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01/04/2026

Entrevista a Santiago Kovadloff: la pintura, Malvinas y un análisis de la actualidad

El filósofo brindará una charla en Casa Bachmann sobre la obra del pintor Juan Lascano.

La muestra en Casa Bachmann del pintor Juan Lascano, Paisaje de mujer, centrada en desnudos, es en sí misma una sorpresa, y el hecho de que el filósofo Santiago Kovadloff se incorpore a la propuesta a través de una charla, hoy, 2 de abril, a las 18, suma una cuota de relevancia.

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Kovadloff, al referirse a las obras de Lascano, señala: “Sus desnudos son tan frontales que, en primera instancia, uno podría presumir que se está ante algo que pide intimidad y no exposición. Sin embargo, en la historia de la pintura, el desnudo, por lo menos tal como nosotros lo conocemos, se remonta hasta el siglo XIX. En consecuencia, creo que tal vez puede resultar, en el contexto de la ciudad, quizás a fuerza de inusual, algo inquietante, porque se parte de la impresión de que se está ante desnudos, cuando, en verdad, se está ante obras de arte que se valen del desnudo para expresar lo que el pintor tiene necesidad de decir”.

En ese sentido, el escritor evoca el cuadro celebre donde René Magritte, debajo de una pipa, colocó la frase "Ceci n'est pas une pipe" (Esto no es una pipa). “Se podría decir que, hasta cierto punto, los desnudos de Lascano podrían tener esa consigna: ‘Esto no es un desnudo’. Es decir, son obras de arte que representan un desnudo. Por lo tanto, lo que piden es la mirada de un contemplador de la obra y no de un espía de la desnudez”, reflexiona el poeta.

Kovadloff conoció a Juan en 2022, durante la segunda edición del foro Consenso Bariloche, en el hotel Cacique Inacayal, cuando el escritor, en ese marco, brindó una charla. Por la noche, durante la cena, charlaron más allá la temática convocante. “Hablamos de poesía y de pintura. Con mucho reconocimiento recíproco en cuanto a los intereses que teníamos. Él notó que, a mí, la pintura me importaba mucho, y yo encontré en él a un lector. En consecuencia, pudimos conversar con mucha fluidez y hasta cierta intimidad”, dice el escritor.

El ensayista y poeta, acerca de la impresión que tuvo al observar los cuadros de desnudos de Lascano, indica: “Me interesó muchísimo el hecho de que pudiera, en apariencia, presentar un mundo de formas nítidas, pero que en verdad era fundamentalmente un trabajador de la luz al servicio de la cual ponía el desnudo”.

Santiago Kovadloff, durante una visita anterior, en el hotel Cacique Inacayal.

—¿Cómo ha sido tu relación con la pintura a lo largo de la vida? ¿En qué momento comenzaste a disfrutar de ese tipo de expresión artística?

—Desde muy joven. Te diría que, en mí, fueron simultáneas las vivencias de la literatura, la filosofía, la música y la pintura. Me desplazaba de una a otra con enorme curiosidad y emoción. Y, al mismo tiempo, me encantaba leer sobre la vida de los pintores. Ahora tengo ochenta y tres años, y recuerdo haber leído a los quince —y me resulta inolvidable— la vida de Henri de Toulouse-Lautrec, escrita por Pierre La Mure (el libro es de 1950, y se titula Moulin Rouge). Me conmovió profundamente. Junto con eso, el descubrimiento generado por un primer viaje a Europa a los diecisiete años. Recorrer Florencia, haber estado en la Toscana… Descubrir la pintura de los grandes clásicos italianos. Todo eso se produjo con mucha naturalidad e intensidad. Además, estuvo el hecho fundamental de tener un hermano, Hugo, que, antes de ser un gran fotógrafo como lo es hoy, fue un pintor tenaz. En su fotografía, es posible advertir las huellas que dejó el pintor.

—¿Él ya no pinta?

—No pinta más, ahora trasladó a la fotografía todas sus inquietudes formales y plásticas. De hecho, acaba de publicar un libro extraordinario, que se llama Elogio de la luz, que yo tuve la alegría de bautizar y de prologar.

—¿Y a vos te gusta pintar? ¿Lo has intentado?

—Yo dibujo, con enorme fluidez… muy mal —sonríe, para luego continuar: —Me encanta dibujar, pero soy un niño de once años haciéndolo. Cowboys, indios y soldados…

—Entonces, optás por ser un observador de las obras de otro…

—Nunca tuve la íntima necesidad de pintar. En cambio, siempre disfruté inmensamente como contemplador de la pintura. Con la música me pasó algo un poco distinto, porque si bien yo no soy músico, integro un trío de música de cámara y poesía, Orfeo, en el cual leo, acompañado por un violinista y una pianista.

