Publicidad
 
19/05/2018

El silencio de los inocentes  

Tremenda película “El Silencio de los inocentes”, la cual no pretendo llevar a un relato en esta carta, sino usar su título, pedirlo prestado por un breve lapso de tiempo, el mismo tiempo que le llevará a usted leer esta nota.

Un inocente es aquella criatura que no tiene malicia, mala intención o picardía en cuanto a sus actos de vida; también se habla de inocencia cuando uno se refiere a un niño de corta edad.

En el caso Argentino, yo diría que, en la categoría de inocentes, deberían de colocar a esos ciudadanos que son buscados y engañados por empresas, políticos, cultos, o sus vecinos, aquellos que quieren creer. Ese ser que no le importa a nadie, pero que dicen en campaña les “preocupa a todos”...

Ese ser al que una religión o culto le promete que su alma estará en paz. Si él pone una moneda para que ello ocurra, ese ser al que una empresa le promete un servicio que jamás tendrá como se lo han descripto, pero del que siempre recibirá la factura.

Ese ser que compra algo porque en góndola le dicen que es bueno para su salud y felicidad y los organismos internacionales lo marcan como todo lo contrario. Ese ser que baja la cabeza, llega a su casa, y prende la tele donde le vuelven a vender una realidad que nunca podrá alcanzar y, sin embargo, se acuesta pensando que tal vez, sólo tal vez, un día podrá conseguir que se le haga realidad esa fantasía.

Un ser al que quieren culpar por comer todos los días, y prender su estufa y encontrar ese mínimo calor para su familia, porque de su derrochona conducta es que este país no puede salir adelante.

Ese ser que no comprende cuando mira para atrás y se ve con su trabajo, y cuando hoy lo echan o no consigue otro, le dicen que estamos yendo por la buena senda.

Ese ser un día dejará de estar en silencio, dejará de ser tan inocente. Y ese día seguramente será una molestia que se detenga con una bala, dos balas, miles de balas. No dejemos que eso ocurra, la inocencia no es tan mala, al fin de cuentas, sólo se trata de creer, aunque la mentira, como podemos apreciar, es un gran negocio para aquellos que, de inocentes, no tienen nada.

Jorge L Fernández Avello
DNI: 12.862.056