Editorial
29/01/2019

Con la basura electrónica hasta el cuello

Los mandatos tecnológicos y las permanentes innovaciones presentan una faceta en la que seguramente, en el seno de las grandes compañías del sector nadie pensó: cada año se acumulan 50 millones de toneladas de desechos electrónicos a escala global. Si se pesara, esa chatarra infinita superaría a los desechos de la misma índole que generan las aerolíneas en forma anual e implicaría tantas torres Eiffel como para cubrir Manhattan.

La advertencia forma parte de “Una nueva visión circular para la electrónica: momento para un reinicio global (A new circular vision for electronics – Time for a global reboot)”, informe que se dio a conocer la semana pasada en el Foro Económico Mundial, que deliberó en Davos (Suiza). En el texto se compartió que en la actualidad, solo se recicla el 20 por ciento de los desechos electrónicos.

Integran el rubro las computadoras en sus distintas versiones, los teléfonos celulares, los televisores, impresoras y una amplia gama de electrodomésticos. Fue coautora del informe la Universidad de las Naciones Unidas (UNU), entidad que pronosticó que hacia 2050, los residuos electrónicos se triplicarán, de no mediar la adopción de drásticas medidas. Si bien es difícil cuantificar los productos que se lanzan al mercado por año, si se contabilizaran solamente los aparatos que se conectan a Internet, éstos superan a la cantidad de humanos, que en la actualidad totaliza 7.700 millones de personas.

La rápida innovación y la reducción de los costos aumentaron significativamente el acceso a los productos electrónicos y la tecnología digital, con los consecuentes beneficios. En forma simultánea, el fenómeno derivó en una mayor utilización de tales aparatos, pero la consecuencia colateral no prevista, es la multiplicación de los desechos que se generan cuando dejan de usarse. Según el reporte, los electrónicos constituyen la basura de más rápido crecimiento a escala global.

En la Unión Europea cuentan con legislación que torna obligatorio su reciclaje de desechos. En 2019, la meta prevista implica el 85 por ciento de todos los residuos, pero según se admitió en la localidad suiza, el objetivo ni siquiera se rozará. El principal obstáculo reside en la recolección de los desechos y en ciertos mandatos culturales, según los cuales valerse de equipos a priori obsoletos, pero en funcionamiento, no es aceptable.

Entre otras recetas, se propuso unificar las legislaciones sobre reciclaje y avanzar hacia innovaciones en los sistemas de recolección. En particular, se prevé que los consumidores devuelvan a sus fabricantes las unidades obsoletas, en lugar de desecharlos como si se trata de basura corriente. Además, se sabe que la instalación de puntos de reciclaje para reunir chatarra electrónica resulta clave, pero hasta el momento, es insuficiente. A propósito, ¿alguien sabe de alguno en Bariloche?

El desmadre tiene una faceta económica que en el Foro Económico Mundial no debería pasar por alto: la basura tecnológica se valora en 62.500 millones de dólares por año, friolera que supera el PBI de la mayoría de los países del planeta, considerado individualmente. Además, equivale al triple de la producción de la minería de plata, a escala global. Atención a los pro-mineros de la Patagonia: hay 100 veces más oro en una tonelada de residuos electrónicos que en una tonelada de mineral de oro recién extraída.

El aporte de la UNU exhorta a introducir el concepto de economía circular y pide colaboración entre las grandes marcas y las pequeñas y medianas empresas. La problemática también incumbe sobremanera a las universidades y al conocimiento que puedan producir, a los sindicatos, a la sociedad civil y a sus asociaciones. Es que hace falta iniciar una gran deliberación que al madurar, permita incorporar prácticas menos destructivas y derrochonas.

Como podía preverse, la resistencia a la innovación proviene de los sectores industriales cuya rentabilidad aparece como única variable a considerar. Pero hay otras cuentas para hacer. Las soluciones sostenibles requieren esfuerzos internacionales porque precisamente, la irrupción y propagación de las nuevas tecnologías es una característica global. Sin embargo, resta mucho por investigar todavía.

El estudio cita varios ejemplos concretos de lucha contra la basura electrónica con criterios de economía circular. Es el caso de Nigeria, donde se generan 500 mil toneladas anuales. Entre el gobierno de ese país y divisiones de la ONU, se anunció una iniciativa conjunta que creará una industria formal del reciclaje, con participación del sector privado. Según la OIT, trabajan informalmente en el sector unos 100 mil nigerianos, que con la formalización estarán en condiciones de mejorar su situación laboral.

Cabe insistir: ¿por casa cómo andamos? Aunque hay que admitir que en este rubro, Bariloche no parece lejos del promedio argentino. Sin embargo, mal de muchos… Sobre todo si se tiene en cuenta la importancia del sector tecnológico en el PBI de la ciudad.

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