—Encontraste un modo de encauzar tu gusto por la música…

—Sí, entré por la puerta de atrás ­­—ríe.

—Pero es algo que disfrutás…

 —Muchísimo, me encanta. Es mi modo de cantar. Yo tengo una voz útil para el recitado de la literatura, de la poesía. Creo que sé hacerlo razonablemente bien, y me gusta muchísimo. De modo que, musicalmente, me siento muy cómodo con mis compañeros.

La reflexión constante.

—En el último tiempo, has hecho varias visitas a Bariloche. ¿Qué relación tenés con la ciudad?

—Muy entrañable. Es una ciudad que me despierta vivencias muy intensas, de placer, relacionadas con estar cómodo recorriéndola. Aun en sus contrastes más intensos, en lo que tiene de turísticamente sólida y lo que tiene de socialmente complicada. 

—En esta ocasión, coincide que tu charla por la exhibición de Juan Lascano será el 2 de abril, Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas. ¿Cómo recordás el momento del conflicto bélico? ¿Cómo lo viviste?

—Cuando estalló la invasión a Malvinas, recuerdo que mi hijo mayor, Diego (tengo también dos hijas), era un pibe todavía. Había nacido en el 68, era un adolescente, y al enterarme de que la Argentina le había declarado la guerra a la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), le dije: “Diego, se acabó la dictadura”. Después tuve otras emociones, claro, nacidas precisamente del dolor de la guerra, de las atroces mentiras de la dictadura para encubrir su propia fragilidad. Hace unos años, tuve la oportunidad de ir a Malvinas y visitar el cementerio de Darwin, donde están sepultados tantos chicos, tantos soldados argentinos que murieron en esa confrontación. Fue muy emocionante, muy desgarrador estar allí, porque aún los cuerpos no habían sido identificados, y en las tumbas se leía: “Aquí yace un soldado argentino cuyo nombre sólo conoce Dios”. Fue una experiencia muy dolorosa y, a la vez, necesaria. Llegué en un barco norteamericano, de turismo, y para bajar los ingleses nos sellaban el pasaporte, como visitantes extranjeros que llegaban a las Falkland Islands, y no las Malvinas. Ese contraste, ese aluvión de vivencias tan contradictorias, más allá de lo que puede ser un debate profundo sobre el tema, fue algo inolvidable y excepcional. Era muy intenso y extraño estar en un territorio que sabíamos que era —y es— argentino, y sin embargo estar simultáneamente en suelo británico, con un paisaje urbano inconfundiblemente inglés, en una ciudad cuya avenida principal se llama Margaret Thatcher.

Santiago visitó Malvinas tiempo atrás.

—¿Qué análisis haces de la actualidad argentina? ¿Cómo estás ves el presente?

—Veo al país en una encrucijada muy difícil. Me parece que, en buena medida, el Gobierno se ha visto obligado a afianzar su credibilidad recurriendo al recuerdo y a la posibilidad de que el kirchnerismo, o el peronismo de un modo general, pero sobre todo el kirchnerismo, vuelva a tener protagonismo político de primer orden en el país. El hecho de que el Gobierno tenga que valerse de la misma estrategia que empleó para ganar las elecciones me parece que es un signo de fragilidad. La gestión tiene muchas vertientes que han despertado inquietud, disconformidad y expectativas ante la posibilidad de que no se vean concretadas las promesas que el gobierno realizó. Es decir, que no se pueda, en los plazos establecidos por el Gobierno, reconciliar el poder con la posibilidad de generar más trabajo. No sólo menos inflación, sino más trabajo. Y ampliar el espectro de las preocupaciones gubernamentales al campo de la salud, de la educación y de la cultura.

—¿Imaginás que tales temas sean tomados en serio? Porque, hasta ahora, se ha mostrado una obstinación enorme respecto a esas cuestiones.

—Depende de la visión de Javier Milei del electorado. Si tiene la impresión, más o menos fundada, de que el electorado que tuvo en 2023, de alguna manera, ha disminuido, y que muchos de quienes integran ese alejamiento relativo son parte de la clase media, en la cual ciertos valores fundamentales y cierta conciencia de esas necesidades está muy acentuada, tanto como los sectores más necesitados… Si el Gobierno advierte que esas áreas de gestión pueden devolverles mayor consistencia, las va a intentar atender. Pero, como decís, hasta ahora no ha demostrado mayormente sensibilidad hacia esos temas. Ta vez porque políticamente no le ha resultado rentable.

