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28/08/2026

Hace cuatro años, la muerte de un refugiero conmovió a Bariloche: una película relata su vida

La historia de “Manu” Benítez llegará a la pantalla grande.
Manuel, el refugiero cuyo recuerdo perdura al calor de los vínculos que fue creando durante su vida. Fotos Facundo Pardo.
Manuel, el refugiero cuyo recuerdo perdura al calor de los vínculos que fue creando durante su vida. Fotos Facundo Pardo.

El martes 26 de abril de 2022, cerca de la una de la tarde, Manuel Benítez, con veintinueve años, salió de la casa familiar, en el barrio Quimey Hue, de la zona conocida como El Alto barilochense, para llevar a cabo una jornada más como refugiero.

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Había nevado, pero quería cumplir con su labor. Le preocupaba que, en caso de no ir, el refugio Frey quedaría sin personal (se desempeñaba allí desde pocos meses atrás).

La camioneta de Juan, su papá, estaba averiada. Los colectivos no pasaban. Finalmente, pudo dar con un taxi.

Ya en la montaña, lo sorprendió una tormenta de nieve.

Las condiciones precarias en que se desempeñaba, sin que se le brindaran los elementos necesarios para una seguridad mínima, derivaron en que no pudiera llegar a destino. Le faltaban apenas unos cien metros, y tampoco disponía de un equipo portátil de comunicación (en la altura, la señal de celular se perdía).

Además, quien llevaba la concesión del lugar demoró en dar la alerta pese a que no se tenían señales del muchacho.

Su cuerpo fue hallado a los dos días.

La muerte de Manuel enlutó a la ciudad.

Esta historia, más allá de sacudir a la sociedad local, impulsando incluso marchas en pedido de justicia, llegó a la cineasta Virna Molina, en Buenos Aires, a través de lo que le informaba, desde Bariloche, una de sus hermanas.

Virna posee una conexión con esta ciudad. Oriunda de Buenos Aires, llegó aquí en la adolescencia. Luego, tras hacer el secundario, volvió a tierra porteña, donde estudió cine, para después conformar con Ernesto Ardito, su pareja, un tándem creativo que generó varias películas 

En esta localidad, aún permanecen dos hermanas y sus padres.

“El Frey fue el primer refugio al que subí”, dice Virna, como si la historia de Manu, sin querer, fuera desplegando lazos invisibles de un gran rompecabezas, donde ella misma y Ernesto pasaron a ser dos piezas más.

Porque cuando Virna se interiorizó en el tema, sintió que ahí había una película por hacer. Y Ernesto coincidió.

Virna y Ernesto, en El Cordillerano.

Un dato importante es que la hermana que le fue transmitiendo lo que sucedía en relación con el caso también había sufrido un accidente, no en la montaña, pero yendo a trabajar a ella. Hace más de una década, cumplía tareas para una importante institución local ligada al montañismo. Según narra la cineasta, un día en el que debía ir con un conjunto de personas a realizar una actividad, ante la falta de un vehículo suministrado por la entidad, tuvo que subir en un auto conducido por la madre de uno de los niños que formaba parte de la excursión. Esa persona conducía imprudentemente, lo que derivó en un accidente que dejó lesiones importantes en la hermana de Virna.

La muerte de Manu llevó al reclamo popular.

“Siempre tiene que ver con una cuestión de abaratar costos… El eslabón más delgado de la cadena es el trabajador. Hubo muchísimos sucesos que no terminaron en la pérdida de una vida pero igual fueron graves, y todo se mantuvo en silencio”, apunta la cineasta, refiriéndose a episodios vinculados con labores en la montaña.

De esa manera, aflora una característica que ella destaca: el silencio parece marcar estos temas en la localidad. “Bariloche es una ciudad de pactos de silencio, tal como dijo Carlos Echeverría”, expresa la cineasta, aludiendo a Pacto de silencio, película del mencionado director donde se expone la manera en que muchos que conocían lo que había hecho el criminal nazi Erich Priebke elegían obviarlo y dejar que su existencia transcurriera como si aquello no hubiera sucedido.

El dolor llegó a las calles barilochenses.

Al conmoverse por el fallecimiento de Manuel, Virna se contactó con los padres. Así se convenció que, tal como había sentido previamente, era necesario hacer un filme. Para romper el silencio.

De tal forma, comenzaron con Ernesto a realizar entrevistas a quienes conformaban el círculo de amistades y afectos de Manu.

“Se inició como una película centrada en la muerte de Manuel, pero, con el paso del tiempo y la profundización de la historia, se transformó en otra cosa. El fallecimiento es parte del relato, pero no todo. Porque, mientras trabajábamos, fue creciendo la mirada que él tenía hacia la realidad, cuál era su punto de vista sobre el mundo”, señala Virna, para luego ahondar: “De alguna manera, es un retrato generacional de aquellos que nacieron en los noventa. Centrándonos en la mirada de Manu, por supuesto”.

Una de las marchas en reclamo de justicia culminó con la colocación de velas en el frente del Club Andino.

Sobre el formato que está adquiriendo el proyecto, la cineasta cuenta: “Es un documental, con un registro de la realidad, pero ofrece una búsqueda de una construcción poética”.

Por otra parte, debe destacarse que, con la tecnología que reina en la cotidianidad, la labor toma otro matiz. Al respecto, Ernesto explica: “Como documentalistas, el trabajo cambió. El archivo ahora es dinámico. Por ejemplo, los audios de WhatsApp son un presente continuo. La persona está hablando, no es que alguien rememora algo. De esa manera, Manuel está presente”.

