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CONOCIENDO A LAS ASPIRANTES

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05/08/2026

Reina de la Nieve 2026: ¿quién es la candidata con el número 1?

Lucía Vargas, una apasionada de la danza.
El otoño es la estación del año favorita de Lucía. Imágenes gentileza.
El otoño es la estación del año favorita de Lucía. Imágenes gentileza.

“Siempre digo con orgullo que soy nacida y criada en esta ciudad”, dice Lucía Vargas, quien porta el número 1 entre las candidatas de este año a Reina de la Nieve.

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“Acá están mis recuerdos de infancia, mis afectos, mis primeros sueños y muchas de las experiencias que me formaron como persona. Eso hace que representar a mi ciudad tenga un significado muy especial para mí”, señala Lucía, que nació el 20 de noviembre de 1991.

En la montaña, a pura alegría.

La aspirante a monarca cuenta que, durante mucho tiempo, su vida sólo estuvo enfocada en estudiar y trabajar en el área administrativa y de atención al cliente. “Era un camino que transitaba con responsabilidad, pero había una parte mía que latía muy fuerte: la artística”, indica, detallando: “La danza siempre fue ese lugar donde expresarme, sentirme libre y conectar con quien realmente soy”.

De tal forma, apunta: “Con el tiempo entendí que no quería seguir postergando esa parte de mí por miedo. Me di cuenta de que muchas veces había dejado pasar oportunidades porque pensaba que no estaba preparada o que simplemente no eran para alguien como yo”.

En ese sentido, afirma: “Postularme como candidata fue mucho más que inscribirme en un certamen. Se trató de una forma de cambiar el rumbo, de animarme a escribir una historia distinta y de demostrarme que nunca es tarde para empezar a creer en uno mismo”. 

Así, reconoce: “Si hace unos años me hubieran dicho que iba a estar viviendo esta experiencia, sinceramente, no lo hubiese creído”.

“Hoy siento que este camino ya me transformó, me permitió descubrir una versión de mí más segura, auténtica y dispuesta a abrazar los desafíos, incluso cuando dan miedo. Y ese, para mí, ya es el premio más importante”, asegura.

De pequeña.

Lucía cuenta que su abuela ocupa un lugar muy especial en su vida. “Es el corazón de la familia y quien, de alguna manera, siempre logra reunirnos”, resalta, para luego sumar: “Crecí en una familia muy trabajadora, donde me enseñaron que las cosas se consiguen con esfuerzo, compromiso y humildad. Pero, sobre todo, me inculcaron el valor de la unión. Una de las tradiciones más lindas que tenemos es, precisamente, juntarnos todos los domingos a almorzar en la casa de mi abuela. Es un momento que cuidamos mucho porque, más allá de las obligaciones de cada uno, siempre encontramos un espacio para compartir, reírnos y estar juntos. Creo que esos encuentros simples son los que más me marcaron y los que hicieron que hoy valore tanto a la familia y el tiempo compartido”.

En la nieve.

La aspirante a monarca devela que su familia (sus padres, su hermano, su abuela) se enteró de la decisión de participar en el certamen cuando ya había quedado preseleccionada. “Primero quise animarme yo, sin saber qué iba a pasar, y recién cuando recibí la noticia se los conté”, sonríe.

“Desde ese momento, me acompañan muchísimo. Están muy orgullosos porque saben que detrás de esta experiencia hay mucho más que un certamen. Se trata de atravesar desafíos, exposición, nervios, aprendizaje y el valor de animarse a salir de la zona de confort”, manifiesta.

Justamente, comenta que se emociona al percibir cómo sus familiares observan el modo en que transita este momento. “Muchas veces los noto con los ojos llenos de emoción, felices de verme vivir algo que nunca imaginé para mí. Ese orgullo y ese apoyo incondicional me dan mucha fuerza”, comenta.

Haciendo trekking.

“Tengo la suerte de encontrar referentes en las personas que forman parte de mi vida. Mi mamá me enseñó el valor del trabajo, la constancia y el compromiso. Mi papá me transmitió el respeto por los demás y la importancia de tratar a cada persona con humildad. Y mi abuela es un ejemplo de fortaleza y entrega, nunca busca excusas y, a pesar de las dificultades que tenga, siempre está para los demás, brindándose por completo”, asevera.

“Admiro a las personas simples y humildes, a quienes trabajan en silencio y hacen el bien sin esperar reconocimiento. Me inspiran quienes son consecuentes con lo que piensan, con lo que sienten y con lo que hacen. Creo que esa coherencia habla de la esencia de cada uno, y es un valor que intento cultivar todos los días”, observa.

Salida al lago en el verano.

Respecto a sus amistades, relata: “Tengo amigos de distintas etapas y ámbitos de mi vida, y todos, de una u otra manera, me hacen llegar su cariño. Atesoro muchísimo cada mensaje, cada palabra de aliento y cada gesto de apoyo. Todo eso hace que este camino sea aún más especial”.

