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13/02/2019

Escribir sobre el “don nadie” y el “sin nada”

Sobre la obra de Raúl Scalabrini Ortiz se levantó una de las columnas más férreas del así llamado pensamiento nacional durante el siglo XX. Se trata de una de esas figuras y trayectorias que deberían tenerse presente en forma permanente, no solo en ocasiones circunstanciales. En la jornada de hoy se cumplirán 121 años de su natalicio, seguramente lejos de las consideraciones oficiales e inclusive, de los pretendidos seguidores de sus enseñanzas.

Scalabrini Ortiz trabajó en desenmascarar el sistema colonial que se implementó en la Argentina desde sus orígenes como unidad política independiente, trabajo ciclópeo en el que obviamente, no estuvo solo. Es imposible reparar en su figura sin traer a colación el legado que nos dejara Arturo Jauretche, al igual que el rol esclarecedor y nacional que en su conjunto, aportaron FORJA y sus integrantes.

No tenemos duda: si por algún artificio de la ciencia ficción pudiéramos pensar que Scalabrini Ortiz viviera, imaginamos que cuestionaría el modelo extractivo que apuntalan las experiencias gubernamentales, sean progresistas o neoliberales. Consagraría sus desvelos a cuestionar la cercanía de los gobiernos con las trasnacionales de la minería y el petróleo, objetaría severamente el funcionamiento de la pretendida petrolera estatal y escribiría sin cesar para poner de relieve el monocultivo de la soja.

El ensayista fue parte de un movimiento que entendió a la industrialización como una vía para luchar con el “régimen” colonial que atenazaba a la Argentina. Sus aportes al pensamiento nacional fueron y son considerables, a través de los conceptos que vertió en “El hombre que está solo y espera”; “Los ferrocarriles deben ser del pueblo argentino”; “Bases para la reconstrucción nacional”; “Política Británica en el Río de la Plata” e “Historia de los Ferrocarriles Argentinos”, entre otras.

Fue un intelectual, pero al servicio del pueblo. Durante su existencia, difundió conceptos que deberíamos tener en cuenta cuando escuchamos a tantos columnistas supuestamente especializados. “Estos asuntos de economía y finanzas son tan simples que están al alcance de cualquier niño. Sólo requieren saber sumar y restar. Cuando usted no entiende una cosa, pregunte hasta que la entienda. Si no la entiende es que están tratando de robarlo. Cuando usted entienda eso, ya habrá aprendido a defender la patria en el orden inmaterial de los conceptos económicos y financieros”.

Hacia 1933, Scalabrini no podía entender por qué en el país de las vacas y el trigo había hambre. Escribió para el diario “Noticias Gráficas”: “(...) ya hemos entregado al capital extranjero las vías de comunicación terrestre y fluviales y el monopolio del comercio de granos y de la industria de la carne. Todo aquí está bajo el dominio extranjero. Extranjero es la mayoría del capital bancario, extranjeras las grandes empresas de recreaciones públicas, extranjera una parte abrumadora del capital invertido en hipotecas, extranjeros los tranvías y los medios urbanos de movilidad, extranjeros los poseedores de acciones de una increíble proporción de sociedades anónimas que embanderan sus edificios en los días patrios. Extranjeros son también los acreedores del Estado”. Cualquier similitud con la actualidad está lejos de ser una mera coincidencia.

Cuando dos años después, FORJA salió a la palestra, dio a conocer un manifiesto en el que afirmaba “Somos una Argentina colonial, queremos ser una Argentina libre”. Como respuesta, hicieron fila para catalogar a aquellos jóvenes de “marxistas”, “nazis” y “pro estadounidenses”. Replicaron con contundencia: “ni conservadores, ni socialistas, ni radicales, ni comunistas, ni fascistas pueden decir al pueblo la verdad sobre la tragedia que vive la patria”. Tenían razón y todavía la tienen.

Como muchos de su generación, se sumó al peronismo. Quizá sus párrafos más inolvidables tengan que ver con su descripción del 17 de junio de 1945: “(…) Brotaban de los pantanos de Gerli y Avellaneda o descendían de las Lomas de Zamora. Hermanados en el mismo grito y en la misma fe iban el peón de campo de Cañuelas y el tornero de precisión, el fundidor mecánico de automóviles, la hilandera y el peón. Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico de la Nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto. Era el substrato de nueva idiosincrasia y de nuestras posibilidades colectivas allí presente en su primordialidad sin reatos y sin disimulos. Era el don nadie y el sin nada en una multiplicidad casi infinita de gamas y matices humanos, aglutinados por el mismo estremecimiento y el mismo impulso, sostenidos por una misma verdad que una sola palabra traducía: Perón”. Maldito entre los malditos después de 1955, el lugar que dejó vacío al fallecer hace casi 60 años, nunca se pudo completar con una visión de agudeza similar. Tanta falta que hace…