Sociedad
14/01/2015

Ultima entrevista a Ronald Richter, el científico que engañó a Perón

HISTORIA DE LA ISLA HUEMUL - En la continuidad del informe presentado por El Cordillerano hace unos días, publicamos hoy la última entrevista al ideólogo del Proyecto Huemul: Ronald Richter. Entre manías persecutorias, atisbos científicos, fantasías y secretos, el seductor de un presidente para que generara un plan de poder nuclear devolvió medallas y títulos y se refugió en la modestia sur del conurbano bonaerense.

Ultima entrevista a Ronald Richter, el científico que engañó a Perón
Richter en su laboratorio de la isla en la década del 50.
Hace poco más de dos décadas, el periodista Francisco Juárez estaba obsesionado con entrevistar a Ronald Richter, el ideólogo del proyecto nuclear en la isla Huemul.

Vale decir, que a principios de setiembre de 1984 un programa de tv lo dio por muerto, pero fue una falsa alarma. Lo que Juárez se enteró tras esta falsa noticia, es que Richter residía en la localidad de Monte Grande.
Richter resultó el habitante iracundo de una casa modesta de la periferia urbana a fines del invierno de 1984. El mayor lujo del "chalet" Richter -un frente de lajas- estaba inconcluso, las persianas deterioradas y bajas, el líving austero y la cocina -casi en penumbras- un tanto franciscana, según contó el periodista.
La esposa -Ilse Aberdt- les sirvió el café. Por entonces, con 75 años lucía algo bohemio y menos soberbio del obeso personaje nuclear que lució aquel sábado 24 de marzo de 1951cuando al presidente Juan D. Perón anunció a numerosos periodistas -y al mundo-, que "el 16 de febrero de 1951, en la planta piloto de energía atómica en la isla Huemul de San Carlos de Bariloche, se llevaron a cabo reacciones termonucleares bajo condiciones de control en escala técnica" a cargo de Richter.
Cuatro días después, en el Salón Blanco de la Casa Rosada -frente a una Evita ya demacrada por la enfermedad-, "el sabio" recibió la medalla de la lealtad peronista y el título Doctor Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires.
"Ambas cosas las devolví a Perón, acompañándolas con una carta en la que le explicaba que era idiota dar una medalla de la lealtad a un científico. También me pareció idiota que el Presidente quisiera hacerme un monumento en lo más alto de la isla Huemul. Primero hagamos los reactores, le dije", señaló el propio Richter.
Se fue a vivir a Monte Grande y en los primeros años se paseaba con su Cadillac descapotable y frecuentaba los bares de la estación. Después pasó a hacer vida de jubilado en su casa de Brown y Berasain, un chalecito que aun está en pie.
En Bariloche, hasta el anuncio presidencial de marzo del año 51, todo fue rumor, secreto oficial y silencio del semanario La Voz Andina, pasado al justicialismo bajo la dirección de Carlos H. Alfano.
Fronteras afuera, los homenajes presidenciales a Richter parecieron un papelón internacional, sin embargo, este austríaco que había nacido en Falkenau (transferida luego a Checoslovaquia) el 21 de febrero de 1909, tenía decidido tomar la vida con el desenfado de un científico sin arriendo.
El rasgo que más trascendió junto al Nahuel Huapi, fue su paranoia contra supuestos espías. En la primera visita de medios de prensa a la isla (el 24 de junio de 1951) se mostró nada científico y muy familiar para las fotos (incluso con su hija Mónica nacida en Bariloche a mediados del año '50), pero confesó que lo vigilaban: "Hay alguien espiándome con largavistas desde la ladera del cerro Otto", acusó.
En la entrevista en Monte Grande, más viejo, nada obeso, dio muestras de altibajos emocionales con asomo del perfil maniático que le consiguió fama entre los científicos autóctonos.
“Dos ingenieros navales que trabajaron en la construcción de los edificios de la isla, Constantini y Vacca, tenía orden de espiarme e informar a González sobre mis movimientos. Por otra parte su propio hijo, que entonces era capitán, me había sido impuesto como ayudante administrativo. Yo estaba rodeado de espías y saboteadores", recordó el austríaco en 1984.
Y no sólo eso: "Yo daba instrucciones para que se edificara y alguien daba la contraorden y destruían lo que había hecho. Así fue todo el tiempo. Ese es el sabotaje del que era víctima y que propiciaba el coronel González en su conspiración contra Perón. ¿Por qué la conspiración? Ah, política. Cosa de políticos".
"Cuando llegamos a la isla me hablaron del hallazgo de una tumba aborigen. Dijeron que era circular y que se encontraron algunos collares y otros adornos”, le dijo Richter a su entrevistador.
Doctorado en física en la Universidad de Praga, pasó la guerra en un laboratorio que su padre le montó en Berlín. "Una vez terminada la guerra deambulé por Alemania, Francia, Inglaterra, Holanda y Dinamarca, pero volví a Londres invitado a dar una charla por la Sociedad Científica", contó Richter.
En 1954 se retiró degradado a vivir en esa casa a 30 kilómetros de la Casa Rosada. Todavía se levantaba temprano, leía el Buenos Aires Herald y "estudiaba". Dado por muerto o bien vivo, pero oculto en San Vicente, cerca de la quinta de Perón; decían verlo por Washington o en Tel Aviv. Un enigma. "No tengo pasaporte. Me lo quitaron con la ciudadanía en el '55. Pero salgo y entro del país cuando quiero. Después de Huemul conseguí otro trabajo, lo cumplo, pero siempre me espían", se quejó para cerrar la afirmación burlona.
También le prometió, para el año siguiente, publicar su libro "Proyecto Huemul". Sin embargo, la isla Huemul siempre será un enigma, porque Richter nunca escribió su libro.

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