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HISTORIA DE VIDA

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20/11/2018

Beatriz Dufey fue víctima de mobbing e intenta que su ejemplo de vida ayude a otras mujeres

Beatriz Dufey fue víctima de mobbing e intenta que su ejemplo de vida ayude a otras mujeres
Beatriz Dufey fue víctima de mobbing e intenta que su ejemplo de vida ayude a otras mujeres

Hace un tiempo el nombre de Beatriz Dufey estuvo presente en los medios de comunicación locales y a nivel nacional, porque llevó a la Justicia el maltrato psicológico que estaba padeciendo en el ámbito laboral.

El Superior Tribunal de Justicia de Río Negro admitió el caso, que tiene su origen en lo que se denomina mobbing (acoso laboral o acoso moral en el trabajo), por el cual Dufey se consideró despedida. Así lo determinaron los integrantes de la Sala Laboral Nº 3 del Superior Tribunal de Justicia de la provincia de Río Negro, en autos caratulados “Dufey, Rosario Beatriz c/ Entretenimiento Patagonia S.A. s/Sumario s/Inaplicabilidad de Ley”, que arribaron a la instancia casatoria luego de que la Cámara Laboral de Bariloche rechazara el reclamo de diferencias salariales e indemnizaciones derivadas del despido indirecto más un plus por los daños y perjuicios sufridos como consecuencia del maltrato psicológico al que se consideró sometida.

Después de eso, su vida siguió adelante y como ejemplo de lucha para otras mujeres que estén pasando por una situación similar, quiso compartir su experiencia con la comunidad.
Dufey nació en Entre Ríos, a los 15 años se fue de Concordia y hace 35 años que vive en nuestra ciudad. Tiene cuatro hijos y está divorciada, actualmente se desempeña como docente y su gran pasión es el canto.

Cómo se dieron las cosas

Trabajaba de maestra de música en algunas escuelas y, detalló: “tenía que separarme porque estaba sufriendo violencia de género, cuando surgió la posibilidad de anotarme para el Casino lo hice, fue una experiencia muy linda, se inauguró en el 91”. Fueron las primeras mujeres de Latinoamérica, “hice todos los cursos de preparación y tuve la suerte de quedar elegida” comentó.

“Cuando terminó ese primer año, me separé porque ya tenía una independencia económica, que era básica para llevar adelante mi hogar, entré como cajera y terminé como supervisora, hice toda mi carrera ahí adentro” puntualizó.

“En ese tiempo los casinos pertenecían a la provincia, así que muchas veces me tuve que mudar a diferentes ciudades con mis hijos, a Viedma, a Cipolletti, Allen y Las Grutas, mi hija mayor tenía 15 años y el más chiquito 4”.
Ya en el año 89 había comenzado a hacer un programa de radio en FM Limay y después pasó a Nacional con la temática del folklore. “La radio era mi terapia porque me daba muchas cosas lindas, seguí interesándome y además aprendí producción”, dijo, luego también pasó por la radio de El Cordillerano.

Comenzaron los problemas

“En el Casino estaba muy bien hasta que privatizaron, yo en ese momento estaba viviendo en Las Grutas y me mandaron de nuevo a Bariloche porque acá tenía mi casa, lamentablemente para nosotros fue una decepción porque lo agarró una empresa de correntinos y paraguayos, con muchas problemáticas”. Corría el año 1998.

“Todo el personal entró en esa venta y el primer inconveniente fue que nos quisieron bajar el sueldo, ellos trajeron su gente pero como necesitaban supervisora me dejaron en mi puesto”, detalló.

“Eso fue en la práctica porque en los recibos de sueldo seguía figurando con la categoría de ‘pagadora clase A’, pero en el trabajo tenía todas las responsabilidades”, contó.

Al principio la consideraban la mejor empleada, “yo no tenía horario, si necesitaban abrir una mesa me mandaban a buscar, todo muy bien hasta que empezaron los problemas debido a algunas cosas que descubrí”, dijo.

“Así comenzó una persecución del gerente hacia mí, donde estuve entre otras cosas, seis meses sin franco, no me daban vacaciones, así empecé a sufrir el acoso laboral, hacían lo mismo con otros compañeras que se fueron poco a poco.”

