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23/07/2018

Ya nadie homenajea a Bolívar

De Bolívar poco y nada sabemos los argentinos y argentinas, inclusive los que pasaron por claustros universitarios. A los que ya peinamos canas nos transmitieron cierto resquemor hacia su figura, porque nos decían que el Libertador de América era San Martín. Más grandecitos, vimos que en realidad había otro Libertador y que además, había liberado a más países que el correntino. Para colmo, se quedó al frente luego de aquella cita “misteriosa” en Guayaquil.

Fueron oficiales de Bolívar los que comandaron a las tropas americanas en Ayacucho, allá por 1824, la batalla que terminó con la dominación española en América. Además, ese supuesto antagonismo entre Simón y José fue acicateado por quienes narraron la primera versión de la historia argentina porque entre otras cosas, Mitre no tenía nada que ver con el ideario del venezolano, más bien todo lo contrario.

Bolívar acuñó una teoría a la que denominó del equilibrio mundial, noción a la que configuró como meta esencial en la lucha de los pueblos. Es más, concebía su gesta como medio de establecer ese equilibrio y además, mantenerlo. Mientras prevaleciera el equilibrio en la situación internacional, ésta funcionaría como una barrera de contención que frenaría cualquier designio de dominación regional o planetario.

Rápidamente puede advertirse qué tanta vigencia tiene esta manera de pensar, pues buena parte de las calamidades globales tienen su origen en la abrumadora concentración de poder que descansa en solo ocho países del mundo. Más aún, en la existencia de una súper potencia a la cual Bolívar dedicó varios de sus dardos intelectuales: “Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miseria”, profetizó una vez.

Esa oportunidad coincidió con la enunciación de la Doctrina Monroe. Por eso, los bolivarianos de fuste afirman que la figura del Libertador es antipática para la Casa Blanca, ya que su ideario no encaja en sus planes de control mundial. No está de más recordar que detrás del “América para los americanos” que consagró James Monroe, se escondían los fundamentos de la doctrina imperialista estadounidense.

Bolívar insertó en la Carta de Jamaica, un documento de 1815, las siguientes aseveraciones: “la Europa misma, por miras de sana política debería haber preparado y ejecutado el proyecto de la independencia americana. No solo porque el equilibrio mundial así lo exige, sino porque ese es el medio legítimo y seguro de adquirirse establecimientos ultramarinos de comercio”.

En el pronunciamiento jamaiquino se metía en dos asuntos claves para la época y para el presente: el equilibrio planetario y el comercio internacional, ambos temas de interés para la Europa que emergía después del descalabro que había significado Napoleón. Aquellos párrafos estaban básicamente dirigidos contra el imperio español, por entonces el enemigo que se batía en derrota.

Según Bolívar, existía una ley que regía el fenómeno del equilibrio en dos ámbitos fundamentales: naturaleza y sociedad. Esa norma indicaría que ningún equilibrio es absoluto. En el desarrollo social el equilibrio tiende a adquirir una permanencia relativa, sobre todo, tratándose de sociedades poco equitativas, como son las que predominan. En efecto, el equilibrio político choca con los designios de dominación de las grandes potencias colonialistas.

En la actualidad, el más importante adversario del equilibrio mundial es justamente, Estados Unidos. Su práctica imperialista es el obstáculo más duro a sortear ante cualquier intento de integración de la América Meridional, hoy Latinoamérica. Existen numerosas pruebas que se dieron antes, durante y después de la independencia de la zona del mundo que nos toca vivir.

Sobre Bolívar y su posición anticolonialista, su tesis sobre el equilibrio mundial y su lucha por la integración y la soberanía latinoamericana, Estados Unidos tuvo siempre una actitud de oposición y beligerancia. Hay ejemplos concretos mientras todavía no se había apagado el fragor de la lucha contra los realistas. Los historiadores llaman a uno de ellos “el incidente de los fusiles”… Refiere a una ocasión durante el fragor de la lucha, cuando los revolucionarios quisieron adquirir seis mil fusiles en Estados Unidos e Inglaterra, cuyos gobiernos impidieron finalmente la operación, para beneplácito realista. La negativa alargó la contienda por la independencia continental.

Dicen que en la actualidad, en los documentos donde la Casa Blanca todavía tiene plasmada su doctrina de la “guerra preventiva” hay menciones explícitas hacia el ideario bolivariano y su carácter pernicioso. ¡Cómo no! Si quizá fue Bolívar el primer americano en poner en evidencia el carácter imperialista de aquellas excolonias. Conocer el pensamiento del caraqueño se torna importante, en tiempos de reofensiva estadounidense. Hoy se cumple un aniversario de su natalicio (24 de julio de 1783). Seguramente pasará desapercibido al primar en el continente los gobiernos cercanos -en los hechos y en su ideario- a la Casa Blanca.