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08/06/2018

Wilge Delgado: Periodista Decano de la ciudad

Wilge Delgado: Periodista Decano de la ciudad
Wilge Delgado: Periodista Decano de la ciudad

En la Sala de Prensa, el municipio y el Deliberante homenajearon a los periodistas en su día. La historia de un periodista querido y respetado que atravesó una dura infancia, se refugió en las historietas y jugó la Copa Libertadores. Destacaron su compromiso y sensibilidad social.

El intendente Gustavo Gennuso y el presidente del Concejo Municipal, Diego Benítez, fueron los anfitriones del acto para celebrar el Día del Periodista, que se conmemora cada 7 de junio en honor a Mariano Moreno y la fundación de La Gaceta de Buenos Aires en 1810. También estuvieron presentes concejales de nuestra ciudad y los legisladores provinciales Leandro Lescano y Alfredo Martín.

Durante el agasajo, el Concejo declaró al célebre periodista local Wilge Delgado como Periodista Decano de la ciudad. Delgado, visiblemente emocionado y acompañado de sus hijos, recibió la distinción agradecido y saludó a todos sus colegas.

En el discurso, ante la mirada atenta de sus colegas, Wilge contó que su infancia no fue fácil, "me fue golpeando con muchas cosas, no tuve una infancia como para recordarla”. Dijo, además, que esa experiencia lo nutrió para afrontar el ejercicio de la profesión, y ver a los vecinos en un pie de igualdad. El Concejo decidió su reconocimiento por su desempeño en los medios, reflejando la realidad de los distintos barrios de la ciudad, por su compromiso y sensibilidad social.

Su historia

Wilge Delgado Ramos nació hace 75 años en Oruro, Bolivia, pero vivió sus primeros años en La Paz. Nunca pudo ir a la escuela y desconoce cómo aprendió a leer y escribir. Aunque presume que ocurrió en el cine o a través de las historietas en las que se refugiaba los domingos, el único día libre que tenía para estar en la casa, ya que trabajaba desde los 9 años, situación que su madre propició para preservarlo de un padrastro golpeador.

Las puertas se abrían y corría al correo en busca de noticias de sus hermanos y de las revistas que les enviaban desde Buenos Aires. Ante una dura realidad, Wilge optaba por la ficción y se sumergía en las historias del príncipe Gilgamesh el inmortal, de Nippur de Lagash y cuanta aventura propusieran las revistas “D’artagnan” y “El Tony”. Luego, de vuelta al trabajo.

No recuerda muchas anécdotas de su infancia. Tampoco puede olvidar las “grandes palizas” que sufrió en sus primeros años, la bronca acumulada y la promesa de revancha, desechada sin cumplir pese a las oportunidades, no por absolución, sino más como un acto propio de su nobleza.

En 1957, con solo 14 años, su madre lo envió a vivir con sus hermanos de Buenos Aires. Todas las mañanas, a las 5 hs, se tomaba 2 colectivos para trabajar en la casa de su hermana mayor, a la que aún no conocía. “Yo era una especie de madre cuidadora: preparaba a los chicos para ir a la escuela, hacía las camas, lavaba los patios, los pañales y ayudaba en la cocina”, recordó. Su hermana falleció joven, a los 33 años, y Wilge ayudó a su cuñado a criar a los 9 niños. La supervivencia era compartida cada miércoles por “El Eternauta”.

Paralelamente, comenzó a jugar al fútbol en el barrio y lo convocaron del Club Piraña, de Parque Patricios. Las crónicas de 1964 reflejan que tuvo “un auspicioso debut” y que fue “confirmado en su puesto”. Compartió equipo con el goleador Héctor “Chirola” Yazalde, el primer argentino en ganar la Bota de Oro europea.

Cuatro años más tarde regresó a Bolivia y firmó con el Club Oruro Royal. Por primera vez, su pasión le brindó un sueldo, comida y techo. Luego, con el Club San José, se clasificó al Nacional y a la Copa Libertadores. Jugó hasta 1971. “Tengo 75 años y sigo jugando al fútbol. Para ya no me pagan, ahora tengo que pagar yo”, bromeó.

Su hogar volvió a estar en una pensión de Buenos Aires. Trabajó en una fábrica de lijas, en una metalúrgica, en una carpintería, una fábrica de bolsas, otra de turbinas para aviones y una textil, donde conoció a Marta, la madre de sus dos hijos: Facundo y Berenice.

Su actividad periodística empezó en Almagro, en una revista barrial, para la que cubría las asambleas de inquilinos, pero recién en 1987, en Bariloche, comenzó a ser su profesión. Llegó de vacaciones con su familia, se enamoraron de la ciudad y, con ayuda de su cuñado, lograron asentarse, conseguir trabajo y de inmediato, echar raíces.

Su primer contacto con los medios locales fue en FM Gente de Radio. “Empecé a buscar hasta que enganché la 90.3 Mhz. Me gustó el medio, la postura ideológica y me acerqué”. Primero, comenzó como técnico operador. Luego, como corresponsal barrial. “De ahí nunca más dejé de caminar los barrios”, comentó, expresándose orgulloso del vínculo “entre iguales” que logró con los vecinos y vecinas.

Recuerda que el periodista Rodolfo “Pancho” García le avisó que en el Diario Bariloche necesitaban gente para cortar cinta. “Me atendió Juan Carlos Montiel, pero en vez de ese trabajo, me pidió que hiciera para el diario lo mismo que hacía para la radio: mostrar lo que pasaba en los barrios”. Su primera crónica reflejó la realidad del Pilar I.

Cuando cerró el medio, los trabajadores tuvieron la intención de conformar una cooperativa, pero no prosperó. Por lo que Wilge se sumó al recientemente creado Diario El Cordillerano, en 1995, donde permanece describiendo en sus artículos las necesidades, felicidades y tristezas de los distintos barrios de Bariloche. “Lo que vivimos con la fotógrafa Tana Bartoliche, el 17 de junio fue lo más impactante que me tocó cubrir”, recordó, en referencia al asesinato de los tres jóvenes, en 2010, y la posterior represión.

Wilge también fue movilero de El Arka y tuvo una publicación gráfica propia: “Mito y Realidad”. Hoy transmite para Cordillerano Radio y escribe en el diario. Se jubiló, pero no piensa en retirarse: ama lo que hace y cree que en su casa se “aburriría horriblemente”.

Divorciado hace más de 25 años, disfruta del vínculo que logró construir con sus hijos. Tiene la certeza de haber podido ofrecerles todo lo que él no tuvo, y se enorgullece al contar que Facundo es un gran músico y que Berenice estudia Diseño Gráfico. Hace pocos meses, por iniciativa de ellos, viajaron los tres a Bolivia para reencontrarse con amigos después de cuatro décadas y reconstruir la historia familiar. “Esas cosas son invaluables. Son círculos que se cierran”, se emocionó.

Otro reconocimiento 

La Subsecretaría de Deportes en nombre de la Municipalidad entregó una distinción a los integrantes del programa Deporte Seis, que el pasado 26 de mayo cumplió 15 años de trayectoria en la ciudad difundiendo el deporte local. El equipo de Deporte Seis está integrado por Cristian Báez, Andrés Huinchaqueo, Walter Fuentes, José Luis Reybaud, Ailín Torres, Luis Hernández, Simón Cejas y Mauricio Galán.