“El trato para conmigo era cada vez más despectivo, pero saltó todo cuando el gerente me vino a pedir dinero, me preguntó cuánto tenía de todas las mesas, le dije y me pidió que lo preparara para llevárselo.”

Ella obedeció, “cuando se lo iba a dar le pedí que me firmara un recibo y no quiso, yo necesitaba un comprobante de salida de ese dinero, porque si después figuraba como un faltante, me iban a echar, ya había pasado con otros pibes”.

No quiso arriesgar su puesto de trabajo y se mantuvo en la negativa, eso acentuó el conflicto, “yo todos los sábados a la noche hacía la locución de los sorteos de autos y me sacó, me empezaron a cambiar los horarios y los turnos, teniendo en cuenta que me descontrolaba toda la organización de mi hogar con mis hijos”.

“Para mí lo mejor era el horario nocturno porque les daba la cena y me iba a trabajar, mi hija mayor cuidaba a sus hermanitos durante la noche, a la mañana volvía del Casino, los despertaba, les daba el desayuno y los llevaba a la escuela, después dormía un rato porque al mediodía ya los tenía que ir a retirar y darles el almuerzo”.

Siguieron los roces laborales, “yo daba una orden pero mi jefe le decía a las chicas que no las cumplan, pero en realidad no fue solo él, sino que hicieron una especie de complot entre los hombres”. Aseguró que para su puesto ya habían designado a un hombre pero ella tenía su puesto fijo.

“El Casino siempre fue un lugar de hombres, el hostigamiento y las degradaciones eran constantes, les decían a mis compañeros que no me hagan caso porque estaba loca”. Las consecuencias a nivel físico fueron inmediatas, “empecé a bajar de peso y a perder el pelo por el estrés, como mi padre había muerto de cáncer mi jefe me decía que seguramente yo también tenía la misma enfermedad y se reía”, recordó angustiada.

“Llegaba a mi trabajo y al rato me empezaba a brotar como si tuviera sarampión, una madrugada me descompensé, empecé a vomitar sangre, me asistieron unos compañeros, fue una úlcera sangrante y a partir de ahí no volví más a trabajar”, dijo.

“Ahí comencé con visitas y tratamientos de diferentes médicos y psicólogos que me pusieron de la misma empresa, porque como uno me dio muchos días de reposo, decidieron hacer una Junta Médica para corroborarlo y no me aceptaron el certificado médico que me habían dado porque estábamos en plena temporada”, compartió.

“Me mandaron un telegrama para que me presentara a trabajar en 48 horas sino lo considerarían abandono de trabajo, ahí tuve que recurrir a una abogada porque yo no podía ir a trabajar en las condiciones en que estaba.”

Mi médico de cabecera me internó para hacer una cura de sueño, “no dormí más de 3 horas por noche y me sugirió no volver al trabajo, siete médicos me atendieron en total, hasta que me mandaron a la Junta Médica poniéndome ellos una psicóloga, la que envió un confidencial donde les decía que yo estaba enferma de verdad”.

Calvario

Más allá de todo lo que venía padeciendo, Beatriz considera que ahí recién comenzó su calvario, “de todas maneras yo me sentía mal porque creía que era necesaria para ese trabajo y que no estaba rindiendo lo mejor de mí, porque realmente yo me había puesto la camiseta del Casino”.

Era jefa de familia por lo que no podía darse el lujo de perder su empleo o de renunciar.

“Cuando recibí el telegrama me acuerdo que volvía por Mitre y me descompuse, entonces tomé conciencia que tenía que buscarme una abogada urgente y empecé a leer carteles para ver dónde encontraba una.”

“Todavía no se hablaba de mobbing ni violencia de género en el trabajo, ahí empezó mi pelea judicial, fui a un primer juicio y lo perdí, sospeché que habían llegado a algún arreglo porque con todas mis pruebas era imposible ese fallo”, dijo.

Fue a Viedma, “en el Tribunal de Justicia me sugirieron cambiar de abogada, lo hice pero llegado el momento yo sentía que nadie me creía, el segundo juicio pasó exactamente lo mismo, ni siquiera habían citado a mis testigos”, detalló.

“Todo el mundo me decía que los juicios laborales se ganan en un 99 por ciento de las veces, yo fui el uno por ciento que no, entonces empecé a descreer de la justicia y sentía que todo era parte de un arreglo”, aseguró.

