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28 AÑOS AL FRENTE DE "EL PRÍNCIPE"

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25/08/2026

Peluqueros de sangre: los hermanos Neculman y una tradición que lleva tres generaciones en Bariloche

Un encuentro con los hermanos Neculman en "El Príncipe", una peluquería "de la vieja escuela" con 28 años de historia y amistades.
Daniel (parado) y "Cito" (sentado), muestran dos símbolos de su salón, sus formadores en el oficio y el cuadrito de "El Príncipe" Francescoli. Fotos: Facundo Pardo
Daniel (parado) y "Cito" (sentado), muestran dos símbolos de su salón, sus formadores en el oficio y el cuadrito de "El Príncipe" Francescoli. Fotos: Facundo Pardo

En el Día del Peluquero, los hermanos Neculman abrieron a El Cordillerano las puertas de “El Príncipe”, la barbería que fundaron hace 28 años y que se convirtió en mucho más que un lugar para cortarse el pelo. Son la tercera generación de una familia ligada al oficio y, entre cafés, música, libros y recuerdos, cuentan cómo construyeron una historia que también se escribe en las cabezas de varias generaciones de barilochenses.

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La calle Onelli históricamente siempre fue una arteria ligada a las peluquerías, pero los clientes de El Principe, han seguido sus pasos por Mitre, Elordi, y otros puntos, hasta llegar a la calle “que nunca duerme”. Es que, para sus clientes, El Príncipe no es solo una peluquería de paso, se han forjado amistades entre discos de música, cuadros de películas, revistas (en la época donde un cliente leía una Rolling Stones mientras esperaba su turno) y cafés.

Vecinos del barrio Lera, han visto a sus clientes tener hijos y esos hijos hoy pasan a saludar ya convertidos en adultos. Este martes, Día del Peluquero, El Cordillerano fue testigo del regalo de un cliente de Jacobacci que les dejó un billete para exponer entre los artículos vintage que adornan la peluquería.

 EC—¿Cómo comenzó esta historia familiar con la peluquería?

Luis “Cito”: Somos tercera generación. Todo arrancó con mi tío Farolito, después siguió mi tío Hugo y después nosotros. A los 15 años yo ya sabía que iba a ser peluquero. Mi tío me decía: “Vos no vas a pagar para aprender a ser peluquero, yo te voy a enseñar”. Y así fue.

Daniel: Yo también lo supe desde siempre. De toda la vida sabía que iba a ser peluquero. Siempre le miré la cabeza a la gente (cuenta entre risas). Me gusta hacer cortes clásicos, crestas y peinados rock and billie.

EC—Y después llegó “El Príncipe”. ¿De dónde salió el nombre?

Cito: Yo soy fanático de River y el nombre es por Enzo Francescoli, el “Príncipe”. Daniel es de Boca, pero por suerte aceptó el homenaje.

Daniel: Sí, no hubo problema. Lo importante era que el nombre quedara. Y hoy ya son 28 años de “El Príncipe”, lo que sí el cuadrito (de Francescoli autografiado) lo quiero bien arriba, no lo quiero cerca jaja.

EC—El que entra al local se encuentra con algo bastante distinto a una peluquería tradicional.

Cito: Sí, nos gusta que haya otra cosa. Hay cuadros de películas, artistas, libros, vinilos, CDs, casetes. Está El juguete rabioso, las Aguafuertes porteñas de Arlt... Nos gusta el arte y que el lugar tenga identidad.

Daniel: Hay buena charla, buena música, siempre buena onda a pesar de las cosas que pasan. Siempre buscamos que haya armonía. Nos encanta el arte.

EC—¿Y qué pasa mientras cortan el pelo?

Cito: Se habla de todo. De la vida, de lo cotidiano, de la familia. No profundizamos demasiado, pero hablamos, de cómo crecieron los hijos. Hay padres que venían con sus hijos cuando tenían cuatro años y ahora esos chicos pasan a saludar siendo hombres.

Daniel: Eso es algo hermoso. Hay nenes que les cortábamos de chicos y hoy ya formaron su familia. Así van pasando las generaciones.

Cito: Algunos se fueron a estudiar afuera y después vuelven crecidos, incluso con familia. Esas cosas también forman parte de nuestro trabajo.

EC—Entonces, además de cortar el pelo, hay mucho de escuchar.

Cito: A la gente le gusta ser escuchada. Nosotros somos de prestar la oreja. A veces a la gente le hace bien descargarse un poco, hablar y recordar que siempre se puede salir adelante.

EC—¿Qué cambió en estos años?

Cito: Muchísimo. Hoy los jóvenes están a pleno con las redes sociales y se copia mucho el corte de los futbolistas. Hay mucho degradé. Hoy muchos chicos quieren ser barberos y hay un boom. No sé si será una moda pasajera o algo que se va a mantener.

Daniel: Lo nuestro es más clásico. Tratamos de mantener nuestro estilo.

EC—¿Qué tiene que tener un buen peluquero?

Daniel: Ganas y amar su oficio.

Cito: Totalmente. Amar lo que hacés, si te nace. A mí mi tío me formó como peluquero, pero también me inculcó valores: ser buena persona, ser humilde, no creérsela. Yo soy bueno en lo que hago, pero siempre con humildad. No me creo mejor que los demás.

EC—¿Qué significa para ustedes llegar a este Día del Peluquero?

Cito: Es una fecha especial. Quiero mandarles un cariño a todos los colegas, a los contemporáneos de la zona. Hay muchos y todos la luchamos juntos. Y también recordar a los que ya no están: Huguito, Farolito, don Hernández, la mamita Hilda. Los llevamos en el corazón.

Daniel: A todos los colegas les deseo que disfruten su día y que disfruten de la familia.

EC—Después de 28 años, ¿qué es “El Príncipe” para ustedes?

Cito: Es nuestra vida. Acá pasaron generaciones de personas. Es un lugar donde se comparte, donde se charla, donde uno conoce historias. Y eso es lo lindo de este oficio.

Daniel: Es la buena onda, la música, el arte, la gente. Es todo lo que fuimos construyendo durante estos años.

Y mientras las tijeras siguen trabajando, la historia familiar también continúa. Tres generaciones de peluqueros después, los hermanos Neculman siguen detrás del mismo oficio que aprendieron en casa: cortar el pelo, escuchar al otro y, de paso, ser parte de la vida de quienes pasan por “El Príncipe”.

 
 
 
 
 
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