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24/03/2026

"Te ayudo" no es igualdad: el concepto que sigue cargando las tareas de cuidado sobre las mujeres

El sociólogo y especialista en políticas de cuidado, Sebastián Fonseca, reflexiona sobre las desigualdades que aún persisten entre varones y mujeres en una tarea esencial como es el cuidado.
Una mayor equidad puede trabajarse en las escuelas, plantea el sociólogo. Foto: Eugenia Neme (archivo)
Una mayor equidad puede trabajarse en las escuelas, plantea el sociólogo. Foto: Eugenia Neme (archivo)

La desigualdad en las tareas de cuidado no comienza en la adultez ni en la vida laboral: se gesta desde la infancia. Así lo plantea el barilochense Sebastián Fonseca, sociólogo y especialista en políticas de cuidado, quien advierte que las brechas actuales tienen raíces profundas tanto culturales como materiales.

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Fonseca propone mirar al sistema educativo como un espacio clave para revertir estas diferencias. “La escuela puede ser una buena invitación para generar un cambio real, formando desde pequeños en la idea de equidad y corresponsabilidad”, explicó en Chocolate por la Noticia de El Cordillerano Radio 93.7.

Sin embargo, el especialista advierte sobre un concepto que, lejos de ayudar, refuerza la desigualdad: la idea de que los varones “ayudan” en las tareas de cuidado. “Cuando decimos ‘te ayudo’, estamos dejando toda la responsabilidad en la otra persona. No se trata de ayudar, sino de involucrarse por completo. La responsabilidad es total, no admite graduaciones”, subraya.

Para Fonseca, el desafío es doble. Por un lado, transformar las pautas culturales que históricamente asignaron estas tareas a las mujeres. Pero por otro, intervenir sobre las condiciones materiales que sostienen esa desigualdad. “La cultura se come a la buena voluntad en el desayuno”, resume, marcando que los cambios simbólicos no alcanzan sin políticas públicas concretas.

En ese sentido, destaca el rol del Estado como actor central. Considera imprescindible que se reconozca la relevancia del trabajo de cuidado, muchas veces invisibilizado, y que se fortalezcan políticas que garanticen derechos básicos como la salud, la educación, la vivienda y el propio derecho al cuidado, recientemente reconocido como derecho humano fundamental por organismos internacionales.

“El cuidado es lo que sostiene todo lo demás. Si no se contempla en la economía, seguimos navegando por la superficie mientras los problemas crecen por debajo”, advierte.

El análisis se vuelve aún más crítico frente a escenarios de precarización laboral. Fonseca señala que reformas que implican mayor carga horaria o imprevisibilidad en el trabajo tienden a profundizar las desigualdades existentes. “En contextos de desigualdad estructural, cualquier medida que precarice más las condiciones termina afectando a los sectores más vulnerables, especialmente a las mujeres”, afirma.

Esto se explica, en parte, por la llamada “carga mental” del cuidado: una dimensión invisible que incluye no solo las tareas domésticas, sino también la planificación cotidiana, la organización familiar y la atención constante a las necesidades de otros. “No es solo cocinar o limpiar: es estar pendiente de turnos médicos, vacunas, alimentación, rutinas. Es una energía mental y física permanente”, describe.

Cuando las exigencias laborales aumentan o se vuelven impredecibles, esa carga recae aún más sobre las mujeres. “Si alguien tiene que resignar su trabajo para sostener la organización del hogar, en muchos casos es la mujer. Eso reproduce y profundiza la desigualdad”, sostiene.

Las consecuencias no son solo económicas, sino también emocionales y sociales. Fonseca advierte que la precarización impacta directamente en la calidad de vida: “Se precariza la experiencia de existir. Las personas viven más angustiadas, desorganizadas”.

Frente a este panorama, el especialista insiste en la necesidad de abordar el cuidado como una cuestión estructural. Educar en equidad desde la infancia, fortalecer políticas públicas y reconocer el valor del trabajo de cuidado aparecen como pilares fundamentales para avanzar hacia una sociedad más justa. “El bienestar de toda la población depende de cómo resolvemos el cuidado”, concluye.

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