En cuanto a las imágenes que retiene en su memoria de momentos de su infancia vinculados con la Fiesta de la Nieve, evoca: “De chica recuerdo ir con mi familia al cerro Catedral y vivir ese clima que se generaba entre vecinos y turistas. Me fascinaba ver la bajada de antorchas iluminando la montaña. También me acuerdo de cómo disfrutaba de las distintas actividades, de los espectáculos… pero nunca imaginé que algún día iba a estar del otro lado, viviendo esta experiencia como candidata. Creo que por eso ahora disfruto tanto”.

En lo alto, disfrutando.

Al ahondar en su trayecto vivencial, Lucía narra: “Estudié Administración de empresas y también Antropología sociocultural, dos caminos muy diferentes que, de distintas maneras, me enriquecieron. La Administración me dio herramientas para organizarme y trabajar con responsabilidad, mientras que la Antropología despertó aún más mi interés por comprender las distintas realidades, escuchar y conectar con las personas desde la empatía. A lo largo de mi vida trabajé en diferentes áreas. En la actualidad también me desarrollo en el ámbito artístico. Bailo en eventos y doy clases particulares de danza. Muchas veces esas clases son para turistas que visitan Bariloche, algo que disfruto profundamente, porque, a través de la danza, puedo generar un encuentro, compartir nuestra cultura y hacer que se lleven un lindo recuerdo de la ciudad”.

“Siento que todas estas experiencias, aunque sean muy distintas entre sí, tienen algo en común: el vínculo con las personas. Ya sea desde una oficina, desde una conversación o desde un escenario; lo que más disfruto es generar conexiones genuinas”, afirma.

Danzando en la montaña.

Deteniéndose en lo que la danza significa para ella, garantiza: “Sin duda, es mi gran pasión. Más que un hobby, fue un refugio en muchos momentos difíciles de mi vida. Me ayudó a conectar conmigo misma, a expresar emociones que a veces no encontraba cómo poner en palabras y a descubrir una versión de mí que quizás no conocía. También me regaló la posibilidad de conocer personas maravillosas y crear vínculos significativos”.

Asimismo, dice que goza del vínculo con la naturaleza. “Por eso, otra de las actividades que más disfruto es hacer trekking. Caminar por algún sendero, detenerme a contemplar un paisaje y respirar el aire de la montaña son cosas que me recuerdan la suerte que tenemos de vivir en un lugar tan hermoso”, expone.

Conectando con la naturaleza.

Acerca de la opinión de mucha gente que considera que concursos como el de la Reina de la Nieve impulsan una cosificación de la mujer, reflexiona: “Entiendo esa mirada porque durante muchos años se naturalizaron formas de evaluar a las mujeres que hoy, por suerte, la sociedad empezó a cuestionar. Muchas personas conservan esa imagen de los certámenes porque responden a paradigmas de otra época. Sin embargo, creo que muchas cosas evolucionaron. Al menos esa es la experiencia que estoy viviendo. Hoy no siento que se nos evalúe únicamente por la apariencia, sino también por nuestra historia, nuestra capacidad de comunicar, de escuchar, de desenvolvernos frente a distintos desafíos y de representar a la comunidad”.

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“Para mí, esta experiencia tiene mucho más que ver con el crecimiento personal que con una cuestión estética”, advierte, y suma: “Conocí mujeres con historias muy distintas, talentos diferentes y mucho para aportar. Eso demuestra que, en la actualidad, el valor está puesto en la persona de manera integral”.

Igualmente, aclara: “Creo que es positivo que la sociedad siga haciéndose estas preguntas, porque nos ayudan a revisar lo que antes estaba naturalizado”. 

“Y también creo que es importante permitirnos conocer cómo han evolucionado estos espacios antes de juzgarlos únicamente por lo que fueron en el pasado”, analiza.

En el cerro La Buitrera.

—Si tuvieras que definirte, ¿cómo lo harías?

—Me definiría como una persona muy sensible, alegre y profundamente apasionada por lo que hace. Cuando algo me entusiasma, me involucro de corazón y trato de dar siempre lo mejor de mí. Soy muy positiva y creo que incluso los momentos difíciles pueden dejarnos una enseñanza. También soy bastante emocional; me conmueven los pequeños gestos, las historias de las personas y los momentos compartidos. Disfruto muchísimo estar con quienes quiero. Me encanta compartir una charla, una comida, un abrazo o una tarde con amigos y familia. Creo que la vida se vuelve más linda cuando se comparte. Y, sobre todo, soy una persona curiosa, que siempre busca seguir aprendiendo, crecer y conectar con los demás.

—¿Admirás a alguna mujer en particular?

—A mi mamá y a mi abuela. Las dos son mujeres muy trabajadoras, fuertes y perseverantes. Siempre las vi salir adelante con esfuerzo, construyendo su camino con mucho sacrificio, sin esperar que nadie les resolviera las cosas. Esa fortaleza y esa capacidad de levantarse una y otra vez es algo que admiro. También me inspiran por la forma en que acompañan a quienes las rodean. Son mujeres con un corazón enorme, que me enseñaron con el ejemplo el valor del trabajo, la dignidad y la resiliencia. Sin dudas, son las mujeres que más marcaron mi vida.

Lucía en el cerro Otto, frente a un paisaje imponente.

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