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13/08/2018

Mejorar la calidad térmica de las viviendas para el ahorro energético

Mejorar la calidad térmica de las viviendas para el ahorro energético
Mejorar la calidad térmica de las viviendas para el ahorro energético

Los días de calor suelen aumentar la demanda de energía eléctrica, debido, sobre todo, al incremento del número de acondicionadores de aire funcionando de manera casi permanente, sobre todo en el resto del país, no tanto en Bariloche donde las temperaturas en el verano no son tan altas. Dicha situación nacional conlleva a que, en ocasiones, los transformadores que distribuyen la energía colapsen y se produzcan cortes en el suministro eléctrico que se prolongan hasta la realización de las reparaciones necesarias, lo cual puede demorar varios días.

Ya en enero de 2016, Luis Eduardo Juanicó, investigador independiente del CONICET en el Centro Atómico Bariloche, de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), definió que la mejor solución a largo plazo para este problema -desde el punto de vista de la sustentabilidad y racionalidad del sistema de distribución eléctrica- es invertir en mejorar la calidad térmica de las viviendas.

“Las casas argentinas se construyen sin aislamiento térmico, se podría decir que estamos viviendo en carpas de cemento con aire acondicionado. Por ejemplo, una pared de cemento que mira al norte, sin aislar, un día de calor puede llegar hasta los 50 grados y es por eso que la gente siente que colocando el aire a 24 grados no le alcanza. El problema es que aunque lo pongan a 18 grados, no van a lograr una situación de confort porque, amén del enfriamiento recibido desde el aire circundante, la pared los está calentando por radiación infrarroja”, grafica el investigador.

Según la opinión de Juanicó, aislar térmicamente las viviendas no solo mejoraría la calidad de vida de la población, sino que además no resultaría tan oneroso, en relación a las mayores inversiones requeridas en el sistema de distribución eléctrico y al costo global de las viviendas. “Poner una capa de aislamiento térmica de 5 centímetros de lana de vidrio cuesta solo 50 pesos el metro cuadrado y puede bajar la temperatura de la pared hasta 20 grados. También sería útil volver a pintar los edificios a la cal como se hacía antiguamente o con pinturas reflectivas. La mayoría de las pinturas modernas, por el contrario, lo que hacen es absorber el calor”, argumenta.

Para Juanicó, estas modificaciones podrían contribuir a reducir el consumo eléctrico los días de calor así como la calefacción en invierno. Desde su punto de vista, invertir solamente en reforzar la red eléctrica sin mejorar al mismo tiempo la calidad térmica de los hogares, a la larga no terminaría solucionando el problema. “Nosotros queremos resolver todo a través de sobredimensionar la red eléctrica, lo cual es una muy mala idea. Mientras no hagamos algo por aislar térmicamente las viviendas, la demanda de energía se va a continuar incrementado y los problemas van a persistir”, afirma.

“En comparación con el precio promedio de mercado de un departamento nuevo se podría mejorar notablemente la calidad térmica con la cual se construye aumentando la inversión menos de un 1 por cierto. De esta forma el sistema eléctrico se beneficiaría globalmente, tanto en lo que respecta a la red de distribución -con lo cual mejoraría la confiabilidad que le provee al usuario-, como en el parque generador -al reducir las horas de encendido de las usinas menos eficientes, empleadas para cubrir la demanda en horas pico. Creo que el cambio real empezará cuando todos tomemos consciencia de que podemos construir una ciudad más sustentable”, afirma Juanicó.

En opinión del investigador lo que produciría los cortes eléctricos no sería el incremento en el consumo global de energía, sino la concentración del mismo en ciertos segmentos temporales puntuales. Por este motivo, aconseja desplazar el uso de artefactos que consuman una elevada potencia eléctrica -siendo la potencia la intensidad de la energía, la cual se mide en watts o vatios- y que no estén vinculados a las necesidades de refrigeración, hacia afuera de la franja horaria de máximo consumo, que en los días de calor se ubicaría entre la una y las cinco de la tarde, momento en el que los acondicionadores de las oficinas están en pleno funcionamiento.

“Lo que propongo no es que los hogares ahorren energía, porque eso implicaría hablar de privaciones. Lo que sugiero, en cambio, es posponer o adelantar ciertos consumos dentro del espacio de un mismo día. En los segmentos horarios en los que aumenta mucho el consumo de energía eléctrica por el encendido de aires acondicionados, intentemos no superponerle la utilización de lavarropas, lavavajillas, planchas o pavas eléctricas. Si alguien requiere, por ejemplo, usar el lavarropas tres horas al día puede seguir haciéndolo, pero que en lugar de hacerlo entre la 1 y las 5 de la tarde lo haga a la mañana temprano o a la noche luego de las 10”, explica.

“No se trata de un problema de abastecimiento eléctrico a nivel nacional, sino de su distribución. Cuando los transformadores no alcanzan a distribuir la energía demandada en un determinado momento, es posible que fallen, o que se quemen los cables de alta tensión. Esto significa que el problema reside en la generación de potencia eléctrica y no de la cantidad de energía en términos absolutos.

Respecto específicamente del uso de aires acondicionados, Juanicó, lejos de desaconsejar su utilización, sugiere mantenerlos a 24 grados de manera que consuman energía en promedio solo un 33 por ciento del tiempo. “Un transformador de un edificio que tienen cien departamentos con todos los aires acondicionados prendidos a 24 grados, lo que capta en promedio es equivalente a 33 aparatos encendidos constantemente; en cambio si estuvieran a 18 grados, esa cantidad prácticamente se triplicaría”, ejemplifica. (Datos: Miguel Faigón - Fuente: www.conicet.gov.ar)