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21/04/2026

Advierten que el despoblamiento rural ya impacta en los campos de la región

Desde el INTA Bariloche, señalan que la problemática dejó de ser solo productiva y se convirtió en un desafío social.
Uno de los referentes de INTA Bariloche. Foto Bichos de campo
Uno de los referentes de INTA Bariloche. Foto Bichos de campo

La crisis de la producción ovina en la Patagonia suma un nuevo capítulo que preocupa tanto como la caída del stock o la sequía: el despoblamiento rural. Desde el INTA Bariloche advierten que cada vez es más difícil sostener población en los campos, en un contexto donde los jóvenes migran hacia centros urbanos y la actividad pierde atractivo.

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Mauro Sarasola, director de la Estación Experimental del INTA Bariloche, aseguró que el problema “ya no es exclusivamente ganadero” y que comienza a consolidarse como una cuestión territorial: Hay un fenómeno demográfico. Hay un cambio de paradigma. Ya no toda la gente se quiere quedar a vivir en el campo, prefiere vivir en los pueblos y trabajar en el campo”, explicó.

Sequía prolongada y caída de la actividad

La Estación Experimental del INTA en Bariloche alcanzó los 60 años de trayectoria en una de las zonas más desafiantes del país. Su área de trabajo se extiende por cerca de 17 millones de hectáreas que abarcan desde la cordillera hasta la estepa de Río Negro y Neuquén, incluyendo bosques nativos, áreas forestales, pastizales subhúmedos y vastas regiones áridas donde la producción ovina sigue siendo predominante.

En ese contexto, señaló Sarasola, la actividad productiva siempre implicó dificultades. Sin embargo, en los últimos años ese escenario se volvió aún más complejo debido a la superposición de distintos factores que agravan la situación.

Ya no es un año de sequía o dos. Ya llevamos diez años. Hay un cambio de régimen hídrico. Llueve menos que antes y nieva menos que antes”, advirtió.

Este escenario impacta directamente en la capacidad productiva. Menos agua implica menos pasto y, por lo tanto, una reducción en la carga animal. Sin embargo, el especialista remarcó que el mayor interrogante hoy pasa por quién continuará habitando esos territorios.

El desafío del arraigo joven

Durante años, la continuidad generacional en los campos patagónicos fue parte del funcionamiento natural del sistema. Hoy, esa lógica se debilita.

Retener el arraigo en la juventud es muy importante. Se está trabajando en eso, pero no es sencillo”, sostuvo Sarasola.

Aunque la llegada de internet a zonas aisladas comenzó a mejorar la calidad de vida en algunos establecimientos y aportó avances en la conectividad rural, ese progreso resulta insuficiente: el campo ya no logra competir en atractivo frente a otras formas de vida.

Muchos jóvenes optan por instalarse en localidades cercanas o directamente abandonar la actividad agropecuaria. Otros mantienen el vínculo laboral con el campo, pero sin residir de manera permanente, lo que modifica la dinámica histórica de producción.

Impacto sanitario y ambiental

Este proceso también genera consecuencias concretas en el territorio. El abandono de establecimientos puede derivar en problemas sanitarios y ambientales.

Uno de los principales focos de preocupación es la sarna ovina, una enfermedad que volvió a expandirse en la región. “Si un productor lo hace y el otro no, después con el movimiento animal puede volver a aparecer. Es algo que hay que abordar regionalmente”, explicó Sarasola.

Además, la falta de manejo en campos deshabitados favorece el crecimiento de predadores como pumas y zorros, lo que suma presión sobre la actividad.

Frente a este panorama, desde el INTA se promueven herramientas como baños móviles para el control sanitario y el uso de perros protectores de ganado. Sin embargo, los desafíos estructurales persisten.

Pese al contexto adverso, Sarasola señaló que existen algunos casos aislados de retorno al campo: “Hay ejemplos de jóvenes que vuelven. Los padres están grandes y algunos deciden regresar. No es algo masivo, pero por lo menos tenemos ejemplos de jóvenes volviendo”, indicó.

Un problema económico y social

Aun así, la tendencia general sigue marcada por el éxodo rural. Con márgenes de rentabilidad bajos, grandes distancias y limitaciones en infraestructura, la actividad ovina enfrenta un escenario complejo.

La crisis ovina también es humana”, sintetiza Sarasola al medio "Bichos de Campo", al poner en evidencia que el futuro del sector no solo depende de variables productivas, sino también de la capacidad de sostener población en uno de los territorios más extensos y desafiantes del país.

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