Editorial
04/03/2019

Condenados a comer siempre lo mismo

La capacidad de producir alimentos a escala global se debilita a raíz de la incapacidad que demuestra la humanidad frente a la necesidad de proteger la biodiversidad, según un estudio de la FAO que se dio a conocer a fines de la semana pasada. El análisis se enfocó en la situación de plantas, animales y microorganismos que tienen relación con la alimentación humana y acusó que los sistemas naturales que están en el origen de las dietas se deterioran, ante la presión que significan granjas industriales, el crecimiento de las ciudades y la proliferación de otras industrias.

Entre otras conclusiones, el trabajo destaca que en las últimas dos décadas, el 20 por ciento de la superficie que está cubierta de vegetación perdió productividad. La merma se relaciona con la disminución de biodiversidad en suelos, bosques, praderas, arrecifes de coral, manglares y fondos marinos. El deterioro también se expresa en menos diversidad genética en especies que se cultivan y en el ganado. En los océanos, se sabe que una tercera parte de las zonas de pesca está sobreexplotada.

El informe “El estado de la biodiversidad para la alimentación y la agricultura en el mundo” se nutrió del cotejo de datos, de artículos académicos e informes que aportaron los gobiernos de 91 países. Entre otras observaciones, señala que muchas de las especies que se relacionan directamente con la producción de alimentos están menos presentes que en el pasado reciente, entre ellas, pájaros que se alimentan de plagas de cultivos o árboles de manglares, que contribuyen a purificar el agua.

Según la conclusión aterradora de la FAO, el 63 por ciento de las plantas, el 11 por ciento de los pájaros, el 5 por ciento de los peces y el 5 por ciento de los hongos están en situación de declive. De algunas de sus aseveraciones ya estábamos al tanto, entre ellas, de la amenaza que pende sobre los polinizadores, que son esenciales para tres cuartas partes de los cultivos del planeta. Los investigadores encontraron que el 17 por ciento de los vertebrados polinizadores, entre ellos murciélagos y ciertos pájaros, están en peligro de extinción.

En la introducción al informe, puede leerse que “los cimientos de nuestros sistemas alimentarios se están debilitando”. La advertencia corrió por cuenta de Graziano da Silva, director general de la FAO. “Partes del informe mundial son de una lectura sombría. Es verdaderamente preocupante que en tantos sistemas de producción en tantos países, la biodiversidad para los alimentos y la agricultura y la labor que ejerce en el ecosistema, esté en declive”.

Según el directivo, mucha responsabilidad le cabe a la agroindustria, que promueve cambios en el uso de la tierra e incurre en prácticas insostenibles a través de la sobreexplotación de los suelos, la dependencia de pesticidas, herbicidas y otros agroquímicos. La mayoría de los gobiernos que aportaron al informe, apuntaron que la pérdida de la biodiversidad se explica sobre todo por la tala de bosques para la incorporación de tierras cultivables o por la pérdida paulatina de praderas ante el crecimiento de las ciudades.

Sin embargo, también se apuntó al maltrato de las fuentes de agua, la contaminación, la propagación de especies invasoras y el cambio climático. Como resultado, si bien es verdad que a escala global se produce más cantidad de alimentos que en el pasado, la tendencia es hacia la uniformidad, ya que aumenta la dependencia hacia los monocultivos que además, continúan en expansión.

En efecto, dos tercios de la producción de cultivos provienen de solo nueve especies: caña de azúcar, maíz, arroz, trigo, papas, soja, el fruto de la palma de aceite, remolacha azucarera y mandioca. Como contrapartida, la mayoría de las otras 6.000 especies de plantas que se cultivan están en proceso de declive y las fuentes de alimentos silvestres son cada vez más difíciles de encontrar.

Si bien el gran público suele pasar por alto estos procesos, es imperioso llamar la atención. “Los supermercados están llenos de comida, pero la mayoría es importada de otros países y no hay mucha variedad. La dependencia en unas pocas especies significa que somos más susceptibles a los brotes de enfermedades y al cambio climático. Hace que la producción de alimentos sea menos resistente”, alertó Julie Bélanger, coordinadora del informe.

Para que no sean todas pálidas, el informe destacó que también se producen cambios favorables. En los últimos años, aumentó la adopción de gestiones sostenible en bosques, el diseño de ecosistemas en la pesca, la difusión de la acuaponía y los policultivos. Pero los avances son a todas luces insuficientes. Por ejemplo, la agricultura ecológica ocupa 58 millones de hectáreas en todo el planeta, es decir, apenas el 1 por ciento de la tierra cultivable del planeta. Muy magra porción.

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