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10/05/2018

Historias de superación personal describen los 30 años de la escuela para trabajadores

Historias de superación personal describen los 30 años de la escuela para trabajadores
Historias de superación personal describen los 30 años de la escuela para trabajadores

El camino no fue fácil porque quisieron cerrarlo en varias ocasiones. “Con el tesón de los profesores y de los alumnos pudimos sostener el proyecto. Hay un componente vinculado a la pasión, el amor y la entrega”, explicó convencida una de las docentes que lleva más de 20 años en el CEM.

Algunas historias resultan imborrables. Por ejemplo, la del alumno que cuando se sentó por primera vez en el pupitre de la primera fila no levantaba la cabeza. Encorvado, escuchaba atento, pero era una isla dentro del aula.

Con el paso del tiempo, fue cambiando su postura física y finalmente se enderezó. Comenzó a participar y hablar más en clases. Y en tercer año sus compañeros lo eligieron abanderado admirados por su fortaleza. Sintió que podía ver la vida de frente. Este es uno de los tantos retratos del Centro de Educación Media para Trabajadores que el martes cumplió 30 años y el viernes lo celebrarán con las personas que contribuyeron a edificar una potente usina generadora de historias de superación personal.

La escuela nació en una oficina de Oscar Gas, ubicada en la calle Onelli, por un convenio firmado entre el sindicato de UPCN y el Ministerio de Educación. Ese primer paso se dio en 1988. Y desde 1990 funciona en el turno vespertino en la escuela 255. Su directora, Mirta Escalante, reconoció que se juntan a celebrar “porque no fue fácil. Nos quisieron cerrar muchas veces. Y no fue un rumor. Hubo decretos que dieron de baja el proyecto y nosotros seguimos igual. Siempre redoblamos la apuesta”. La escuela lleva el nombre de Eloísa de Ramos Mejía. Ella fue la tercera directora que tuvo la institución y la que luchó con mayor determinación y firmeza para evitar el cierre del establecimiento.

La estructura del Centro de Educación Media para Trabajadores es distinta al resto. Trabajan con parejas pedagógicas y por áreas (ciencias sociales, ciencias exactas y naturales, comunicación; y en el tercer año los alumnos tienen dos modalidades para elegir). Además, cuentan con un espacio de formación docente todas las semanas con talleres de educadores y reuniones de áreas. Poseen un espacio de cuidado y recreación para que los adultos puedan dejar a sus hijos mientras estudian.

“Con el tesón de los profesores y de los alumnos pudimos sostener el proyecto. Hay un componente vinculado a la pasión, el amor y la entrega”, explicó convencida la docente Mercedes Foz que ingresó a la institución hace más de 20 años. Y la directora acotó que se trata de estar convencidos “de que la educación para adultos tiene que tener este camino”.

Como si repasaran fotos que estaban guardadas en un gran baúl sin fondo, con una amplia sonrisa, Mirta recordó que el año pasado tuvieron la satisfacción de ver cómo una señora de 69 años conseguía el objetivo de levantar el diploma. Y, además, lo hacía con su hija y su nieta que también se habían recibido en otros establecimientos. “Fue maravilloso”, recordó.

Existen condicionamientos sociales que a veces se transforman en un obstáculo para aquellos que deciden iniciar la escuela cuando ya son adultos. Mujeres solas ilusionadas con un mejor porvenir, otros que desean terminar el secundario para poder ayudar a sus hijos. “Le tienen miedo al error. Durante el primer año trabajamos en convencerlos que pueden, que no larguen y que comprendan que el error forma parte del aprendizaje”, contó la directora.

Mercedes recordó otra historia. Una señora de 50 años que tembló durante el primer día de la escuela y que al finalizar la jornada aseguró que no volvía más. Y volvió. “Superó sus propios límites. Más allá que su mérito personal es innegable, algo hizo la institución para que decidiera volver”.

¿Cara?

La directora del Centro de Educación Media para Trabajadoras, Mirta Escalante, recordó los momentos más difíciles, cuando querían cerrar el establecimiento. Contó que el argumento era que el mantenimiento del proyecto era costoso. “Demostramos que no era así, hay muy poca deserción en la escuela. No hay horas libres, siempre hay un profesor. Desde que estoy hace 28 años nunca se canceló una clase. ¿Qué es lo caro?”, se preguntó.

Mirta reconoció que el comienzo fue difícil porque nadie tenía experiencia en la educación de adultos y hubo que estudiar mucho. Por ejemplo, no infantilizar la educación para adultos que llegan con su experiencia, sus propios saberes. “Nosotros les damos contenidos. Vemos la vida diaria con conceptos de distintas disciplinas”.

Historias de superación personal describen los 30 años de la escuela para trabajadores
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