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28/05/2026

Ratas en Bariloche: aseguran que no hay invasión, aunque preocupa la proliferación

Con la llegada del invierno, los avistamientos de grandes ratas en distintos barrios y una denuncia formal ante Zoonosis encendieron las alarmas. Los especialistas no hablan de invasión sino de una consecuencia directa del crecimiento urbano.
Denuncian que hay cada vez más ratas en Bariloche.
Denuncian que hay cada vez más ratas en Bariloche.

Cada invierno, la pregunta vuelve. Los roedores buscan calor y comida, y Bariloche —una ciudad en permanente expansión sobre el bosque andino— les ofrece cada vez más oportunidades. El avistamiento de ratas de gran tamaño en distintos puntos de la ciudad y una denuncia presentada por un vecino ante la Unidad de Zoonosis y Salud Ambiental pusieron el tema en agenda. El interrogante es contundente, ¿hay una invasión de ratas en Bariloche?.

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Mariana Wainer, coordinadora de la Unidad Regional de Epidemiología y Salud Ambiental Zona Norte, despejó la alarma pero no la preocupación. No es una invasión, explicó, sino un fenómeno esperable en un entorno natural que crece aunque si son una plaga.

"Lo que promovemos es la no convivencia. Tenemos que habituar la forma de no convivir, pero no se pueden eliminar. Vivimos en un entorno natural y en esta época buscan calor y comida” explicó la veterinaria.

Wainer distinguió dos grandes grupos. Por un lado, la fauna nativa: el colilargo, ratones de campo y otras especies silvestres que ante el frío o la escasez de alimento pueden acercarse a las viviendas. Por el otro, la llamada rata noruega (también conocida como guarén o rata de agua), cuya presencia está directamente ligada al crecimiento humano.

"Esa rata en particular está condicionada a la población. A medida que aumenta la población y los residuos, esa rata va acompañando ese crecimiento. En el cerro Otto, cuando era todo bosque, no existía. Fue subiendo y ya habita esos barrios. Acompaña al humano".

Ninguna especie es conveniente dentro o cerca del hogar. Todas pueden transmitir enfermedades más allá del hantavirus y no deben manipularse bajo ninguna circunstancia. Si se encuentra un roedor muerto, la indicación es enterrarlo usando guantes y lavandina, sin contacto directo con el animal.

Para proteger la vivienda, Wainer recomendó revisar bien la casa antes de que llegue el frío: “un colilargo puede colarse por un agujero del tamaño de una moneda de un peso, por lo que conviene tapar hendijas con virulana o lana de acero, colocar burletes y sellar ventanas”. Adentro, no dejar comida ni restos accesibles, y guardar el alimento de mascotas en recipientes cerrados, ya que es uno de los principales atractivos para los roedores.

Hacia afuera, la clave es el peridomicilio “la zona de seguridad”: el área alrededor de la casa debe estar limpia y despejada, sin acumulación de leña, materiales ni restos de poda, y con árboles y plantas alejados de las paredes. También alertó sobre la basura en la calle, los contenedores sin tapa y los microbasurales, y señaló que la limpieza de terrenos baldíos y las grandes construcciones que remueven tierra pueden desplazar colonias enteras hacia zonas residenciales.

Un caso que generó alarma

El año pasado un grupo de vecinos del barrio Eva Perón denunicó una gran cantidad de ratas provenientes de una vivienda de madera. Según relataron a El Cordillerano, el dueño de la vivienda (un hombre de 56 años) falleció por causas naturales  y desde su deceso, los roedores comenzaron a salir de la estructura, al parecer y según dicen familias de la zona, porque ya no contaban con el alimento que les proveía el vecino.

Con el correr de los días, comenzó a verse ratas muertas de enorme amaño, aplastadas por los autos.

Uresa intervino y se encontró con un panorama preocupante, exceso de acumulación de objetos, basura y decenas de ratas circulando en el terreno.

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