—¿Entendés que haya sido la juventud un baluarte importante para que Milei llegara al poder? Y de diferentes clases sociales, incluso sectores que, en general, siempre se han relacionado más con el peronismo.

—Sí, lo comprendo. Creo que, por un lado, tiene que ver con la desesperación generada en los sectores más necesitados por una política de Estado realmente cruel, como fue la del kirchnerismo, sembrando inflación, prebendarismo insuficiente… Es decir, un estatismo central que en nada contribuyó a darle dignidad a la gente, tan solo salvavidas para que pudiera resistir… Todo eso creo que impulsó el hartazgo de la política por parte de varios sectores sociales, no sólo los más acomodados, que terminaron dándole a este hombre la posibilidad de que su figura marginal con respecto a la política fuera depositaria de una expectativa de redención. Esta figura se ha visto en la gestión enfrentada a serios problemas. De hecho, los enfrenta actualmente, con el tema Libra, con su exvocero (el jefe de Gabinete, Manuel Adorni)… La distancia entre la casta y el gobierno se ha cortado, generando, en quienes creían que se iba a aumentar la diferencia, inquietudes nacidas precisamente del hecho de ver que esa diferencia, lejos de profundizarse, ha disminuido. Y, por otra parte, en el orden de quienes integramos una clase media que ha tenido la fortuna de educarse, ver la persecución constante del periodismo, la descalificación brutal de la oposición, y el empleo, cuando parece convenir, de un lenguaje cloacal ha generado mucha distancia con la gestión de gobierno.

—Volviendo a lo anterior, el factor disruptivo sería lo que llamó la atención de la juventud…

—Creo que sí. Por otro lado, si bien la figura de Milei sigue siendo prácticamente la del único gran protagonista del escenario político en términos de liderazgo personal, de todas maneras, la irresolución de muchos problemas que acompañan al logro de una inflación disminuida también despierta mi inquietud. Toda vez que se cae en la idealización de un líder, finalmente se termina cayendo también en el realismo que exige moderar esas expectativas y proceder con más sentido común

—¿Qué sentís cuando escuchás a Adorni?

—Siempre me impresionó como una figura paradójicamente frágil, no como un hombre sólido. Quiero decir, no como un hombre con convicción. Siempre me pareció que se pronunciaba mucho más con una retórica y con la vehemencia de quien se siente avalado, impulsado a proceder como lo hacía, más que una figura capaz de transmitir convicciones personales.

Siempre, la escritura.

—Empezamos hablando de arte, así que terminemos también por ese lado, charlemos de cultura. ¿Qué estás escribiendo?

—Igual que lo que seguramente te sucede a vos, la poesía no me deja. Estoy trabajando simultáneamente en tres proyectos. Uno, precisamente, es poético. Estoy preparando un libro ulterior a las Veinticuatro variaciones para una sola voz (poemario de 2025). Los poemas van naciendo y posteriormente tienen no sólo un trabajo de larga elaboración formal, sino también el que quizás sea el más fascinante de los temas en la composición de un libro de poemas, que es la compaginación, el montaje, la forma en que los poemas deben integrarse en una sucesión en la que los matices se desplieguen, las alternancias tengan lugar, las tonalidades puedan, por un lado, contrastar y, por otro, justamente, integrarse en un conjunto. Por otra parte, estoy escribiendo un libro de ensayos líricos, de intimidad, que abordan temas que, en principio, desde un punto de vista convencional, podríamos decir que no tienen ninguna importancia, como, por ejemplo, las tonalidades de la voz, el alcance de la quietud, ¿qué es un reencuentro?... Y todos esos temas, que son primos hermanos de mi poesía, están apareciendo en prosa y me encanta trabajarlos con mucha paciencia. Por último, un libro al que titulé Ensayos de gratitud, porque son retratos de figuras provenientes de distintos campos. Primordialmente, de la filosofía y la literatura. Son personas que contribuyeron enormemente, con su obra, a mi formación, a mi educación, a la alegría de leer, al deslumbramiento por las ideas…

—¿Alguno de esos libros está próximo a salir? 

—No, ninguno de ellos está más que en una etapa incipiente. Estoy escribiendo, y supongo que lo haré durante todo el año. Quizá en 2027 el libro de ensayos más íntimos podría estar terminado… Veremos, porque no es que cuente con una nómina de temas. De pronto, irrumpe una temática, pero no lo sé hasta que aparece. Ahora estoy trabajando en un ensayo sobre la quietud, por ejemplo.

—No hay ningún apuro, entonces…

—No, ninguno —ríe.

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