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02/05/2018

La historia más triste, siempre

El 2 de mayo más triste de la historia argentina. Desde 1998, se conmemora como Día Nacional del Crucero General Belgrano, el navío que escribió en forma involuntaria la página más dolorosa de la Guerra de Malvinas, ya que durante su hundimiento perdieron la vida 323 argentinos. En una proporción importante, colimbas muy jóvenes. Además, ostenta un incómodo galardón para la Armada de la República Argentina: único barco de guerra que se hundió luego de sufrir el ataque de un submarino.

En verdad, el desenlace no pudo ser otro, por eso el ejercicio de la memoria que proponemos no tiene que ver con la exaltación patriotera, sino con traer a la actualidad el recuerdo de aquellos jóvenes argentinos que dejaron de existir como consecuencia de una serie de decisiones imposibles de entender. Entre ellas, enviar al frente a un buque que prácticamente era un museo, sin instrumentos capaces de detectar submarinos.

El decreto que instituyó la efeméride supone que “para la Nación Argentina reviste especial interés mantener vivo el recuerdo de todos aquellos que ofrendaron sus vidas en defensa de la soberanía nacional” y no se equivoca. Sobre todo, sea entonces para ellos el recuerdo, pero también para los que pudieron salvar sus vidas después de derroches de heroísmo y solidaridad sobre las gélidas aguas del Sur.

Era un buque enorme, de dimensiones propias de otras épocas. En 1967, la superioridad había resuelto que se instalaran lanzaderas de misiles, pero nunca recibió sistemas antisubmarinos, ni para detectarlos ni para atacarlos. Cuando la tensión se incrementó hasta grados impensables con Chile, el ARA “General Belgrano” participó de la Operación Soberanía, que preveía una invasión de las tres islas en disputa en el canal de Beagle.

Al comenzar 1982, recibió 120 cadetes navales y se dirigió en misión de adiestramiento al Sur. El 12 de febrero de 1982 retornó a Puerto Belgrano para el mantenimiento que cada año recibía. Aunque se habían instalado tecnologías de radar y misiles, el barco estaba en malas condiciones de turbinas y no podía alcanzar más de 18 nudos. Para un buque de guerra, una lentitud casi suicida.

Mientras, se corporizaba el ambiente bélico entre Buenos Aires y Londres. Era evidente que las cosas se tornaban graves, porque los trabajos en el “Belgrano” tuvieron que detenerse, ya que los obreros que trabajaban en su mantenimiento tuvieron que consagrarse a las demás unidades. Al igual que la mayoría de los argentinos, el 2 de abril de 1982 la tripulación se informó sobre la realización de una operación anfibia que el resto de las unidades de la flota habían llevado a cabo para recuperar el archipiélago.

Con premura, el buque recibió al resto de la tripulación para tiempos de guerra y completó 1.091 marinos, además de dos civiles que trabajaban en la cantina y que rehusaron dejar el barco, aunque sabían que zarpaban en misión de guerra. De hecho, fueron los primeros en morir, ya que el torpedo británico que se incrustó primero contra la vieja estructura, dio precisamente en su lugar de trabajo.

Los británicos habían enviado dos submarinos nucleares y estipulado una zona de exclusión de 200 millas, con las Malvinas como centro geográfico. El ARA “General Belgrano” zarpó el 16 de abril de 1982 con la orden de estacionarse en la isla de los Estados y seguir un rumbo paralelo a la costa. Su misión consistía en vigilar los accesos por el Sur al teatro de operaciones, interceptar unidades enemigas, disuadir en el marco regional y evitar el contacto táctico con unidades del enemigo que estuvieran dotadas de misiles mar-mar. Su base de reabastecimiento era Ushuaia. También recibió orden de navegar en silencio porque las unidades británicas podían encontrarse en las inmediaciones.

El 19 de abril, el Belgrano llegó a su lugar de destino, donde realizó ejercicios de tiro y se constató que había problemas en la munición de las ametralladoras de 40 milímetros. Después de hacer escala en Ushuaia, el 24 de abril zarpó de nuevo hacia la isla de los Estados. Ese mismo día, los argentinos descubrieron a la primera fuerza de tareas británica que se dirigía al teatro de operaciones. Se trataba de dos portaaviones y siete destructores.

Al “Belgrano” se le ratificaron sus órdenes y recibió autorización para usar cualquier armamento en contra de las unidades británicas que descubriera. Pero su helicóptero no pudo hacer gran cosa. El 1º de mayo, el grueso de las unidades británicas bombardeaba las islas Malvinas y al día siguiente, se desencadenó el drama. Tres torpedos del submarino británico hundieron a un barco que por entonces, tenía 44 años de antigüedad. Su naufragio costó demasiadas vidas que todavía duelen. En particular, la de aquellos 102 conscriptos que tenían buena parte de su vida por delante.