Peor

Llegado a este punto, el cuerpo de Beatriz no resistió más y sufrió un síndrome de fatiga crónica, suya definición de los síntomas es un tipo de depresión que bloquea al sistema nervioso; cuando una persona lo padece su cuerpo pierde el control, se desmaya, deja de reaccionar ante cualquier estímulo, incluso puede caer en shock.

Un día a las tres de la mañana estaba sola en casa “comencé con convulsiones, se me durmieron las extremidades, y no sentía los músculos del cuerpo, quedé en posición fetal y no podía llegar al teléfono para llamar a mis hijos”. Asegura que en ningún momento perdió el conocimiento, “me arrastré hasta el teléfono y no podía hablar así que quedé tirada en el piso y lo único que recuerdo es que comencé a rezar”. Sus hijos regresaron a su hogar antes de lo planeado, “cuando me vieron pensaron que me había dormido pero cuando vieron mis ojos se dieron cuenta que estaba en shock y pidieron ayuda”.

Era el 2005, en marzo había fallecido su madre, en diciembre se había separado nuevamente, lo que se sumó a su crisis laboral, una serie de situaciones que desencadenaron en el problema grave de salud.

Luego de la internación estuvo un año sin salir a la calle, los médicos la atendían en su hogar, sus hijos le daban el alimento y de a poco fue recuperando la movilidad. “Superé todo esto porque tengo una mente muy positiva y no vuelvo para atrás, pero recién ahora lo puedo contar” dijo con lágrimas en los ojos.

“Cuando mi jefe se enteró de lo que me había pasado, me pidió disculpas y me dijo que regresara a mi puesto”. Pero sus hijos le rogaban que por favor no lo hiciera.

Le reconocieron la deuda de esos tres años en los cuales no pudo cumplir con sus tareas “me ofrecían 42 mil pesos en tres cuotas, cuando fui a cobrar me encuentro con que me querían dar 18 mil dólares y me pedían que firmara la renuncia”.

Cuando finalmente recibió el dinero, le habían descontado todos los honorarios de la psicóloga que le habían puesto, “ellos son los que jugaron mal y ahí dije que no y fue cuando recién me consideré despedida por todo lo que había pasado”.

Iba directo al tercer juicio, “no les quería regalar mis 13 años de trabajo, me puse una coraza de hierro, viajé a Buenos Aires con una carpeta con mis papeles bajo el brazo, fui a todas las productoras de televisión que pude”.

En Cuatro cabezas le dieron un espacio, “les pedí investigar al juez que había participado de mi caso y se interesaron en el tema” dijo. “Les conté además las irregularidades que había visto, lo que había desencadenado mi persecución, yo tenía comprobantes y eso jugó a mi favor, aunque recién seis años después se supo que lo que yo denunciaba era verdad”.

Trabajo

Como parte de su terapia y obviamente por una cuestión de supervivencia, decidió irse a San Luis a buscar trabajo. “Con los antecedentes de los dos juicios, acá en Bariloche, nadie me quería contratar, allá me fue muy bien y en el 2012 me llamó la secretaria de mi abogada y me avisó que había ganado el tercer juicio”.

“Aunque fallaron a mi favor, todavía estoy esperando que me paguen la indemnización correspondiente, en ese entonces me dieron 40 mil pesos, aunque el reclamo era por 200 mil” aseguró.

“Ahora ningún abogado quiere tomar mi demanda por el dinero restante, nunca cobré mis vacaciones, sueldos ni aguinaldos pendientes”, señaló.

Pese a que en San Luis con mucho esfuerzo logró comenzar de cero, decidió volverse a nuestra ciudad, donde regresó a su cargo de docente. “Lo único que quiero es estar bien, disfrutar de mi vida y de los amigos”. Le gusta mucho cantar, por lo que cada vez que puede, se presenta en fiestas o eventos, el pasado la marcó, pero con valentía y fe pudo continuar.

Pese a que en muchas páginas de la web figura la sentencia completa con los nombres de las personas involucradas, Beatriz no quiso mencionar a ninguno, porque su mensaje va directo a las mujeres que están viviendo una situación como lo que ella vivió.

“Que sepan que todo tiene solución, que hay que mantenerse firme y lo más serena posible para no enfermarse, que la vida da revancha, que se puede seguir adelante”, ese es su mensaje final.