Editorial
13/03/2019

Guerra a los plásticos de “solo un uso”

El plástico es un material que está presente en prácticamente todas las actividades económicas que la humanidad lleva a cabo. No hay sector que no esté condicionado en mayor o menor medida por su uso, trátese de la pesca, la agricultura, el transporte, la alimentación, la industria en general o la construcción, por dar algunos ejemplos. Si bien hizo irrupción 150 años atrás, fue desde mediados del siglo XX que se generalizó, al punto de provocar un gravísimo problema ambiental.

Según datos del reciente informe Libera, la producción mundial pasó de 2,3 millones de toneladas en 1950 a los 407 millones de toneladas del presente. Esas cifras ponen de relieve la magnitud del deterioro, porque el 57 por ciento de todo el plástico que se fabrica termina por acumularse en vertederos y entornos naturales, sin pasar por dispositivo de reciclado alguno. En España se acuñó la palabra “basuraleza” para designar al conjunto de materiales sólidos que contaminan océanos y otros ecosistemas.

En la actualidad, se calcula en 800 a las especies que se encuentran bajo amenaza como consecuencia de la proliferación del plástico. El 17 por ciento forma parte de la temible Lista Roja de especies amenazadas, que confecciona y actualiza la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). El impacto de los plásticos es devastador, en particular, aquellos de “solo un uso”.

Se trata de los objetos descartables que forman parte del consumo masivo, como tapones, sorbetes, tampones, botellas de agua, cotonetes y demás. El informe al que hacíamos referencia, que cuenta con la elaboración de SEO/BirdLife y Ecoembes, detalla que la mayoría de los plásticos que se producen en Europa son envases (70 por ciento). Uno de los portavoces de la entidad precisó que “los problemas del plástico son su virtud: los costos baratos y la resistencia del material. No hay que demonizar el plástico, porque es un elemento que nos ha permitido tener avances en muchos sectores, como la medicina. El plástico es un aliado del ser humano, si se utiliza bien.

El inconveniente está en los plásticos de un solo uso, que son los mayoritarios. Es con ellos con los que se debe acabar”.

En los últimos años, las investigaciones científicas consiguieron establecer cuál es el impacto del plástico en los entornos naturales y cómo afecta a la vida silvestre. En ese sentido, el mar es uno de los escenarios biofísicos más afectados, a tal punto que existe una isla de plástico en el Océano Pacífico. El ritmo de contaminación es tan elevado que de seguir así, en 2050 el 99 por ciento de las aves marinas tendrá plásticos en sus aparatos digestivos.

Pero no solo los pájaros acuáticos sufren las consecuencias. Los delfines del Mar de Alborán (occidente del Mediterráneo) ya presentan sustancias plásticas. A los desechos que no se tratan, hay que sumar las consecuencias negativas de determinadas prácticas pesqueras. Greenpeace puso de relieve la utilización de redes de plástico, que en ocasiones no se recuperan y terminan en los mares y provocan literalmente, enredos en la fauna.

El problema no atañe solo a los peces y demás criaturas marinas porque repercute en la cadena trófica, ya que los humanos consumen alimentos de origen animal que presentan contaminación por micro-plásticos. Es el caso de las anchoas, que “ingieren plásticos porque con el tiempo (éstos) acaban cubriéndose de algas” y emanan el mismo olor que libera el kril, uno de sus alimentos habituales.

En España, el 40 por ciento de los residuos plásticos procede de actividades agrícolas que se llevan a cabo en invernaderos. Pese a la contundencia de la magnitud, no existen planes que permitan tratar adecuadamente los materiales, que en muchos casos terminan integrándose a la tierra. La conclusión es tan obvia como alarmante: se cultivan alimentos sobre plástico. Así, el producto ingresa a los cuerpos humanos.

Durante las primeras décadas del plástico, existía un absoluto desconocimiento sobre sus efectos contaminantes. Pasaron seis décadas hasta que supimos que era necesario paliar su acumulación como basura. Inclusive en la actualidad, grandes corporaciones trasnacionales continúan con la producción de plásticos de solo un uso. En este punto, las conductas de la gente en tanto consumidora serán centrales.

Con alguna dosis de optimismo ingenuo, el vocero de SEO/BirdLife apuntó que: “los criterios con los que compramos las cosas pueden cambiar el mercado. Si un usuario demanda productos poco envasados o sin plásticos de un solo uso, el mercado terminará cambiando. El problema no se soluciona buscando materiales alternativos, lo que tenemos que hacer es dejar de producir estas cantidades de plásticos". Sin embargo, el problema es sistémico porque los criterios capitalistas de producción hacen que cada vez se produzca más cantidad de plástico innecesario. Hacen falta regulaciones.

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