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19/04/2018

La ideología del colonialismo todavía prevalece

Algo más un año y medio atrás, comenzó a desencadenarse contra el pueblo mapuche una ofensiva mediática, política, jurídica y represiva que no reconoce precedentes desde la finalización de la Campaña al Desierto.

Pero en términos generales, hay que hacer memoria: durante el período gubernamental anterior, se prolongó un acampe sobre la avenida 9 de Julio que impulsaron pueblos indígenas del Norte, sin que jamás la entonces presidenta cruzara palabras con ellos.

Todavía están abiertas las heridas que suponen las muertes de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel, pero durante la “década ganada” fue espeluznante la estadística que llevó el entonces Consejo Plurinacional Indígena, un ámbito donde convergieron diversos pueblos originarios que habitan en la jurisdicción argentina. A fines de 2013, la mejor consigna que pudieron elevar fue tan dramática como significativa: “Ni un indígena muerto más”.

Por entonces, cuando aún faltaban dos años para el recambio gubernamental, la cuenta arrojaba 12 indígenas o campesinos ultimados desde 2003 hasta ese año, en general en el marco de conflictos que tuvieron como detonante el corrimiento de la frontera agrícola, es decir, una de las aristas del “modelo”. Desde estas perspectivas, cuesta ponderar la celebración del 19 de abril como Día del Aborigen Americano.

Se trata de una efeméride cuyo origen fue ajeno a los movimientos indígenas aunque en los últimos años, se asiste a una re-significación de su contenido. Ese día de 1940 se celebró en México el primer Congreso Indigenista Interamericano, que derivó en la Conferencia Interamericana Indigenista. Su objetivo fue salvaguardar y perpetuar las culturas aborígenes del continente. En aquella ocasión, participaron representantes de poblaciones autóctonas de diversas regiones de América y se habló de la situación social y económica de los pueblos indígenas, de sus problemas y sus necesidades.

La Conferencia produjo un documento que creó el Instituto Indigenista Interamericano, con sede en México y en dependencias de la Organización de Estados Americanos (OEA). De ahí que el 19 de abril se instituyera el Día Americano del Indio, en conmemoración a esos acontecimientos. Desde entonces, los países de América celebran la fecha para poner de relieve a quienes habitaron originariamente tan extenso territorio y desarrollaron antes de la llegada de los europeos, las primeras expresiones culturales.

Casi ocho décadas después, los pueblos indígenas de América siguen debatiéndose entre la pobreza y la postergación. Las cosas evolucionaron desde 1940 hasta hoy y algunos conceptos envejecieron mal: probablemente ningún pueblo originario se considere indio en la actualidad, ya que el gentilicio corresponde a los habitantes de India. Los originarios de aquí son apaches, guaraníes, quechuas, mayas, mapuches, hurones, cherokee, yanomamis, koyas, selk’nam e infinidad de expresiones más.

En el presente, los pueblos originarios admiten la igualdad ante la ley que pregona la modernidad, pero reclaman se tenga en cuenta su especificidad cultural, diferente en sus pautas a las culturas dominantes. Piden también se les reconozca el derecho al territorio, del que fueron injustamente despojados, además de la posibilidad de formarse según sus valores e idiomas, entre otras aspiraciones.

La Argentina adhirió al documento mexicano e instituyó al 19 de abril en 1945, mediante un decreto del Poder Ejecutivo Nacional. Desde entonces, el país es miembro permanente del Instituto Indigenista Interamericano de la OEA y adhiere a esta fecha, que se considera reivindicatoria de los derechos de los aborígenes. Esos antecedentes institucionales hoy pueden leerse como los primeros pasos de un largo camino que hasta el momento, condujeron a la adopción por parte de la Asamblea General de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.

El documento sostiene varios postulados de trascendental importancia que de todas maneras, durante mucho tiempo no se tuvieron en cuenta. Por ejemplo, afirma “que los pueblos indígenas son iguales a todos los demás pueblos” pero reconoce “al mismo tiempo el derecho de todos los pueblos a ser diferentes, a considerarse a sí mismos diferentes y a ser respetados como tales”.

También destaca “que todos los pueblos contribuyen a la diversidad y riqueza de las civilizaciones y culturas, que constituyen el patrimonio común de la humanidad”. Como sabemos, durante muchísimo tiempo se pensó que la única cultura posible era la europea. Es más, todavía hay muchos comunicadores, políticos, docentes, sacerdotes y demás formadores de opinión que así piensan.

De ahí que la ONU considerara necesario sostener que “todas las doctrinas, políticas y prácticas basadas en la superioridad de determinados pueblos o personas o que la propugnan aduciendo razones de origen nacional o diferencias raciales, religiosas, étnicas o culturales son racistas, científicamente falsas, jurídicamente inválidas, moralmente condenables y socialmente injustas”. A la luz de los sucesos que traíamos a colación, queda claro que esa ideología colonizadora todavía prevalece.