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01/02/2026

Arte efímero, una atracción turística novedosa en Bariloche

Una joven hace maravillas con tiza sobre las veredas de la calle Mitre.
Ángela, un corazón de tiza puesto al servicio del arte callejero.
Ángela, un corazón de tiza puesto al servicio del arte callejero.

Puede ser un zorro, una bandurria, un cóndor, un paisaje, un rostro… En ocasiones, la estampa es acompañada de una frase. Una pintura que se observa al caminar por la calle Mitre, pero luego desaparecerá. Quizá en dos días, en uno, o menos, si las pisadas, la lluvia u otros factores así lo disponen. Arte efímero. Algo así como un lienzo sobre las baldosas con fecha —no precisa, pero segura— de vencimiento. Ángela Olivera hace maravillas con tiza, sobre el piso, transformando la principal arteria céntrica de Bariloche en una galería de arte fugaz.

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Sus obras no se cotizan en bolsa. Simplemente, un tarro a un lado, mientras ella trabaja, sirve para que el transeúnte deja algún billete al atravesar ese espacio, a cambio del placer que otorga disfrutar de un espectáculo poco usual al mirar el suelo.

Ángela agradece a los que acompañan su arte con un pequeño aporte, ya que todo sirve para seguir impulsando la posibilidad de pintar.

La vida suele ser demasiado dura y, aunque resulte extraño, una persona que viene de un día complicado puede esbozar una sonrisa al ver algo de belleza esparcida a su paso. Es decir, mirar una imagen sirve de disparador para mensajes de calma en tiempos de aceleramiento vivencial, donde el apuro rige el trajinar diario.

Algo de belleza al paso.

Y los turistas, más allá de entrar en chocolaterías, pararse frente a las vidrieras y, en varios casos, discutir cotización con alguno de los arbolitos que abundan en el centro de la ciudad, de pronto se percatan de que, a sus pies, se abre una simple y a la vez rotunda obra de arte que pronto se extinguirá.

"¿Y si todo sale bien?", esboza Ángela en una de sus obras.

Ángela Olivera nació en La Matanza. En 2021, tras el momento más duro de la pandemia, partió de Buenos Aires, dejando atrás la expansión asfáltica de la ciudad de la furia, en busca de una pizca de naturaleza.

Si bien tuvo un paso por Bahía Blanca, su destino fue Bariloche, donde halló ese marco natural que tanto anhelaba.

Y aquí, también, más allá de otras labores —también relacionadas mayormente con su amor por la pintura—, tomó a la calle Mitre como tapiz para sus invenciones de existencia transitoria.

Artista trabajando.

Para quien está acostumbrado a pasar y ver sus trazos, atravesar la calle sin mirar alguna de sus creaciones causa extrañeza. Si algún día no se ve una obra suya, los caminantes habituales la extrañan. Sus pinturas pasaron a ser un elemento más del panorama. 

En general, esparce su arte en la esquina de Mitre y Villegas, junto al Banco Nación.

Últimamente, también se inclina por hacerlo en la misma calle Mitre pero del lado del frente, a unos sesenta metros, antes de llegar a la intersección con Quaglia.

Ha escogido esos lugares porque son espaciosos. No le gusta entorpecer el tránsito de los paseantes. Y, a la vez, en esos márgenes que encuentra en tales coordenadas, siente la tranquilidad necesaria para trabajar.

Junto a sus creaciones, suele dejar un alias, por si alguien quiere reapizar un aporte mediante esa forma.

Cada una de las obras que plasma sobre las baldosas le lleva, por lo menos, cuatro horas de labor. En ocasiones, si el dibujo precisa mayores detalles, bastante más.

Utiliza sólo tiza y carbón, y si bien ya había practicado esa modalidad en Buenos Aires, al comenzar a hacerlo en Bariloche, notó ciertas dificultades vinculadas al tipo de baldosas y el clima. Pero, en cualquier caso, aprendió rápidamente a sortear las complicaciones.

Ángela se muestra agradecida por aquellos que alaban sus creaciones.

A pesar de que sabe que lo que hace, invariablemente, desde su propia esencia, cuenta con fecha de caducidad, la cuestión le parece algo interesante: “Lo efímero me da la posibilidad de volver y hacer algo nuevo”, dice.

Al mismo tiempo, en la actualidad, evalúa incorporar a su propuesta pinturas en papel o algún otro material, sin abandonar las obras de arte efímero en tiza. Su intención es que aquellos que lo deseen puedan adquirir alguna de sus creaciones (quizá una lámina), para seguir disfrutándola en su hogar, ya, en ese caso, con la seguridad de que la creación no se “evaporará”.

Delineando el perfil de una bandurria.

Quienes deseen seguir los trabajos de Ángela pueden hacerlo a través de Instagram, en @loquepinte.aliwen.

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