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28/07/2026

Un pianista prodigio que se reconoce “ricotero” llega desde Neuquén para tocar música clásica con un colega barilochense

Dos talentos se unen en el Puerto San Carlos.
Un talento mayúsculo llega a Bariloche. Imágenes gentileza.
Un talento mayúsculo llega a Bariloche. Imágenes gentileza.

El barilochense José María “Lalo” Vallina y el neuquino Guillermo Muñoz du Plessis expondrán sus dotes al piano el viernes en el Puerto San Carlos, a partir de dos actividades. Por un lado, de 14 a 17 brindarán una clínica del instrumento. Luego, a las 18, será el turno del concierto, que prometen cerrar con una pieza a cuatro manos.

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“La música te da la posibilidad de expresarte, así como de disfrutar el hecho de compartir con los demás lo que uno ama hacer”, dice José María, que en el puerto actuará de “local”.

Para Guillermo, el “visitante”, en tanto, será su primera vez en un escenario de la ciudad, y llega con un recorrido que deslumbra. El músico, que en la actualidad tiene veintiocho años, andaba por los seis cuando se acercó inicialmente al piano, instrumento que estaba en la casa de su abuela porque lo tocaba su tío, también pianista. El niño se arrimaba con ganas a las teclas... Además, a su mamá le gustaba la música clásica, por lo que en la familia vieron con buenos ojos el interés del niño y lo enviaron a tomar clases.

El camino de Guillermo siguió una trayectoria particular, porque a los catorce cruzó el charco salado para capacitarse en España.

Primero recaló en San Lorenzo de El Escorial, con el fin de realizar un curso de perfeccionamiento. De ahí lo recomendaron para que continuara estudiando en Madrid, donde permaneció cinco años.

El joven recuerda con cariño aquella etapa, a la que califica como “una experiencia maravillosa”.

Al evocar ese período, cuenta: “Tuve clases con el  reconocido profesor Manuel Ángel Ramírez. Se trató de algo fantástico. Fueron muchos años de estudio y esfuerzo, con masterclasses que brindaban pianistas de todas partes del mundo, organizadas por el conservatorio en el que estudiaba. Había un ambiente cultural muy desarrollado, con gente cálida. Siempre me sentí querido. Vivía en una residencia que era para estudiantes de todo el mundo, pero como era gestionada por argentinos había muchos huéspedes que también llegaban de Argentina”.

De tal forma, más allá del aprendizaje musical, rescata lo que vivió desde lo humano. “He tenido la suerte de cruzarme con personas muy buenas”, señala.

Guillermo Muñoz guarda los mejores recuerdos de su estadía en España.

Luego, atravesó el océano nuevamente, pero en dirección al norte de América. Aterrizó en Montreal, Canadá, para estudiar el grado superior.

Allí permaneció un año y nunca terminó de “hallarse”. Si bien rescata la formación, a partir de las clases que tomó con el profesor Jimmy Brière, el resto le costó. “Volví a la Argentina porque me resultó difícil la adaptación. El cambio había sido brusco. Desde lo emocional, fue complicado. La gente era distante y resultaba complejo socializar, pero lo peor fue el clima. Hay muy pocas horas de sol. En invierno, a las nueve de la mañana todavía era de noche, y a las cuatro de la tarde anochecía, con treinta grados bajo cero y tormentas de nieve”, rememora.

El paso por Canadá le resultó complicado.

Nuevamente en el sur, continuó su formación en Buenos Aires, en la Universidad Católica Argentina, con los maestros Antonio Formaro y Marcelo Balat.

Recibido de licenciado en piano, permaneció un año más en tierra porteña, como docente del Conservatorio Superior de Música Astor Piazzolla.

2026 lo encontró de regreso en Neuquén, desde donde desea intensificar su labor como intérprete, sumando conciertos, más allá de que continúa dando clases.

La actualidad lo encuentra instalado nuevamente en su Neuquén natal.

Sobre lo que siente al tocar el piano, reflexiona: “Pasan los años y aún me resulta difícil encontrar una descripción, porque lo que se genera es una mezcla de sentimientos. No sólo durante el momento de la interpretación, sino también desde lo previo e incluso hasta el posconcierto. Te atraviesa una montaña rusa emocional”.

Y un secreto… Si bien cada vez que pisa un escenario ejecuta piezas de música clásica, en la intimidad, con conocidos, suele tocar canciones de rock nacional, entre las que prevalecen las creaciones de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. “En mi grupo de amigos, siempre fuimos ricoteros”, sonríe.

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