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08/02/2026

Herreros de la Luz: el libro que cuenta cómo el arte soldó sueños en Bariloche

La presentación del libro marca un nuevo capítulo en este camino que empezó guiado por la intuición.
Una de las creaciones de Herreros de la Luz
Una de las creaciones de Herreros de la Luz

David Varano encontró su verdadero trabajo a los 45 años. No fue en una oficina ni detrás de una pantalla, sino en un galpón abandonado y rodeado de jóvenes con historias complejas. Esa experiencia, que desde 2014 transformó la vida de más de 1700 chicos y chicas en Bariloche, quedó plasmada en un libro que recorre los capítulos de Herreros de la Luz, el proyecto que unió arte, escucha y transformación social.

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La presentación del libro marca un nuevo capítulo en este camino que empezó guiado por la intuición. “Fue después de una de esas charlas típicas argentinas en las que arreglamos el mundo en 20 minutos y después cada uno se va a su casa. Un día pensé que quería hacer algo en serio”, recuerda Varano, diseñador gráfico y web, que decidió “seguir diseñando, pero una realidad distinta”.

El libro reconstruye aquel primer paso, nacido de un encuentro entre amigos en un café de la ciudad, y el momento clave en el barrio 270 Viviendas. Allí, David se paró en medio de la cuadra: de un lado, cinco pibes tomando cerveza y fumando porro; del otro, un galpón abandonado que había sido obrador de la empresa constructora. “Sentí que podía ser puente”, cuenta.

David en una charla en El Cordillerano Radio. Foto: Euge Neme

Ese galpón se convirtió en el corazón de Herreros de la Luz. ¿Qué hacer ahí? Soldar. No como oficio únicamente, sino como símbolo. “Entre tanta separación que hay en el mundo, soldar es unir”, explica Varano en una charla en El Cordillerano Radio 93.7. Y no con materiales nuevos, sino con desechos metálicos. Restos que, trabajados con manos creadoras, podían transformarse en esculturas. “Hay mucha gente que también se siente desecho”, reflexiona.

Las páginas del libro no hablan solo de hierro y arte, sino de escucha, de abrazos y de silencios. Cada joven que llegaba al taller recibía una hoja en blanco para escribir su nombre y su sueño. Para Varano, atacar la pobreza espiritual es también empezar a desarmar otras pobrezas.

La historia de Martín 

Entre los relatos que integran el libro, hay uno que ocupa un lugar especial: la historia de Martín. Tenía 14 años cuando llegó al taller. Como todos, dejó su celular en una caja. Pero arriba apoyó un revólver calibre 38. Durante una semana repitió el gesto, hasta que David le preguntó por qué. “Porque todo es una mierda”, respondió. Y agregó que Dios no existía porque nunca le contestaba.

En una caminata nocturna, Varano conoció el trasfondo: Martín había perdido a toda su familia en un accidente de tránsito en Allen y había llegado a Bariloche a vivir con su padrino. El arma dejó de aparecer en el taller. Meses después, David cortó la luz en plena actividad y les preguntó a los chicos qué escuchaban. “Si no escuchan nada, pueden escuchar todo”, les dijo. La propuesta fue encontrarse con la naturaleza, sin celular, en silencio.

Tiempo después, Martín volvió con lágrimas. Había ido a una laguna, había escuchado. “Me dijeron que yo era bueno, y que mi papá, mi mamá y mi hermanita estaban bien”, contó. Sacó el revólver y pidió que lo destruyeran. No lo hicieron: lo transformaron. El arma se convirtió en una escultura de un chico con el pecho en alto, que hoy está junto a un premio Gardel, en la casa del músico Alejandro Lerner.

Martín vive en Neuquén y trabaja en herrería. Otros, como Chiri, pasaron de deambular sin rumbo a estar “arriba”, literalmente: hoy suelda techos en una estación de servicio. “No está más abajo. Solo porque alguien lo escuchó y le dio bola”, resume orgulloso David.

 

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