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17/07/2026

Ya no es sólo una temporada de sequía: científicos advierten que el clima cambió de forma permanente en Bariloche

Un informe elaborado por investigadores del Conicet en Fundación Bariloche sostiene que, desde 2007, la región atraviesa un cambio de régimen climático y no una sequía transitoria.
Los investigadores aseguran que todo indica que este nuevo régimen climático llegó para quedarse.
Los investigadores aseguran que todo indica que este nuevo régimen climático llegó para quedarse.

"Quien vive en la Patagonia Norte sabe, sin necesidad de mucha estadística, que los ríos bajan con menos agua, que las temporadas de riego se sienten más ajustadas y que los inviernos ya no traen la lluvia y la nieve que traían hace veinte o treinta años atrás". Así lo consigna el informe que elaboraron Santiago Hurtado y Marcos Easdale, investigadores del Conicet en Fundación Bariloche. 

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Plantean que aquello que la intuición cotidiana percibe, es confirmado por los datos: "A partir del 2007, el clima de la región no tuvo una mala racha pasajera, sino que cambió de régimen. Y todo indica que este nuevo régimen climático llegó para quedarse".

En este sentido, diferenciaron una sequía de un cambio de régimen: la primera es un episodio que "llega, aprieta y luego afloja"; el segundo, en cambio, "es un corrimiento del punto de equilibrio, un nuevo nivel alrededor del cual oscila el clima".

Hurtado y Easdale pusieron como ejemplo los caudales de los ríos de Neuquén y Chubut a lo largo de casi 80 años: hasta mediados de la década de 2000, los años de caudal alto y los de caudal bajo se alternaban con cierta regularidad. "Sin embargo -lamentaron-, después de 2007, la balanza se inclinó de manera persistente hacia valores negativos.

Año tras año, los caudales se ubicaron sistemáticamente por debajo del promedio histórico. No es una mala temporada repetida por mala suerte, no es una sequía puntual. Es un piso más bajo".

En las últimas décadas, la región registra una caída en el caudal de sus ríos (entre un 30% en el caso del río Chubut y un 40% en el río Neuquén) y una reducción cercana al 20% en la precipitación anual.

"A esto, se suman la mayor cantidad y duración de las olas de calor y un aumento de temperatura que supera un grado, siendo más notorio en verano y otoño. Cada uno de estos cambios, por separado, ya sería motivo de atención", alertan los investigadores.

También se refirieron a los dos fenómenos de El Niño (fase cálida) y La Niña (fase fría). "Se trata de una oscilación natural en la temperatura del océano Pacífico ecuatorial que reorganiza los patrones de lluvia y temperatura en buena parte del planeta. Para la Patagonia, la fase que más impacta es La Niña", planteó Easdale.

Durante estos eventos, se instala sobre el sur del continente "un sistema de alta presión que actúa como un tapón, bloqueando el paso de los frentes húmedos que normalmente descargan lluvia y nieve sobre la cordillera durante el invierno".

Actualmente transitamos una fase de El Niño que presenta un impacto menos marcado que La Niña en Patagonia Norte. "Si bien un evento de El Niño se asocia con condiciones de mayor precipitación en invierno (tanto en forma de nieve o lluvia), esta asociación no es tan fuerte como el de La Niña", acotó Hurtado.

Los especialistas advirtieron que los eventos de El Niño son muy disímiles entre sí. "El registro histórico muestra eventos que fueron húmedos, otros normales e incluso otros que fueron secos. En otras palabras, respondiendo a la pregunta recurrente: ¿Nevará más este año?, la respuesta sincera es que existe una mayor probabilidad de que sí ocurra (dada la fase de El Niño en curso), pero la evidencia muestra que aún no ha empezado a manifestarse la temporada húmeda", señalaron.

En ciertos días de julio llovió lo que totalizó junio

En un contexto de estrés hídrico, julio transcurre marcado por intensas lluvias en Bariloche. Hubo días en que llovió más que en todo junio donde se registraron unos 39 milímetros de precipitaciones en todo el mes. "Marzo fue en extremo húmedo, con mucha lluvia. Algo atípico. Pero abril ya fue levemente seco -dentro de lo normal- y, mayo extremadamente seco al igual que junio", describió Hurtado.

Los meses de mayo y junio fueron muy secos, con niveles de precipitaciones que llegan a mucho menos de la mitad de lo esperable. En junio, por ejemplo, que suele ser el mes más llovedor, precipitaron solamente 39 milímetros en Bariloche, cuando el rango “normal” varía entre 100 y 200 milímetros. "Julio -acotó Hurtado- viene siendo más húmedo de lo habitual. La lluvia viene bien por el estrés hídrico, pero se necesita nieve. De hecho, basta con mirar el nivel de los lagos que están muy bajos para esta época del año".

También mencionó que, en términos hídricos, "el hecho de que un mes llueva mucho o poco no mueve la aguja del todo. Si venís de meses acumulando estrés hídrico, un solo mes no va a revertir lo que ya se generó".

En este sentido, Easdale agregó que dado que mayo y junio "son meses muy relevantes para el aporte de agua a la región, será muy difícil que los próximos meses puedan sobrecompensar lo que no llovió hasta ahora".

 

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