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HISTORIAS DE VIDA

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03/03/2019

Trabajar en el cementerio, una tarea que implica mucho respeto y vocación de servicio

Trabajar en el cementerio, una tarea que implica mucho respeto y vocación de servicio
Trabajar en el cementerio, una tarea que implica mucho respeto y vocación de servicio

Aunque la actividad está plagada de mitos, leyendas e historias paranormales, los empleados del Cementerio Municipal saben que en realidad se trata de un trabajo como cualquier otro, que requiere un profundo respeto y dedicación para estar al servicio de las personas que atraviesan el momento más duro de su vida. 

Sensibilidad y empatía son las cualidades que mejor definen a los trabajadores del cementerio, quienes a diario reciben a numerosos vecinos para despedir a un ser querido o ir a visitar una antigua tumba.

La tarea del empleado del cementerio demanda mucho más que hacer las sepulturas o mantener el predio en buenas condiciones. Muchas veces deben ser el sostén de las personas que sufren y hasta tienen que soportar los agravios de quienes, por ejemplo, se enteraron sorpresivamente que los restos de un familiar fueron desenterrados.

Si bien reconocen que al principio les causó cierta impresión trabajar en el lugar por la posibilidad de presenciar eventos sobrenaturales, con el paso del tiempo se acostumbraron a la actividad.

En una mañana soleada y apacible, mientras despejaba los caminos del cementerio con un rastrillo, Marcos Brites, un empleado de 62 años, habló con El Cordillerano sobre sus días en el Cementerio Municipal.

“Primero me costó, sobre todo por el momento en que traen a los difuntos, después uno se acostumbra” aseguró. “Hay mucho mito con el cementerio, pero no hay ningún problema, es un trabajo normal” agregó el hombre, que hace 15 años entró al cementerio tras un largo lapso trabajando en hotelería.

“A veces es un trabajo muy duro. Lo más difícil siempre fue hacer las fosas, porque había mucha piedra, lo hacíamos con pico y pala” recordó. Hace algunos años Marcos sufrió la pérdida de la vista en un ojo y ahora se concentra en el mantenimiento del predio.

El hombre mencionó que ahora se encuentra tramitando la jubilación temprana, tras la medida de la Secretaría de Trabajo que reconoce el trabajo insalubre para los empleados del cementerio (ver subtítulo). “Ahora estamos luchando porque yo con esa ley ya me habría jubilado hace rato. Esta semana estuve en Personal pero todavía no ha salido nada” señaló.

René Bonnefoi, un carismático e histórico trabajador del cementerio, coincide con su compañero. “Nunca me dio impresión, lo tomé como un trabajo que me da de comer, es el sueldo que vos llevás a tu casa” sostuvo. Ahora, también se dedica a construir y vender cruces y lápidas en su casa, como una tarea extralaboral.

René empezó hace 23 años a trabajar en el lugar y hoy todavía demuestra su vocación de servicio. “Empecé haciendo la limpieza, a hacer el levantamiento de fosas y a sepultar, es un trabajo duro porque hay que romper el hormigón y después cavar mucho” explicó.

El vecino del barrio 28 de Abril, se sorprende ante la consulta de quienes en reiteradas ocasiones le piden que relate alguna historia sobrenatural que haya vivido en su trabajo. “Yo nunca vi nada” resume. “Algunas veces vino una señora que dice que había visto un duende caminando. Otro hombre que se jubiló hace un tiempo y ahora hace changas, viene de vez en cuando y también dice que vio excremento de duendes. Pero nosotros nunca vimos nada. Ni siquiera tuve pesadillas o impresión alguna vez” señaló.

René recordó que en alguna época ha estado trabajando “de lunes a lunes” y destacó el compañerismo que existe en su trabajo. “Cuando hay un trabajo difícil lo hacemos entre todos”, explica. Según indica, lo más difícil es convivir con los jóvenes violentos que ingresan al predio. “Tuvimos encontronazos con los pibes y hace unos meses robaron” lamentó.

Una de las historias más conmovedoras es la de Liliana Pallaleu, que hace 13 años trabaja en el lugar y actualmente se dedica a hacer la minuciosa tarea del relevamiento de las fosas, una por una.

Liliana afirma que el cementerio “es su lugar en el mundo” tras haber perdido a dos de sus cuatro hijos. Cuando falleció el primero, en 2009, cayó en una depresión y la enviaron a trabajar a la delegación del cerro Catedral temiendo por su estado de salud. “Me fui muy enojada”, recordó. “Acá me siento acompañada”.

“El año pasado perdí a otro de mis hijos y acá me siento más cerca de ellos” manifestó la mujer mientras se dedica a sus tareas administrativas en una pequeña oficina ubicada en el ingreso al cementerio.

Liliana comenzó a trabajar en 2006 junto a otras mujeres nucleadas en el plan social Jefes y Jefas. “Primero me dio un poco de pánico, andábamos todas juntas” rememoró.

Actualmente se encuentra relevando las más de 8 mil fosas que existen en las cuatro áreas del cementerio. Su trabajo consiste, entre otras cosas, en informar a sus superiores cuáles presentan deudas de más de una década. En ese caso, se notifica a los familiares y, de no haber respuesta, los restos son retirados y llevados a un osario.

