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09/10/2026

Bariloche a la Carta recibe desde Tilcara a una hacedora de “paisajes comestibles”

Flor Rodríguez, una reconocida cocinera que engalanará esta edición del evento gastronómico.
Una chef que llega desde Jujuy para dejar su impronta en Bariloche. Imágenes gentileza.
Una chef que llega desde Jujuy para dejar su impronta en Bariloche. Imágenes gentileza.

“Participar es un honor”, dice la chef Florencia Rodríguez, porteña de nacimiento y jujeña por elección, acerca de su intervención en Bariloche a la Carta. 

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Flor, que tiene en su historial el distintivo de haber obtenido el Prix de Baron B - Édition Cuisine (considerado uno de los premios de cocina más prestigiosos de la Argentina), intervendrá en un pop-up (una alternativa gastronómica única), el domingo a las 21 en Madurado, junto a Agustín Kurán, de Santiago del Estero, y el barilochense Pablo Quiven. La cocinera está acostumbrada a este tipo de experiencias, ya que ha formado parte de varias, no sólo en la Argentina, sino también en el exterior: “Son súper enriquecedoras. Para nosotros, pero también para el público, que puede disfrutar de comidas de otras latitudes y ver cómo, entre todos, fusionamos sabores, colores y texturas para armar los platos”, señala.

En plena tarea culinaria.

La chef, al hablar de esta ciudad, cuenta: “Cuando era chica iba mucho a Bariloche; parte de mi familia vivía en la zona. Me encantan sus productos y el tipo de cocina que se genera”.

“De la gastronomía patagónica me encantan las cosas que, en donde vivo, no tengo”, sonríe, sumando: “Me gusta mucho el uso de los pescados; también, los hongos”.

Además, resalta la manera en que “otras culturas y tradiciones se fueron desarrollando en el sur, muy diferentes de las que se desenvolvieron en el norte”. En tal sentido, indica: “Cada vez que voy a un lugar de la Patagonia, me resulta fantástico comprender cómo la trazabilidad de diferentes comunidades logró esa mixtura para conseguir la identidad de la cocina patagónica. Hay muchas cosas: desde el guanaco a la trucha, pasando por las algas… Se observa una diversidad de productos que en pocos lugares se encuentra”.

Flor, de las Ciencias Politicas a la cocina.

Cuando realizó sus estudios, Flor iba en otra dirección, ya que la carrera escogida era Ciencias Políticas. Igualmente, cree que la cuestión posee puntos de contacto con lo culinario: “Se combinan en diversos aspectos. Primero, está la estructura que te da una universidad, ya que la cocina también necesita estructura, más allá de la intuición, la creación y la experimentación en una búsqueda de la mejor comida. Para mí, todas las ciencias sociales están involucradas en la gastronomía, y la parte universitaria me ayudó mucho en formarme como cocinera”, desarrolla.

Fernando, marido de Flor, es artista plástico, y en el proyecto gastronómico reúnen cocina y arte.

Asimismo, expresa: “La gastronomía me interesó desde siempre. Cuando uno recuerda su infancia, los aromas y los sabores están muy presentes. Al convertirme finalmente en profesional de la cocina, comprendí que aquello formó mi ADN en lo relativo a las cosas que me gustan preparar y en lo que hace a la manera en que me agrada plantarme y presentarme como cocinera”.

Y reflexiona que, así como la etapa universitaria le brindó apoyo en lo "estructural", de parte de su marido, Fernándo Fernández, que es artista plástico y forma parte del proyecto que llevan adelante en el restaurante El Nuevo Progreso, en Tilcara, recibe una gran cuota de creatividad. “Juntos pudimos hacer una cocina relacionadas con el paisaje, con texturas y cosas profundas”, aprecia.

En la esquina de Tilcara donde se ubica su restaurante.

En lo referido a la forma en que desembocó en Jujuy, recuerda: “Llegué a Tilcara para ayudar a armar un proyecto gastronómico, sin saber que me iba a quedar. Aquí nacieron nuestros hijos. Es un sitio muy especial en nuestras vidas. No sé si me imagino viviendo en otro lugar, aunque me encanta viajar y cocinar en otras ciudades. Tengo muy arraigada la cuestión andina, y donde voy llevo la cultura que poseo desde que nací y también la actual. Esa mezcla la tengo incorporada, tanto en mi forma de cocinar como en la manera de transitar la vida”.

El Nuevo Progreso era la denominación que tenía la casona antigua en la que se instaló el restaurante. Curiosamente, también era el nombre que tenía un almacén del bisabuelo y del abuelo de Flor. “La vida te va conectando por lugares que uno no imagina”, expresa ella, con una sonrisa.

Flor, feliz en Tilcara.

“Creo que mi gastronomía tiene una identidad propia. Está totalmente ligada al lugar donde vivo, a los cerros. Yo digo que es un paisaje comestible”, reflexiona la chef que, desde Tilcara, traerá sus platos a Bariloche a la Carta.

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