Editorial
12/03/2019

¿A qué mundo quiere volver la Argentina?

A mediados de febrero, la Unión Europea celebró la 55° Conferencia de Seguridad en Múnich (Alemania). En su documento final, reconoció de manera explícita lo que cualquier observadora u observador más o menos atento sabe: “el afianzamiento de grandes potencias autoritarias ha provocado que el mundo esté entrando en una nueva era de competencia de poder”. ¿Chocolate por la noticia?

Sobre todo, los mandamases europeos se refieren a China y Rusia, cuyos modelos políticos contrastan según ellos, con las libertades occidentales. Dos años atrás, el cónclave precedente avisaba del “surgimiento” de esas potencias pero el proceso parece vertiginoso y el multilateralismo es un hecho. El mismo texto admite que “el orden internacional liberal ha sido dañado hasta tal punto que es difícil que se pueda volver al status quo anterior”.

Para segura preocupación de la UE y también del otro lado del Atlántico, parece evidente que China y Rusia trabajan en términos de una alianza estratégica que pone en jaque a la hegemonía occidental de los últimos siglos.

Probablemente, el acercamiento tenga más que ver con el espanto que con el amor, pero tanto en Beijing como en Moscú, saben que el factor de unidad es la amenaza estadounidense.

En 2017 dejó de existir Zbigniew Brzezinski, quien quedó en la historia como uno de los principales pensadores estadounidenses en materia de geopolítica. En salvaguarda de los intereses estadounidenses, claro… En los últimos años de Barack Obama en la Casa Blanca, ya estaba viejo y nadie tomaba demasiado en serio sus advertencias, pero se cansó de repetir que sería Eurasia “el escenario más peligroso para Estados Unidos”.

Brzezinski llamó a evitar la conformación de “una gran coalición de China y Rusia, coalición que no sería ideológica sino por reclamos complementarios”. Además, estimó que sería la primera la que llevaría la iniciativa en esa alianza poco querible para Washington y Bruselas. Sin embargo, el establishment estimó que esa convergencia no sería posible, a partir de las diferencias culturales, de valores e inclusive de intereses, entre ambas potencias por entonces, todavía emergentes.

Al no tomar nota de esa caracterización y con énfasis en los dos últimos años, Estados Unidos siguió con las prácticas que mejor conoce: imponer y agredir. Ante esa insistencia, las críticas o cuestionamientos europeos fueron mínimos. Como consecuencia, países que se consideraban rivales geopolíticos hasta 2008 aproximadamente, establecieron una década más tarde una alianza sin precedentes.

El acercamiento ruso – chino es fácil de entender, a partir de la expansión de la OTAN hacia sus fronteras; la guerra en los Balcanes; el enfrentamiento entre Georgia, Osetia y Abjasia y el golpe de Estado en Ucrania. Rusia no solo sobrevive a las sanciones que impusieron Estados Unidos con el seguidismo de la Unión Europea, supera sus efectos gracias a la cooperación china. En la actualidad, el socio comercial más importante para Rusia está en el Oriente.

Desde 2014, China supera a Estados Unidos y Alemania, que quedaron relegados al segundo y tercer lugar en el ranking del comercio internacional con Moscú. En 2019, China se convertirá en el principal destino de las exportaciones rusas de gas, por encima de Alemania. Quiere decir que las sanciones que todavía pesan sobre Rusia no harán mella y por otro lado, que China no correrá peligros en cuanto a su seguridad energética, porque su demanda será satisfecha por su vecino.

La política de sanciones y aranceles que despliega Donald Trump desde su asunción, procura generar descontento social al interior de los dos países, por ahora sin resultado. Es que en su Estrategia de Seguridad Nacional, se define tanto a China como a Rusia como competidores estratégicos, adversarios y enemigos. Ante la ofensiva de Washington, rusos y chinos cerraron filas. ¡Y cómo!

Ambos países dieron vida a una “asociación estratégica integral”, a la que el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, definió como “integral, igualitaria y basada en la confianza y cooperación estratégica”. El embajador chino en Moscú, Li Hui, la definió con extraña poesía: “juntas como labios y dientes”. Un tipo que no tiene pelos en la lengua, como Vladimir Putin, afirmó: “la lucha principal, que ahora está en marcha, es la del liderazgo mundial y no vamos a enfrentar a China en esto”.

Hay que entender la perplejidad europea, porque solo el 14 por ciento de la población de los 27 países que conforman la UE tiene “confianza plena” en Estados Unidos. Como contrapartida, China y Rusia realizan maniobras y ejercicios militares conjuntos desde 2015. Generales de los dos países se reúnen periódicamente y aceleran la transferencia de tecnología rusa hacia las fuerzas armadas chinas. Así las cosas, cuando el gobierno argentino insiste en “volver al mundo”. ¿A cuál de ellos se refiere?

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