“Muchas veces la gente viene a verme desesperada cuando no encuentran las cruces, o las tumbas, pero a veces es que están en mal estado”, dijo.

“La gente viene enojada, te maltratan, pero uno ya está sensibilizado con el dolor del otro porque sabe cómo se sufre” relató.

El encargado del cementerio, Washington Bascur, reconoció la tarea de los 20 trabajadores del cementerio -16 de planta y 4 de planes sociales- y valoró la evolución que tuvo el cementerio durante los últimos 13 años, desde que fue trasladado al área.

“Cuando entré al cementerio las condiciones de trabajo en esa época no eran buenas, había un galpón con una estufa, te llenabas de hollín, no había ni una oficina. El lugar estuvo siempre olvidado pero después se empezaron a hacer reformas y mejoró mucho. En esa época estaba ‘Beto’ Icare, le empezamos a pedir cosas e instalaron el gas, hicieron el techo, construyeron baños y hasta tenemos duchas”, destacó.

Bascur recordó que cuando ingresó al cementerio, en 2006, “primero me sentí muy mal, me bajoneé, pero después empecé a integrarme y hacés cuentas… y de repente llevás 13 años trabajando acá”.
“Me daba cierta impresión estar acá” admitió. Sin embargo, “me di cuenta que es un lugar de mucha paz”.

Al igual que los otros empleados, consideró que “lo más difícil de este trabajo es lidiar con el enojo de la gente, se nos ataca a nosotros por lo que en realidad tienen que resolver los políticos. Por ahí vienen porque desenterraron a un familiar de una fosa, o porque aumentaron los impuestos, pero uno no puede dar esa respuesta”.

“Todos sabemos con el dolor que vienen acá, porque a uno le tocó de cerca. Yo tengo a mi mamá, a mi papá, a mi hermano y a mi suegra en este lugar y eso te lleva a ponerte en el lugar del otro, pero hay gente que lo entiende y otra que no”, detalló el encargado.

“Hay que tenerle más miedo a los vivos que a los muertos”

Durante los últimos años, el Cementerio Municipal fue foco de numerosos hechos de vandalismo, principalmente en horas de la madrugada. Muchos trabajadores sufrieron agresiones e insultos, hubo roturas en las estructuras y hasta las personas que fueron a visitar a sus seres queridos fueron asaltadas en el lugar.

“Hay que tenerle más miedo a los vivos que a los muertos” afirmó Bascur. “El único temor que tuve alguna vez fue que apareciera alguien un sábado por la noche para agredirnos” dijo. “Teníamos amenazas, pero uno no entra en el juego de ellos” mencionó.

Bascur recordó que “hace unos años pusieron policías adicionales de la comisaría 28 pero después no hubo más y volvieron los hechos de vandalismo. Ahora pusieron una cámara y mejoró mucho… porque si saltan el paredón ya lo ven en el Centro de Monitoreo y en seguida envían a los policías”.

Nuevas obras

El Cementerio Municipal, planificado hace casi 70 años, ya está quedando chico para Bariloche y demanda nuevas obras para habilitar espacios.

Actualmente se están construyendo 105 nichos en la parte trasera del cementerio con fondos del Plan Castello. Con el financiamiento también proyectan levantar el paredón de calle Onelli para evitar ingresos, principalmente en horas de la noche.

Por otra parte, se construirá una sala religiosa, se instalarán baños públicos, parquizarán el acceso y colocarán luminarias.

Un poco de historia

El Cementerio Municipal fue emplazado en ese lugar recién en 1951; pero antes hubo otros dos enterratorios.

A principios del siglo pasado, cuando Bariloche aún era una aldea de montaña, el primer Cementerio Municipal estaba donde actualmente se encuentra la escuela Ángel Gallardo, a metros de la costa del lago Nahuel Huapi.

Alrededor de 1940, los restos fueron trasladados al barrio Jardín Botánico, en el bosque cercano a la Universidad del Comahue. Los antiguos pobladores lo llamaron el “cementerio del cerro Otto” y aun hoy en día se siguen encontrando restos humanos y antiguas placas.

Hace dos años, una máquina retroexcavadora que movía el suelo para hacer las nuevas aulas universitarias, desenterró un féretro con huesos. Los restos fueron trasladados al actual Cementerio Municipal.

Jubilación anticipada

Los trabajadores que hace muchos años están el Cementerio Municipal esperan que se aplique la resolución de la Secretaría de Trabajo que reconoce la tarea como insalubre y baja la edad para jubilarse a 55 años.

Los trabajadores podrán ajustarse a un régimen diferenciado que prevé reducir la edad y los años de aportes necesarios para acceder a una jubilación. El trámite exige 55 años de edad y 30 de aportes por servicios prestados.

“Hace 9 años empezamos a pelear de vuelta la jubilación por trabajo insalubre y ahora estamos esperando” expuso Bascur, que tiene 59 años y aguarda el retiro pacientemente.

Magdalena Bonnettini

René Bonnefoi, uno de los empleados más antiguos.
El encargado del cementerio, Washington Bascur.
Liliana Pallaleu: “en el cementerio me siento acompañada”.
La construcción de los nuevos nichos.
En el cementerio hay más de 8 mil fosas.