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22/10/2026

Remaba solo en el mar revuelto, aparecieron 10 delfines y lo que pasó después fue increíble

Daniel Teramo salió a navegar con su tabla de SUP en Las Grutas y vivió un encuentro inesperado que duró cerca de una hora. Mirá cómo fue el momento a través de un video.
Daniel Teramo y una inolvidable experiencia, una más para el cuaderno. Foto gentileza.
Daniel Teramo y una inolvidable experiencia, una más para el cuaderno. Foto gentileza.

Un multifacético influencer llamado Daniel Teramo tenía pensado salir a remar como tantas otras veces, pero terminó protagonizando una experiencia que difícilmente olvide. En medio de la lluvia y con el mar revuelto, se encontró con unos diez delfines que comenzaron a saltar a su alrededor mientras navegaba en Las Grutas sobre su tabla de Stand Up Paddle (el deporte donde se rema parado arriba de una tabla).

Para el medio NoticiasNet, contó que todo ocurrió de manera inesperada. Había ido hasta la costa y, aunque el clima no acompañaba, decidió meterse al agua de todos modos. No llevaba traje de neoprene y hasta había guardado el celular en una bolsa para evitar que se mojara.

“Cuando estoy remando, empiezan a saltar los delfines. Nada más, fue una locura. Empezaron a saltar diez delfines al lado mío”, relató.

La sorpresa fue tan grande que, por momentos, le costaba decidir si seguir remando o sacar el teléfono para registrar lo que estaba viendo. Finalmente, se arrodilló sobre la tabla, sacó el celular y comenzó a filmar, aunque los animales ya se habían alejado un poco.

Video

 
 
 
 
 
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Después volvió a ponerse de pie y siguió remando. Los delfines reaparecieron y el espectáculo continuó. “Me empujaban, me saltaban al lado de la tabla. Era como que estaban jugando conmigo”, contó entusiasmado.

 

Una hora entre saltos y movimientos inesperados

El encuentro no duró apenas unos minutos. Según calculó Daniel, estuvo cerca de una hora acompañado por los animales, que aparecían de un lado y del otro de la tabla.

“Yo remaba un cachito, los delfines venían y me saltaban atrás”, recordó.

Mientras intentaba filmar, también podía ver cómo se desplazaban por debajo de la superficie. Aunque el agua estaba muy movida y las imágenes no lograban mostrar todo lo que él observaba, desde la tabla podía distinguirlos con claridad.

“Yo los veía pasar por abajo de la tabla. Tenía un cagazo, decía: ‘Estos van a saltar, me tocan y me hunden’”, relató entre risas.

El temor no era que los animales fueran a atacarlo, sino que alguno saltara demasiado cerca, golpeara la tabla y terminara haciéndolo caer al agua. La situación se volvía todavía más desafiante porque estaba lejos de la costa, con frío y en condiciones poco favorables para remar.

“Me iban a empapar encima, porque saltaban. No se imaginan el cagazo que me pegué”, contó.

Aun así, la posibilidad de registrar el momento pudo más que cualquier otra preocupación. Daniel realizó varios videos y compartió algunos con conocidos, que tampoco podían creer lo que había sucedido. “Si lo querés guionar, no te sale”, resumió.

 

Desde la bajada uno hasta más allá de la restinga

Daniel había ingresado al mar por la Primera Bajada, el sector donde suele dejar su camioneta e inflar la tabla antes de salir a remar. Sin embargo, entre los movimientos del agua y el tiempo que pasó intentando filmar a los delfines, terminó bastante más lejos de su punto de partida.

Según calculó, llegó hasta la zona de la Séptima Bajada y quedó detrás de la restinga, a unos 1.500 o 2.000 metros mar adentro.

“En un momento empecé a calcular dónde estaba porque vi el casino. Dije: ‘No, si no empiezo a remar ahora, no vuelvo más’”, recordó.

La escena lo obligó a prestar atención a algo más que a los delfines. Mientras los animales seguían apareciendo, él tenía que recuperar el rumbo y regresar hacia la costa.

Finalmente, después de cerca de una hora, decidió dejar atrás el encuentro y volver. Los delfines se fueron alejando y la salida llegó a su fin.

 

Una sorpresa en medio de la lluvia

El episodio también le recordó otros encuentros con animales marinos que tuvo en la zona, entre ellos uno con lobos marinos. Pero esta vez la experiencia fue diferente por la cantidad de delfines y por la manera en que se movían alrededor de su tabla.

Daniel aclaró que no consultó con especialistas para conocer las razones del comportamiento de los animales y que su impresión fue que pudieron haberse acercado por curiosidad.

Lo que sí tuvo claro fue que se trató de una experiencia excepcional, de esas que aparecen sin aviso y que ni siquiera una cámara alcanza a registrar por completo.

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