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25/03/2026

Es profesor universitario y escribió una novela juvenil

“La fantasía abre una dimensión más a la realidad cotidiana”, afirma el docente.
Delante, el libro; detrás, su autor, firmando un ejemplar (fotos tomadas por Verónica Manzanares, cedidas por Nicolás Seoane).
Delante, el libro; detrás, su autor, firmando un ejemplar (fotos tomadas por Verónica Manzanares, cedidas por Nicolás Seoane).

Nicolás Seoane nació en Cutral Co. Al culminar la secundaria, llegó a Bariloche para estudiar Biología en la Universidad Nacional del Comahue, y aquí se quedó. En la actualidad, es profesor en esa casa de estudios. Pero, más allá de lo pedagógico, es escritor, y su primer libro publicado apunta a una literatura que podría definirse como juvenil.

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“Al principio, escribía para mí; luego hice textos académicos, pero siempre me gustó la narrativa, particularmente, la de ficción.”, cuenta.

A la vez, comenta: “Solía imaginar hacer algo relacionado con eso, pero pensaba que apuntaría a un público adulto. Incluso hice pequeños cuentos, orientados para ese lado, que publiqué informalmente en una plataforma que se llama Wattpad”.

“Después llegó la pandemia”, dice, e instala ese mojón como punto de quiebre en su vida literaria. “Hasta ese momento, nunca había tenido el espacio de tiempo disponible para ponerme a escribir con tranquilidad”, explica.

¿Pero cómo llegó la temática infantil? “En ese momento, daba clases en la universidad y en el secundario”, señala, y sigue: “En lo referido a la secundaria, tenía muchas horas, y me conectaba con los chicos por Zoom. Ahí empezó a surgir una historia, un poco inspirada en mis estudiantes”.

“Una parte de mi materia la destiné a juegos, porque los chicos, durante la época del covid, estaban muy deprimidos. Así que inventé una zona ‘gamer’”, expresa. En tal sentido, indica que algunos de los divertimentos eran simples, como sopas de letras o crucigramas, pero que también había juegos de rol, siempre relacionados con la biología.

“Así, en cierta ocasión, por Zoom, para el Día del Estudiante, les planteé una escena, algo así como un escape room, para resolver imaginariamente”, detalla. De tal forma, devela que los chicos escogieron como escenario la biblioteca del colegio, donde cada uno tenía un rol particular, en una trama que incluía un pasadizo secreto.

“Yo lo que hice luego fue escribir y desarrollar a esos personajes y lo que les podría haber pasado a cada uno de ellos en el mundo subterráneo que supuestamente habían encontrado”, apunta.

Así nació la novela corta Aventura en la escuela, cuyo subtítulo es Una historia en tiempos de cuarentena.

Ejemplares de Aventura en la escuela.

La mayor parte de su escritura sucedió en 2020 y 2021, pero Nicolás demoró en encontrarle un cierre que lo dejara satisfecho, por eso la publicó recién en 2025, cuando estuvo conforme con la parte final.

La obra presenta a un grupo de estudiantes que ingresan a su colegio en época de cuarentena a partir de una convocatoria misteriosa (cabe recordar que, en aquel momento, las clases eran online). “Al explorar, encuentran un pasadizo secreto antiguo. Y una vez en ese submundo, debajo del colegio, tienen que ver cómo hacer para regresar. Además, entre ellos, no todos eran amigos, por lo que deben aprender a confiar”, narra.

Más allá del libro en sí, el biólogo creó un cuadernillo de actividades para docentes que quieran acompañar su lectura en clases (los interesados en más datos al respecto pueden consultarle a través de sus redes sociales).

El autor y su obra.

Hay que destacar que Nicolás está trabajando en una segunda parte, donde piensa brindar más detalles de una historia que surgió casi sin querer y, del mismo modo, sigue desarrollándola.

En cualquier caso, no debe olvidarse su labor docente. Puntualiza que es “jefe de trabajos prácticos de Química general en la carrera de Biología en la Universidad del Comahue”.

—¿Escribir ficción ­es una especie de —metafóricamente hablando—  escape de ese mundo? 

—No sé si me hace escapar… Por ejemplo, yo estuve siete años en el Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), en el laboratorio de Ecotono, donde hice una investigación sobre ganado salvaje, para lo cual realicé campañas de campo prolongadas en lugares inhóspitos. Llegué a acampar un mes y medio. Encontraba lugares tan maravillosos en la naturaleza que, el mismo tiempo que tomaba muestras para el trabajo científico, también imaginaba historias, y todo transcurría al mismo tiempo. La fantasía abre una dimensión más a la realidad cotidiana.

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