El dolor de Juan, papá de Manu.

La familia dio acceso al material que, por ejemplo, guardada el celular de Manu. También pudieron contar con las imágenes que el joven registró en Europa, durante un viaje que realizó en 2017.

La mamá de Manu, Ximena, es oriunda de Chile. Su hermano, en 1986, tiempos donde aún el dictador Augusto Pinochet estaba en el poder, partió de aquel país y recaló en Suecia, como exiliado político. Él, precisamente, le obsequió a su sobrino los pasajes para que viajara al antiguo continente.

Además de visitar territorio sueco, Manu estuvo en Suiza, Finlandia, Noruega, Alemania…   En los tres meses que pasó en suelo europeo, entre otras cosas, presenció un festival de música donde pudo ver un show de Sonata Arctica —grupo finlandés que estaba entre sus preferidos— y visitó la casa de Ludwig van Beethoven. Y el muchacho registró mucho de aquel viaje. “Aparece narrando lo que está viviendo, para mostrárselo después a la familia”, apunta Virna, quien devela que también existen imágenes de campamentos durante la adolescencia, así como de ensayos de una banda de música que tenía con sus amigos.

Ximena, la mamá de Manu, colocando una vela.

Ernesto, en tanto, destaca que los testimonios que están reuniendo denotan “la importancia que él tenía para otras personas”. Y profundiza: “Era alguien que estaba presente cuando un amigo lo necesitaba. Además, inspiraba. Entonces, sin quererlo, ni ser un personaje famoso, impactó en la vida de muchos. En el documental se ve cómo una persona puede construir otro mundo posible en el día a día, pensando en el prójimo”.

Virna acota: “Esa red de afectos y amor que él construyó durante su vida, de alguna manera, ante la instancia de su muerte, dio lugar a la respuesta de todo un grupo que se levantó —familiares, amigos, refugieros— pidiendo justicia”.

Virna y Ernesto se conmovieron con la historia de Manu y decidieron trabajar en una película.

La cineasta considera que la visión que tenía Manu se enfrentaba con “el paradigma del nihilismo”.

“No era un militante político, pero poseía una mirada hacia la vida en la que resaltaba la construcción social, lo colectivo”, indica.

Justamente, Ernesto subraya que el documental será una manera de eternizar el modo en que el joven veía el mundo: “Estamos haciendo la película con y para la familia. El documental permitirá que Manuel permanezca, que su historia se vea en muchos lugares del mundo, donde, seguramente, la situación de los refugieros es similar”.

Igualmente, ambos vuelven a recalcar que el filme irá más allá de su muerte. En ese sentido, Virna explica: “En principio, aparecía sólo como la víctima de una historia, donde la flexibilización laboral desencadenó la negligencia de quienes eran responsables de su seguridad. Después, al avanzar, aparecieron otros elementos, más allá de aquella primera capa, y se está conformando algo profundo”.

Los refugieros compañeros de Manu.

Ernesto detalla: “Nos encontramos en etapa de rodaje. Luego será la postproducción y, a fines del año próximo, la película estará terminada”. 

Además, comenta que la idea es estrenarla en Bariloche y Buenos Aires, previendo, también, un recorrido por festivales internacionales.

Cabe resaltar que Virna y Ernesto han desarrollado una intensa carrera cinematográfica desde la bautismal Raymundo, dada a conocer en 2003 y centrada en Raymundo Gleyzer, cineasta desaparecido durante la última dictadura militar. Desde entonces, se movieron tanto en el campo documental como en la ficción, con un frutífero recorrido incluso fuera del país, en el ámbito festivalero, obteniendo diversas distinciones.

Manteniendo la llama encendida en honor a Manuel Benítez.

Sobre el filme de Manu, Ernesto considera que será un material que, cuando se exhiba, permitirá desarrollar debates en las salas e imagina, incluso, que Ximena y Juan, los papás del joven fallecido, puedan estar presentes en varias de esas instancias.

Virna, por su parte, aprecia que la película “tendrá un valor social importante” y sostiene: “A medida que fuimos sabiendo de Manuel por medio de lo que relataban quienes lo conocieron, nos dimos cuenta de que había, en su forma de ser, una apuesta permanente por la vida”.

La muerte del joven movilizó a la sociedad barilochense.

La charla se produce en la redacción del diario El Cordillerano. Y, antes de finalizar, se escuchan acordes que llegan desde una escuela de música cercana. Virna reconoce la melodía al piano. “Es la que Manu tocaba en el teclado… Hay un video donde aparece haciéndolo”. Flota en el aire la sensación de que se trata de una especie de señal, y Ernesto vincula la cuestión con otros episodios que sucedieron tras el fallecimiento del joven: “A quienes entrevistamos, que lo conocían, tuvieron un sueño especial con Manuel. Todos. Una especie de mensaje para que continuaran después de su partida”.

Durante la conversación, una melodía "trajo" a Manuel.

“Fue tan fuerte lo que Manuel sembró en su vida que transformó el proyecto. De ser algo sobre la negligencia, pasó a una película sobre la amistad”, reflexiona Ernesto.

“Hay historias que valen la pena ser contadas, y la de Manu es una de ellas”, sentencia Virna.

La película ya tiene título: Manuel y la montaña.

El documental "Manuel y la montaña" promete eternizar el recuerdo de Manu.

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