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28/01/2026

Vendía alfajores en Playa Bonita y ahora lo hace con éxito en Canadá

Micaela García hace los alfajores de maicena con la receta de su madrina. Vive en Paris, Ontario, con su pareja Kevin y en marzo abrirán un local.
Micaela abrirá local en marzo
Micaela abrirá local en marzo

La llamada de El Cordillerano Radio cruza miles de kilómetros. Del otro lado de la línea, en la ciudad canadiense de París, el termómetro marca 15 grados bajo cero. Allí vive desde hace un tiempo Micaela García que, más allá de haber vivido solo 5 años, se siente barilochense: “Bariloche sigue siendo mi casa en el corazón, estoy enamorada del lugar”.

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En 2018 se mudó a Bariloche, luego de recibirse de psicopedagoga en Campana, provincia de Buenos Aires. Más tarde completó la licenciatura a distancia mientras ya estaba instalada en la ciudad cordillerana. “Empecé dando clases particulares”, recuerda, hasta que una oportunidad inesperada cambió el rumbo.

Vivían cerca de Playa Bonita y surgió la idea de hacer alfajores. La receta venía de familia: su madrina Nancy preparaba unos de maicena que siempre habían sido un éxito. Al principio no fue fácil. “Me costó un poco, pero practiqué hasta que me salieron como quería”, cuenta. Salió a venderlos en Playa Bonita, y luego en otras playas como Serena. La respuesta positiva fue inmediata.

En paralelo, junto a su marido Kevin, ingeniero nuclear egresado del Instituto Balseiro y trabajador de la CONEA, comenzaron a pensar en la posibilidad de emigrar. Canadá aparecía entre las opciones. La oportunidad concreta llegó cuando Kevin pudo ingresar a la Universidad McMaster. En 2022 hicieron las valijas y viajaron.

El comienzo no fue sencillo. “Cuando llegué hice trabajos que nunca había hecho, tuve que cambiar de rubro, como atención al cliente”, relata. La distancia también trajo algo de nostalgia: “se extrañan mucho los sabores argentinos”. Vivieron los primeros dos años en Burlington y luego se mudaron a París, Ontario.

Tardó en encontrar la receta perfecta pero lo logró

Allí, casi como un gesto afectivo, volvió a hacer alfajores para compartir con amigos. Hasta que una compañera de trabajo, de Perú, le preguntó si los vendía. “No tengo nada que perder”, pensó. Así empezó a imaginar el emprendimiento que hoy es una realidad: Argento Alfajores. En Canadá, conseguir dulce de leche ya es un desafío, y además los ingredientes son distintos, por lo que cada receta implicó prueba y error.

El proyecto cumplió un año y medio y no estuvo exento de trámites y exigencias para poder comercializar alimentos. El crecimiento más fuerte se dio el año pasado. Kevin acompaña activamente, sobre todo en la parte financiera y en la presencia en ferias. “Hoy puedo solventar todo solo con los alfajores”, afirma con orgullo.

“Yo sabía que el alfajor de maicena no iba a fallar”, asegura. Aunque al principio tuvo dudas —el canadiense no tiene nada parecido—, la reacción fue siempre positiva. Para muchos, fue el primer alfajor que probaron en su vida. El gran desafío fue introducirlo y explicar de qué se trataba.

La experiencia también le permitió conocer de cerca la sociedad canadiense. “Me llamó mucho la atención la diversidad, ves personas de todos lados, y la amabilidad del canadiense. Te ayudan mucho”, destaca.

Mirando hacia adelante, el camino sigue marcado por la planificación. Acaban de terminar el nuevo packaging y reconoce que el aprendizaje fue constante: “No es solo hornear alfajores, son muchas cosas para ocuparse”. El próximo gran paso ya tiene fecha: en marzo abrirán su propio local. “Estamos muy contentos”, admite sonriente. 

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