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17/02/2026

Cuando todos dudaban, ella se lanzó igual: la historia detrás del primer cruce del Nahuel Huapi en 1963

El Cruce de este año homenajeará a la primera persona en realizar el desafío en 1963.
Enriqueta falleció en 2025. Foto: Semanario Bariloche
Enriqueta falleció en 2025. Foto: Semanario Bariloche

Esta mañana se realizó la conferencia de prensa de presentación del Cruce del Nahuel Huapi – 8 km – en honor y memoria de los Héroes y Veteranos de Malvinas, la tradicional competencia de aguas abiertas organizada por Open Water que volverá a desafiar las frías aguas del lago patagónico.

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El medallista y referente de la disciplina Daniel Blaum destacó la importancia histórica del cruce y subrayó que esta edición será también una oportunidad para rendir homenaje a Enriqueta Duarte, fallecida el año pasado.

“Será una forma de mantener viva su memoria”, señaló Blaum, al recordar que Duarte no solo fue la primera mujer argentina en cruzar el Canal de la Mancha en 1951, sino también la primera persona en realizar el cruce a nado del Lago Nahuel Huapi en 1963, uniendo las aguas entre la costa neuquina y Bariloche.

La hazaña de 1963: cuando el lago puso a prueba su temple

Aquel primer cruce quedó grabado en la historia deportiva de la región. Cuarenta personas partieron en una embarcación: invitados, autoridades y personal de primeros auxilios. Un bote más pequeño trasladaba a Duarte, desde donde se lanzaría al agua.

El oleaje era tan intenso que muchos de los presentes se descompusieron. Se dirigieron hacia la costa neuquina, en la zona de la desembocadura del arroyo Castilla, e intentaron persuadirla para postergar la prueba. Las condiciones eran adversas, quizás las peores. Pero Enriqueta no dudó: se mojó el cuerpo para aclimatarse y se lanzó al lago. Bombas de fogueo anunciaron el inicio de la travesía.

Enriqueta Duarte

Vecinos se acercaron a la playa para esperarla. 

A poco de comenzar, Duarte advirtió que el punto de partida no era el adecuado: la corriente jugaba en contra. Debió nadar 8 kilómetros adicionales hasta quedar en línea recta con el Centro Cívico y recién entonces iniciar el cruce formal. La distancia prevista era de 10 kilómetros, pero en total recorrió 18. Completó la travesía en 2 horas, 54 minutos y 4 segundos.

Una multitud se internó en el agua, vestida, para acompañarla en el tramo final. El reconocimiento oficial, sin embargo, fue modesto: en lugar del lote prometido, recibió un pulóver y un plato de madera con su nombre. Años después, en un encuentro con el hijo de quien había realizado aquella promesa, Duarte recordó —entre risas— que sentía que ese lote aún le era debido, porque se lo había ganado con creces.

El comportamiento del Nahuel

Aquella experiencia también le dejó un conocimiento profundo sobre el lago. Duarte aprendió a leer sus señales: cuando el viento sopla hacia la cordillera se forman pequeñas olas en la superficie, pero por debajo corre una corriente en sentido contrario y el agua toma un color terroso. Si el viento sopla desde la cordillera, el lago luce azul; y cuando arrecia con fuerza, las olas rompen con espuma.

Ese saber lo aplicó durante años en la organización del Cruce, competencia que impulsó cuatro décadas después de su hazaña. Enriqueta solicitó una audiencia al entonces intendente Alberto Icare para proponer la realización de una competencia abierta a todos los interesados, con premios económicos que incentivaran la participación y posicionaran al lago como escenario deportivo de referencia. Tras varias gestiones, la iniciativa finalmente se concretó y desde entonces el Cruce se realiza de manera ininterrumpida.

Hoy, esa misma prueba que ayudó a consolidar vuelve a disputarse con un sentido especial: honrar a los Héroes y Veteranos de Malvinas y, al mismo tiempo, recordar a la mujer que desafió la bravura del Nahuel Huapi. 

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