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03/11/2015

Falleció William Reynal, el creador de las temporadas de invierno

El empresario William Reynal falleció este lunes por la mañana, en la ciudad de Buenos Aires. Tenía 84 años y es considerado un referente en el turismo argentino y en particular de Bariloche, donde creó la temporada de invierno. “Billy”, como lo llamaron la mayoría de sus amigos y compañeros de trabajo, será sepultado este martes en un cementerio privado de Buenos Aires.
Falleció William Reynal, el creador de las temporadas de invierno
Falleció William Reynal, el creador de las temporadas de invierno

Su gestión marcó un punto de inflexión en la historia turística de Bariloche. En los años 30 el arquitecto Exequiel Bustillo modernizó la ciudad y creó el turismo de verano. Por su parte Reynal "inventó" la temporada de invierno, a fines de los 60.

Sus datos familiares indican que es el mayor de cinco hermanos y padre de nueve hijos, producto de cuatro matrimonios. Asimismo, es el tío de Ginette (la modelo) y Madelaine (la gimnasta).

Después de incursionar en el turismo se vinculó con los negocios petroleros y llegó a tener el 45 por ciento de las acciones de Petrolera Patagónica, empresa que nació a principio de los 80 como una petroquímica asociada con Dow Chemical para operar en la zona de Bahía Blanca. En sociedad financiera con Pérez Companc, Reynal explotaba uno de los yacimientos petroleros más ricos del territorio argentino: Puesto Hernández. También trabajó en Manhattan para el grupo Macri, en negocios  inmobiliarios en el West Side neoyorquino.

Sus conocidos no dudan en definirlo como un "empresario representativo de la aristocracia porteña". Sus ideas liberales lo obligaron a exiliarse durante el gobierno de Perón y también bajo la dictadura militar.
William Juan Reynal nació un año después de fundarse el Club Andino Bariloche, en los Estados Unidos, radicándose su familia en Argentina cuando el pequeño Billy tenía sólo nueve meses. Con la mayoría de edad optó por la ciudadanía argentina, relegando su nacionalidad de origen. A los veinte años comenzó a trabajar en los campos que su familia poseía en Corrientes.

Bajo la presidencia de Juan Domingo Perón comenzó a tener diferencias políticas importantes: lo expulsaron de la universidad y luego fue encarcelado. Decidió emigrar hacia los Estados Unidos en 1953. Tras la caída de Perón regresó a la Argentina en 1957. Como representante de un banco neoyorquino inició un trabajo que mantendría durante muchísimos años: la parte financiera de los negocios petroleros. En ese rol y con sólo 27 años, firmó junto con Carlos Alberto Pérez Companc, el presidente Arturo Frondizi y Rogelio Frigerio el primer contrato petrolero que hizo el Estado argentino con empresas privadas.

Iniciada la década del 60 ingresó al negocio aeronáutico, por intermedio de su suegro, quien junto a Gregorio Pérez Companc dirigía la aerolínea Aerotransporte Litoral Argentino (ALA), "rival" y competidora de Austral, fundada por las familias de Ridder y Menéndez Behety. No pasó mucho tiempo para que Reynal "convenza" a sus competidores de que lo mejor era asociarse.

Billy viajaba periódicamente a Bariloche, donde había adquirido un chalet en Villa Tacul. Su tía, Catalina Reynal, apoyaba económicamente a un grupo de jóvenes esquiadores locales para que se dediquen al esquí deportivo. Ello permitió que el empresario se familiarice con los deportes de la nieve y descubra rápidamente que el invierno estaba turísticamente muy poco “explotado”.

Catalina le presentó a uno de sus alumnos: Pablo Rosenkjer, quién se convirtió desde entonces en su asesor y consejero en materia de turismo invernal. En 1968 quedó conformada la empresa Lagos del Sur y se instalaron las primeras aerosillas en las pistas.

Controlando la empresa aérea Austral y la concesión de los medios de elevación en cerro Catedral, por intermedio de Lagos del Sur S.A., Reynal creó en 1970 Sol Jet, la empresa de viajes y turismo que inició la comercialización del invierno en Argentina. Por primera vez el esquí se vendía en paquetes que incluían el viaje en avión, el hotel, las comidas y las clases, entre otros servicios. La aceptación del público fue muy importante, todo el jet set porteño y los sectores más pudientes pasaron sus vacaciones a través de esta empresa.

Nacía el "boom de la nieve" y los vuelos charter transportaron a miles de visitantes hacia Bariloche. Sol Jet pasó a ser la marca más poderosa que haya operado una agencia de viajes y turismo: en su época de gloria vendió 55.000 paquetes charter a Bariloche, y Austral superó el millón y medio de pasajes anuales.

