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28/01/2026

“Con este nivel de sequía, Bariloche puede tener incendios de magnitud si no se los logra atender a tiempo”

Referente de Greenpeace apuntó a factores como la crisis climática, la expansión de pinos y la desidia del Gobierno nacional.
Referente de Greenpeace advirtió sobre el escenario actual (fotos: Facundo Pardo).
Referente de Greenpeace advirtió sobre el escenario actual (fotos: Facundo Pardo).

El coordinador de la campaña de bosques de Greenpeace, Hernán Giardini, al hablar de las llamas que castigan distintos sectores de la Patagonia, consideró: “Hay un montón de teorías conspirativas sobre el origen de los incendios que no tienen ningún asidero”. En tal sentido, expuso, como motivos principales del fuego que castiga a la zona, tres factores: “Crisis climática, expansión descontrolada de los pinos exóticos y desidia estatal”. Justamente, en el último punto, recalcó que se aprecia “desinterés por abordar el tema con la responsabilidad que merece”.

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Una temporada de lucha continua contra el fuego.

—¿Qué análisis se puede hacer sobre lo que sucede en Cholila en este momento?

—En Cholila hay bastante preocupación de la población, porque hay dos incendios bastante cercanos: Puerto Patriada, que está bajando hacia el sur, y el del Parque Nacional Los Alerces, que avanzó hacia Villa Lago Rivadavia. El mayor miedo por parte de los habitantes se produjo durante el fin de semana, porque el viento fue muy fuerte, y el efecto por la noche es que el fuego está más cerca de lo que está, así que hubo algunas evacuaciones, sobre todo en Villa Lago Rivadavia. Están trabajando en los dos incendios, para que el fuego no llegue a Cholila, pero no hay ninguna garantía, porque el viento cambia y podrían expandirse hacia esa zona.

—Es habitual que cada verano se hable de incendios en la Patagonia, ¿hay manera de evitar que el fuego, para esta época, deje de ser una constante?

—Venimos de varios años de sequía, producto de la crisis climática y, además, puntualmente, respecto a este verano, se sabía que en la Patagonia había llovido poco. En septiembre, nosotros advertimos a los gobernadores de la Patagonia Norte que se venía un verano complicado por esta situación, pero también por los recortes de Nación, no sólo en cuanto al desfinanciamiento de la Ley de Bosques, sino, además, por la cuestión del Servicio Nacional del Manejo del Fuego, que tiene un financiamiento del setenta por ciento por debajo. Asimismo, por la cantidad de brigadistas, ya que Parques Nacionales está diezmado, tiene sólo cuatrocientos, cuando el mínimo, para cubrir los cinco millones de hectáreas de la Administración y brindar colaboración a las provincias, tendría que ser de setecientos. Sabemos que las provincias tomaron nota de la advertencia, y hubo reuniones durante los siguientes meses —octubre y noviembre— para tratar de coordinar acciones conjuntas. En el caso de Río Negro, se aumentó la cifra de brigadistas, con cincuenta más, y también se añadió alguna aeronave. Neuquén también agregó un par de aeronaves. En Chubut, en tanto, entiendo que la situación no mejoró mucho. De cualquier manera, si bien se trata de un esfuerzo y se mejoró con respecto al verano anterior, ocasión en que la Patagonia sufrió algunos de los peores incendios forestales de las últimas tres décadas, lo cierto es que, hasta ahora, la situación indica que aquel escenario podría repetirse. Después sabremos cuántas hectáreas se afectaron. Los datos, hasta el momento, son preliminares. El panorama de crisis climática llegó para quedarse y, lamentablemente, sin no hay mayor prevención y más capacidad para el ataque rápido a los focos, esto se puede complicar mucho. Cualquier incendio, ya sea intencional o accidental o por una tormenta eléctrica (que cada vez son más frecuentes), si no se logra apagar en los primeros momentos, puede generar un fuego de magnitud.

—Pero, puntualmente, esta temporada, ¿qué es lo que está fallando?

—Lo mismo que en la temporada anterior. Existió una subestimación de la crisis climática, una falta de prevención a la hora de informar a los turistas y locales, faltaron sistemas de alerta temprana y raleo de árboles secos, así como control de plantación de pinos exóticos. En ese último punto, hubo un trabajo casi nulo. Debe realizarse una labor real de reemplazo de esos pinos, sobre todo en las zonas de ejido urbano. Si no se avanza en eso, esta situación va a ser recurrente. Además, no tenemos una capacidad operativa tan buena como para frenar varios focos al mismo tiempo. En época de sequía, cualquier foco se puede convertir en un incendio de magnitud si no se lo atacar a tiempo.

—¿Cómo calificaría la situación en la que se encuentra Bariloche? ¿Podría suceder en la ciudad algo similar a lo que está ocurriendo en otros puntos de la Patagonia?

—Bariloche corre el mismo riesgo que todas las ciudades patagónicas con bosque nativo y cantidades importantes de plantaciones dentro de su ejido urbano o cercanas a él. Con este nivel de sequía, Bariloche puede tener incendios de magnitud si no se los logra atender a tiempo. De hecho, en diciembre arrancó uno en el cerro Otto que, por el buen accionar del Splif (Servicio de Prevención y Lucha contra Incendios Forestales) y de los bomberos voluntarios de la zona —además de la ayuda de los vecinos—, se pudo frenar. Si no se lo lograba parar a tiempo, y el viento hubiese virado del oeste hacia el este, como suele ser, el fuego podría haber avanzado hasta el centro de la ciudad, quemando barrios enteros. La situación de Bariloche es compleja. En la Comarca Andina habitualmente hay tres o cuatro grados más de temperatura que en Bariloche, lo que la pone más en riesgo, porque, cuanto más calor y más seca esté la zona, mayor es el peligro. Pero, igualmente, Bariloche, si no controla el tema, no escapa a lo que puede sucederle a cualquier ciudad andina patagónica. Me parece que prohibir tempranamente hacer asados al aire libre fue una muy buena medida. 

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