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11/10/2026

La historia de la casa sustentable que Juliana Awada construyó en Villa La Angostura

Así construyó Juliana Awada su casa en Villa La Angostura sin talar árboles

Juliana Awada convirtió su conexión con la Patagonia en un proyecto arquitectónico que tiene una particularidad sorprendente: fue diseñado para no talar ninguno de los árboles del terreno. La empresaria construyó una casa sustentable en Villa La Angostura, junto al arquitecto Alberto Rossi, donde cada espacio fue pensado para convivir con el bosque y el paisaje del lago.

La historia de la casa de Juliana Awada comenzó mucho antes de que existieran los primeros planos. A los 22 años, la empresaria viajó por primera vez al sur argentino junto a su madre, su hermana y su cuñado. Aquella experiencia marcó el inicio de un vínculo con la Patagonia que, más de tres décadas después, terminaría convirtiéndose en uno de sus proyectos personales más importantes.

Durante una entrevista con la revista AD, la ex primera dama recordó cómo surgió la posibilidad de construir una vivienda en Villa La Angostura. Años después de aquel primer viaje, invitó a Mauricio Macri, con quien entonces mantenía una relación de pareja, a conocer la región. Juntos encontraron un terreno rodeado de bosque y ubicado a orillas de un lago.

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El mayor desafío apareció antes de comenzar la obra. Juliana Awada tenía una exigencia que condicionaría todo el diseño: preservar la totalidad de los árboles existentes. Para cumplirla, trabajó junto a su cuñado, el arquitecto Alberto Rossi, en una propuesta que permitiera levantar la vivienda sin modificar la distribución natural del bosque.

La solución fue dividir la construcción en distintos volúmenes conectados mediante pasarelas, similares a pequeños puentes entre los árboles. El proyecto también incluyó un estudio de impacto ambiental y tomó elementos de la arquitectura nórdica, especialmente sus líneas simples y materiales resistentes. Con la participación de un equipo de profesionales, la obra se completó en un año y tres meses.

Desde el exterior, la propiedad sorprende por su fachada negra revestida en fibrocemento, un material elegido por su durabilidad y bajo mantenimiento. Los techos fueron diseñados para recolectar agua de lluvia destinada al riego, mientras que los grandes ventanales permiten contemplar el lago y la vegetación desde diferentes sectores de la casa.

En el interior, Juliana Awada priorizó la madera, los tejidos naturales y las piezas artesanales. La decoración incluye alfombras de lana, sofás de cuero con pelo y lámparas elaboradas con vasijas de barro. La cocina ocupa un lugar importante en la distribución, ya que fue pensada como un espacio de encuentro para compartir comidas y reuniones familiares.

La conexión con la naturaleza también forma parte de su rutina cotidiana. La empresaria cuenta con una huerta y un invernadero donde cultiva verduras, flores y hierbas aromáticas como romero, salvia y menta. Allí dedica tiempo a sembrar, cosechar y preparar productos que después utiliza en sus comidas, además de realizar arreglos florales.

De esta manera, Juliana Awada logró transformar aquel vínculo que comenzó durante su juventud en una vivienda adaptada al paisaje patagónico. La decisión de conservar cada árbol determinó tanto la arquitectura como la distribución de los ambientes, dando lugar a una casa donde las soluciones sustentables forman parte de la construcción y de las actividades cotidianas.

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