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15/09/2018

Mantenerse “cool” para proteger la capa de ozono

Parece broma, pero es real. La consigna para conmemorar hoy el Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono es “Consérvate cool y continúa: el Protocolo de Montreal”. La ONU exhortó a continuar con el trabajo ejemplar que se puso en marcha para proteger tanto la atribulada capa como el clima en el marco de ese instrumento internacional, cuyo éxito lo convierte en “cool”.

En efecto, se realza hoy (16 de septiembre) la importancia de la frágil franja de gas que protege a la Tierra de los efectos nocivos de los rayos solares. Su existencia contribuye a preservar la vida en el planeta, pero, sin embargo, la utilización durante años de ciertos productos químicos la dañaron de manera considerable. Así, la humanidad puso en peligro su propia existencia, al igual que la del resto de los seres vivos.

La reacción que suscitó puede asumirse como ejemplo ante la problemática general del calentamiento global porque un esfuerzo internacional conjunto permitió la eliminación y reducción del uso de las sustancias que agotaban la capa de ozono. La respuesta implicó una rápida acción cuyos resultados significan protección, tanto para la generación actual como para las venideras.

Los esfuerzos de la comunidad internacional redundan en beneficios para la salud humana y de los ecosistemas, porque se reduce la radiación ultravioleta que desde el Sol, llega a la Tierra. De esa manera, se pone bajo cuidados a todas las formas de vida. Las acciones que debían asumir los países y sus ciudadanos para enfrentar la amenaza tomaron cuerpo en el Protocolo de Montreal, del cual se cumplieron en 2017, 30 años de vigencia.

En términos científicos, el ozono es una forma especial de oxígeno que se representa con la fórmula química O3. El que respiramos y que es tan vital para la vida en la Tierra es O2. El primero de los gases constituye una parte muy pequeña de la atmósfera, pero su presencia es sin embargo vital para la existencia humana y su bienestar. La mayoría del ozono se encuentra en la zona superior de la atmósfera, en una franja que oscila entre los 10 y los 40 kilómetros sobre la superficie terrestre. Se trata de la estratosfera, que contiene aproximadamente el 90 por ciento de todo el ozono.

Éste absorbe parte de la radiación ultravioleta del Sol, que biológicamente es dañina. A raíz de esta función benéfica, se considera “bueno” al ozono estratosférico. Como contrapartida, el exceso de ozono que se concentra en la superficie de la Tierra a partir de los contaminantes, se considera nocivo, ya que puede ser perjudicial para los humanos, plantas y animales. Sin embargo, el que se produce naturalmente cerca de la superficie y en la baja atmósfera es también beneficioso, porque ayuda a eliminar los contaminantes de la atmósfera.

Quienes no somos científicos, comenzamos a saber del ozono después de la publicación de un artículo por parte del Servicio Antártico Británico, en mayo de 1985. La investigación se detenía en su agotamiento sobre la Antártida, hecho que comenzó a denominarse “el agujero de ozono”. Se atribuye la acuñación de la frase al ganador del Premio Nobel, Sherwood Rowland. Con el tiempo, la imagen satelital de tal hoyo se convirtió en símbolo mundial de la amenaza ambiental que se padecía.

El impacto fue tan importante que el Protocolo de Montreal logró concitar gran apoyo público. En la actualidad, el trabajo de los científicos e investigadores del medio ambiente atmosférico desempeña un papel primordial a la hora de informar sobre la formulación de políticas que se instrumentan en el marco del acuerdo internacional. Las imágenes y los boletines científicos sobre el agotamiento del ozono son herramientas útiles de comunicación para el público sobre los progresos que se realizaron y los retos que aún quedan.

El año pasado llegaron noticias auspiciosas desde la Antártida argentina: según mediciones que se hicieron en la base “Marambio”, la capa de ozono se recuperaba. Sobre aquellos confines todavía puede encontrarse una de las atmósferas más puras del planeta. Las mediciones por parte de equipos científicos nacionales comenzaron en 1989 y la que se obtuvo en enero de 2017 fue la más auspiciosa del período.

Entre otras consecuencias peligrosas, la disminución de la capa de ozono incrementa los riesgos de contraer cáncer de piel, además de dañar el fitoplancton marino. El Protocolo de Montreal prohibió progresivamente el uso y fabricación de los aerosoles refrigerantes, es decir, los clorofluorocarbono (CFC). Las estimaciones calculan que para 2050, el ozono debería estar en los valores previos al uso del CFC. Ejemplo que ratifica que frenar el cambio climático, es posible. Solo hacen falta acuerdos mínimos y voluntad política, sobre todo por parte de las grandes potencias.