poemas
En la garita de micros del km 6, te leen cuentos y recitan poemas

Uno espera el micro en la garita del kilómetro 6 de avenida Bustillo, de pronto, ve sobre la pared del fondo, un aparato de aspecto añejo, solo tiene un botón y al apretarlo, una voz te comienza a leer un cuento corto o te recita un poema de esos que hace mucho tiempo no leías.

Se trata de una intervención callejera ideada en conjunto por Manuel Rapoport y Ariel Uzal, por medio del estudio Designio Patagonia. Ellos se conocieron hace tiempo “nos gustó la idea de hacer un objeto que acompañe con literatura, a la gente que espera el micro”, dijo Manuel.

La carcasa en realidad es un cárter “Ariel hizo toda la parte de electrónica, él es un artista multimediático”, cuenta en su interior con una memoria que es como un MP3 que te va pasando las pistas a medida que presionás el botón, también cuenta con una plaqueta, y un parlante” detalló. Tiene aproximadamente 25 cuentos cortos y tantos otros poemas, de Nicolás Guillén, Cortázar y otros grandes escritores. 

Muy cerquita de allí, se encuentra el estudio Designio y el taller La Nave, emplazados en un frondoso bosque y luego de subir una breve picada, se llega a las oficinas, envidiadas por todos los que las visitan.

Rapoport tiene el estudio de diseño con Martín Sabattini hace 17 años, donde crean objetos que rescatan las historias, materiales y mano de obra artesanal de la Patagonia. La madera, el cuero y la piedra son los materiales primarios, respetando siempre los recursos naturales y humanos.

Ambos son diseñadores industriales. Manuel nació en Bariloche y se recibió en la Universidad Nacional de Córdoba, donde también cursó la maestría de gestión ambiental. Antes de emprender el proyecto de Designo vivió en Barcelona, ciudad en la cual trabajó para dos estudios de diseño y arquitectura. Es escalador “deportivo” por naturaleza.

Martín, cordobés de nacimiento pero patagónico por opción, se recibió en la misma casa de estudios con una investigación sobre el aprovechamiento y revalorización de la madera de algarrobo como recurso de desarrollo de zonas marginales en Traslasierra, Córdoba. Esa experiencia marcó la vinculación sostenida con proyectos de apoyo en diseño industrial a artesanos, carpinteros y centros experimentales de Córdoba y la Patagonia.

Dentro del taller La Nave, uno se puede encontrar con mobiliario como un bellísimo banquito matero, banquetas, poltronas, mecedoras, sillones, objetos de uso o luminarias y una larga lista de productos.

El estudio

Cuando se le da rienda suelta al arte, se pueden lograr cosas maravillosas, ya sea con fines económicos o por la simple necesidad de expresarse. “Cuando Ariel propuso hacer el aparato para poner en la parada de micros, la idea me pareció buenísima” dijo Manuel.

El diseño surgió simplemente al encontrar ese cárter tirado en la basura, “no sabemos aún si era de un tractor o un camión, lo reconvertimos, resignificamos y reutilizamos, es una carcasa y nos ahorramos invertir mucho dinero en algo de cero, ya que es solo por amor al arte que lo hacemos”.

“No gastar en elementos que podemos encontrar tirados, ver cómo adecuarlo y la estética del óxido, es ideal” comentó Martín. “Representa algo del pasado, como algo que viene de otros tiempos a contarte un cuento” describió Manuel. Al estar solo frente a ese aparato venido del pasado, nada indica que haya que pulsar, uno lo hace por instinto, “es para descubrir y sin ánimo de generar mayor cosa, pensábamos sumarle más textos, invitar a la escuela de teatro de la Universidad de Río Negro, pero estamos viendo cómo articular el trabajo, por ahora es solo esto”. De eso se trata el arte en espacio público, si alguien quiere tomar la posta para continuarlo en otras paradas de micro, bienvenido será. Ariel no estuvo en la charla con El Cordillerano, porque se encontraba en Nueva York realizando un curso de arte electrónico en la School for Poetic Computation.

Manuel y Martín no es la primera vez que realizan intervenciones callejeras, una de ellas los llevó a Ámsterdam hace diez años. “Eso fue el comienzo de toda una carrera de intervenciones, en esa oportunidad nos invitaron de Holanda, lo fabricamos acá en Bariloche, nos pagaron los pasajes, fuimos, lo instalamos y funcionó durante un mes y medio en una exposición que se llamaba Experimental Design Amsterdam” comentó Manuel.

“Una especie de calesita musical que además era un juego, vos corrías con las mancuernas alrededor y ahí se activaba el sonido de tambores y cuerdas, todo con objetos reciclados”. Compartieron la muestra con otras once intervenciones, pero ninguna tan “argentina ni tan original”.

“De hecho se nos reían porque cuando llegó era una caja que mandamos en un container, cuando abrieron empezó a salir basura, baldes, cornetas y tachos, que después de armarla, se convirtió en algo totalmente diferente” comentó Martín.

“El diseño también es interesante que actúe sobre objetos únicos, no siempre está vinculado a producción en masa”, remarcaron ambos.

Al referirse al mercado barilochense con respecto al arte Manuel dijo: “no nos consideramos artistas, sino diseñadores, estas intervenciones no tienen un respaldo económico, para esto de la parada de micro pusimos dinero entre todos para hacerla realidad, pero no vivimos de estas cosas locas, sino de nuestro trabajo en el estudio”.

Es por ello que cuando deciden crear algo para la vía pública, no lo hacen buscando un gran rédito económico, sino con el único fin de embellecer o sumar algo como aporte a la sociedad.

Susana Alegría

En la garita de micros del km 6, te leen cuentos y recitan poemas
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