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05/01/2026

Arte reciclado: una portorriqueña y un rosarino que viven en Bariloche les vuelven a dar vida a diversos objetos desechados

Una historia de amor y la pasión por la decoración se unen en una muestra en la sala Frey.
La pareja junto a una de sus creaciones, en la sala Frey (imágenes gentileza).
La pareja junto a una de sus creaciones, en la sala Frey (imágenes gentileza).

Fernando Gaglio, entre otras cosas, es coordinador turístico. En Rosario, ciudad en la que nació, un día recibió un llamado de Marie Carmen Rivera, una portorriqueña que quería venir a la Argentina y le habían recomendado que se contactara con él. “Anhelaba conocer esta tierra; estaba en mi lista de deseos”, dice ella, añadiendo: “Cuando arribé como turista, me enamoré del país, porque llegué a Buenos Aires, después estuve en Rosario y cuando vi Bariloche dije: ‘Este es mi lugar, donde quiero vivir, casarme... todo’. Y aquí estoy”. Su sonrisa se esparce en el rostro. Porque el asunto es que la historia continuó con Marie casándose con Fernando, ya que, en aquella travesía turística, Cupido lanzó sus flechas.

La actualidad los encuentra instalados en Bariloche, llevando adelante tareas de decoración a partir de la práctica del reciclado. De esa creatividad, surgen piezas que podrán verse, bajo el nombre de Gosén.7 (una referencia a un lugar de Egipto y a una historia bíblica), hasta el 23 enero, en la sala Frey del Centro Cívico, desde las 10 a las 22.

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Fernando se dedica a la temática desde hace veinticinco años, más allá de sus labores en el campo del turismo.

Cuando los esquíes cambian de función...

Tres décadas atrás, ya había estado instalado en Bariloche, sitio al que llegó para desempeñarse como gerente de un hotel. Luego, con la crisis de 2001, quedó sin trabajo.

Recordando las enseñanzas de su padre, herrero, fue hasta una zona campestre y le compró, a una persona que había allí, un lote de chatarra. Aquellos desperdicios, desde el moldeado que les dieron sus manos, se transformaron en objetos que propiciaron la apertura de un local de decoración. Si bien la inauguración no fue en el mejor momento del país, ya que abrió sus puertas el 19 de diciembre de 2001, día previo a que Fernando De La Rúa abandonara la Presidencia (es recordada la imagen de su partida en helicóptero, desde la Casa de Gobierno), el negocio pronto comenzaría a dar sus frutos. Los primeres meses auguraban un futuro negro, porque no había ventas, pero en Pascuas de 2002, con la llegada de visitantes chilenos, despachó todo lo que tenía y comenzó una buena racha que se estiró por trece años, hasta que, por motivos personales, tuvo que retornar a Rosario.

Un bastón de esquí, piedra y lámpara, elementos que se conjugan.

En la actualidad, nuevamente instalado en Bariloche, vuelve a despuntar el vicio del reciclaje destinado a la decoración, ahora acompañado por Marie, que es pintora y trabaja especialmente con acrílico y acuarela, en técnicas y motivos variados (“Lo que sale de mi corazón”, sintetiza ella), por lo que, con su pincel, suma una veta distintiva a las creaciones.

Fernando, a la hora de referirse a lo que hace, cuenta: “Todos los días emprendo algo nuevo. Le doy libertad a la creatividad. Tengo el taller en mi casa y ahí me transformo con lo que me surge en cada momento… Inclusive, a veces sueño con cosas y a la mañana siguiente las hago, puede ser un estante, una mesa, un cuadro… He hecho muebles con durmientes de ferrocarril, que pesan mil seiscientos kilos. Me encantan los desafíos”. Por lo pronto, una muestra de esa inventiva puede visitarse en la sala Frey. 

Sentados en una de sus creaciones, mientras preparaban la exhibición.

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