El éxito obligó a buscar alternativas complementarias al Catedral. De esta manera Reynal puso sus ojos en Chapelco. Rosenkjer aseguró que "Chapelco se proyectó sobre una montaña vacía y se pudo hacer un trabajo integral”.

En 1972, Reynal adquirió el 51 por ciento de la empresa de transporte lacustre del lago Nahuel Huapi, Turisur S.R.L. El crecimiento del grupo empresarial fue más que vertiginoso. Entre los años 1972 y 1980 facturó centenares de millones de dólares. En Catedral el grupo manejaba todos los servicios a excepción del Cable Carril. También regentearon el hotel Catedral y el hotel Italia, que bautizaron "Sol Bariloche".

El grupo se derrumbó en setiembre de 1980. Durante 1981 sus empresas fueron administradas desde el Estado por intermedio de su personal gerencial. Los primeros meses de 1982 el gobierno licitó Lagos del Sur y le entregó Catedral a los empresarios Varela, Santa Cruz y Eiras. Nació así Ladobueno S.A. Turisur SRL fue la única firma que se salvó del colapso financiero y mudó sus oficinas a pocos metros, hacia la calle Quaglia.

William Reynal regresó a Catedral con su hijo Juan Pablo en 1997 y lo operaron hasta fines 2001. En este período reposicionaron el centro invernal en las principales agencias del turismo internacional, instalaron las aerosillas Séxtuple y Cuádruple, pero se endeudaron más de la cuenta.    

Durante el invierno de 2001, Catedral estrenó los modernos pases magnéticos para los medios de elevación, con equipos provistos por la empresa austríaca “SkiData”, que permiten ascender sin la exhibición de las tarjetas. El 20 de noviembre, Reynal anunció que su empresa se presentó en convocatoria de acreedores, “por no poder afrontar los altos intereses que acarrea la deuda financiera”.

William presentó a quien sería su “capitán de tormenta”, el empresario barilochense Alberto Lamota, a quien confirmó al frente de las operaciones en la montaña. Explicó que él se dedicaría a monitorear la convocatoria de acreedores. Reiteró una y otra vez que sus problemas son “exclusivamente financieros, no económicos” y que “la empresa es viable, a pesar de no poder atender sus obligaciones financieras dentro de las actuales circunstancias”.

El tiempo confirmó que Reynal tenía razón. Lamota logró sacar la empresa a flote y en pocos años modernizó íntegramente la montaña, la que en el 2004 se unificó. Pese a ello, ninguno de los dos perduró en la empresa. Reynal se retiró de la sociedad y Alberto Lamota falleció, paradójicamente, en un accidente de esquí, en Catedral.

Sería justicia

Cada vez que parte una personalidad importante de otros tiempos barilochenses, volvemos a caer en la cuenta de la necesidad de brindar el homenaje que corresponde a quienes han hecho y hacen a la historia grande de nuestra ciudad.

Calles, plazas, espacios públicos en general admiten, y deberían tener, denominaciones que remitan a quienes han hecho un aporte importante a las distintas áreas de nuestro quehacer cotidiano.

El camino podría ser muy simple: que la municipalidad reciba sugerencias, a través del organismo que crea conveniente, y que el trámite se complete con la participación popular, posibilitando el apoyo para tal o cual iniciativa que le dé a nuestros lugares, nombres que podamos sentir como propios y que nos ayuden a construir identidad.

No se trata de desconocer, por supuesto, a los grandes héroes nacionales o regionales.

Por el contrario, el planteo consiste en complementar las denominaciones ya existentes con nombres que rindan homenaje y al mismo tiempo nos lleven a pensarnos en nuestro destino común.

Escapando a la polémica de bajo vuelo que alguna vez dividió a los NyCs (Nacidos y Criados)  y no NyCs, encontraremos más acá o más allá en el tiempo un sinnúmero de ejemplos, en todas las actividades, de personas que ya no están o, mejor aún, que todavía viven, y que merecen el aplauso de pie o el respetuoso silencio que significan un cartel, una plaza o una calle.

José Antonio Jalil, Pablo Rosenkjaer, Vicente Ojeda, Aníbal Eggers, Yeyé Hernández, Chingolo, Gabino, Pastor Méndez… la lista sería variopinta y casi interminable.

En esa lista, seguramente zigzagueante pero de fácil coincidencia, sin lugar a dudas debería figurar Billy Reynal.