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01/02/2026

¿Qué relación hay entre Sabina, una viuda francesa, un champagne y Bariloche?

Un entramado curioso.
Un raro enlace entre el cantante español y Bariloche, con una parada en un espumante francés (foto gentileza de Noelia López).
Un raro enlace entre el cantante español y Bariloche, con una parada en un espumante francés (foto gentileza de Noelia López).

Resulta curioso cómo, en ocasiones, observar algo puede derivar en un pensamiento que, en principio, podría sonar descabellado. Por ejemplo, que mirar una botella de champagne direccione la mente hacia un cantante español, quedando en medio, también, Bariloche.

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Para que toda esta locura se comprenda, hay que decir que Joaquín Sabina, en su disco Vinagre y rosas, de 2009, incluyó una canción titulada Viudita de Clicquot, cuya letra escribió junto al poeta Benjamín Prado. La música, en tanto, pertenece a Antonio García de Diego y Pancho Varona.

El tema, haciendo uso de metáforas afiladas, es un autorretrato cantado de Joaquín. Es decir, la clave autobiográfica resulta innegable. En algunos de los versos, la honestidad brutal (citando la expresión made in Calamaro) es notable. “Cuando el dealer me dijo que sí, no le dije que no”, canta, por ejemplo, Joaquín.

También, brinda espacio para el humor: “Con sesenta qué importa la talla de mis Calvin Klein”.

Letra de Viudita de Clicquot.

Incluso, dejando en claro que pisó los bordes del abismo, afirma: “Brindé con el diablo a su salud”.

Y, en una de sus partes, se hilan los versos de los que sale el título de la canción: “Antes de que tiñera noviembre mis habitaciones,/ descorché otra botella con la viudita de Clicquot”.

Ese brindis con la mencionada viudita es un guiño a una marca de champagne.

La francesa Barbe-Nicole Ponsardin fue, según dicen los que saben del asunto, la primera mujer en dirigir una empresa vitivinicultora dedicada al espumante.

Se había casado en 1798 con François Clicquot, heredero de una casa dedicada a la bebida de las burbujas, pero apenas siete años después el hombre falleció.

A pesar de que su suegro deseaba vender la empresa, ella, que había quedado a cargo de una hija de tres años, lo evitó.

Así, Barbe-Nicole, la viuda de Clicquot (en francés, Veuve Clicquot, tal la denominación que tomó el champagne), no sólo logró ponerse al frente del negocio, sino que introdujo avances como la invención del método de removido, proceso que contribuye a clarificar la bebida y eliminar sedimentos. Antes, en general, el champagne era turbio, pero, gracias a ella, pasó a presentarse como un espumoso brillante.

Asimismo, fue pionera en la exportación a mercados internacionales, desafiando bloqueos y conflictos bélicos de su época. 

La firma ha perdurado en el tiempo y se convirtió en una de las mejores dedicadas a esa bebida. A manera de detalle de calidad, suele realizar ediciones especiales del producto. Una de las últimas corresponde a una lata en forma de fleca, con una botella en su interior. El nombre es Arrow follow your sun (Flecha sigue tu sol). Y, en la parte externa, se han hecho estampas personalizadas que hacen referencia a determinadas ciudades y la distancia que las separan de Reims, Francia, donde se ubican las bodegas.

Justamente, uno de los sitios que se tomaron para realizar estas “flechas” ha sido Bariloche, y en el frente de la lata se indica que, hasta aquella ciudad francesa, hay 12464 kilómetros.

La "flecha".

Algunos de esos envases pueden conseguirse en la ciudad. Por ejemplo, están expuestos en vinotecas de la calle Mitre. Eso sí, quien desee hacerse de una “flecha” espumosa deberá abonar una cifra que, teniendo en cuenta un descuento si se paga en efectivo, ronda los doscientos mil pesos.

En cualquier caso, con champagne o sin él, siempre es posible disfrutar de la canción de Joaquín. 

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