“El reservado”

Quién hubiese pensado que tan adentrado en nuestra “idiosincrasia” no tradición, estaría el reservarles a los rebeldes un juego de muerte, haciéndole creer a los insensibles espectadores que ese “reservado” lo disfruta. Y es que, para el léxico gauchesco, ese potro que se revela al rebenque y se niega a perder su dignidad, ese arisco que jamás será manso ni servil, era “reservado” en las estancias para burlarse de algún forastero creído de sus habilidades de monta.

Y sí, la doma es cruel; si el potro no se amedrenta al “convite” del rebenque del jinete, ese magnífico ejemplar de brío y libertad, a falta de una utilidad mejor para su “dueño” conocerá la “jineteada”, la que lejos de ser parte de una tradición argentina con solo cincuenta y tres años de existencia como fiesta popular (de 1966 data el primer Festival de “Doma” y Folclore de Jesús María, Córdoba) se equipara a una Plaza de Toros en donde “bestia” y “humano” compiten por el honor de la victoria, aunque la bestia nunca la disfrute.

Un indomable no juega, no simula al intentar desprenderse de lo que le es ajeno, en medio del barullo, los golpes, el hacinamiento, la carga de estrés le es enorme a una criatura altamente sensible. Ningún caballo debería pasar por ese infierno. La muerte de Pampero, el 16 de enero en el Festival de Jesús María, en su vana lucha final por recuperar alguna libertad, ha evidenciado la cara gauchesca menos amable.

No más jineteadas, no más sufrimiento animal evitable.

Karina Zerillo Cazzaro
DNI 21.653.863

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