Las antiguas y nuevas mañas del poder

Por: Mario Bússolo

Hoy, es la intencionalidad del poder el culpar el reclamo y la reacción desesperada de quienes sufren el ajuste económico y la violación de derechos, y se expresa e incentiva en varios medios de comunicación, fijando la atención en los gastos causados o en los frenos en la producción. Metodología que revictimiza a los excluidos del modelo político – económico impuesto en una Argentina en acelerada caída. Alrededor del año 2000, en Brasil, en épocas en que el Movimiento de los Sin Tierra sufría la represión del presidente Fernando Cardoso y la crítica devastadora de los medios de comunicación como la Red Globo, Stédile (1) decía que el punto “no es criticar la rebelión de los esclavos, sino explicar por qué hay eslavos”. ¿Por qué hay más gente pobre y excluida? Además, ¿no es delito el endeudamiento desmedido con el FMI, la forzada autorización de la instalación de las fuerzas armadas estadounidenses en nuestro territorio, los acuerdos federales mineros entregando los valiosos recursos naturales no renovables?¿Acaso no es injusta la extorsión del bono de fin de año, amparado por el silencio de los gremios y sindicatos (cuyos representantes ya son una clase privilegiada), cuando el sueldo debería equipararse a la increíble inflación desatada por el mismo modelo económico? Es este accionar desvergonzado el que incita a la violencia.

Se agrega la concentración y selección de información que demuestra el ocultamiento de la cruda realidad de rincones de nuestra tierra, obligando a poner la mirada en Buenos Aires, y las idas y venidas de los políticos de turno. Las imágenes de un presidente sin pueblo y de sus más cercanos aliados al porfiado modelo neoliberal (capitalismo financiero) se instalan sorpresivamente en pantalla para avisar de los pasos avanzados que se concretan por elevación de la Legislatura y con el silencio del poder judicial. Esto, justificado por las acostumbradas frases de energías positivas y buena onda: “trabajemos juntos para que sigamos en esta épica de construir la argentina que soñamos” o “estamos viviendo tiempos difíciles, pero vamos por el camino correcto”.

En definitiva, “la idiotización de la sociedad es una estrategia de dominación”, lo decía Fernando Navarro en revista Al Margen: “la gente está imbuida hasta tal extremo en el sistema establecido que es incapaz de concebir alternativas a los criterios impuestos por el poder”. Se produce una ruptura colectiva y una degradación del/a [email protected] al imbuirse en el entretenimiento vacío o el espectáculo viciado y recurrente que no ve lo obvio, no proteste y continúe permitiendo que los ricos y poderosos aumenten su poder y riqueza, mientras los oprimidos del mundo siguen padeciendo y muriendo.”

Otra maña es la creación de enemigos internos, desde mensajes que estigmatizan hasta la feroz represión que pretende silenciar a los pocos valientes que intentan detener el acorralamiento o expulsión de toda posibilidad de vida digna. Ejemplos de esto son los mensajes del Ministerio de Seguridad, el de identificar el narcotráfico con los movimientos sociales o la violenta persecución y asesinato de integrantes del pueblo mapuche, por ejemplo. La creación de enemigos internos no es novedad de este gobierno, los anteriores usaron la misma lógica. También, el hecho de darle tanto espacio a la delincuencia y criminalidad justifica el control policial y su accionar fuera de la ley; aquí también hay una utilidad económica – política, lo decía Foucault (2).

Se piensa que el crecimiento del país pasa por la llegada de multinacionales para extraer recursos naturales no renovables, y así se crea la “zonificación minera”, es decir, mapas elaborados hace más de una década que atraviesan provincias. Se afirma también que la garantía del desarrollo es por la siembra de soja, para lo cual, los grandes pooles, sin freno alguno, deforestan bosques expulsando pequeños campesinos e indígenas. Todo es posible para los poderosos interesados en agrandar sus capitales, ¿no era para mejorar el país? En otros rubros, sucede lo mismo y consecuencia de todo ello es el ahogamiento y la desaparición de las pymes, de las economías regionales y los pequeños productores. Y no hay vuelta atrás donde gobierna la competitividad y las leyes del mercado.

Los espacios de libertad son escasos, lo público ya no es tan público y, en este modelo, no tienen lugar el arte, el teatro o la música callejera. Es decir, siguiendo las ideas de Carlos Skliar (3), no hay muchos espacios para la pintura, la canción, la conversación; para lo humano.

Pero el poder egocéntrico y egoísta tiene sus grietas; mientras tanto, no dejemos de buscar Justicia, el respeto por los derechos humanos y de los pueblos y el cuidado del medio ambiente.

Citas

1 Joao Pedro Stedile: economista y escritor brasileño.
2 Michel Foucault: Filósofo Francés.
3 Carlos Skliar, investigador y escritor argentino, especializado en literatura, pedagogía y filosofía.
(*) El autor de la nota es sacerdote de Ingeniero Jacobacci.

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