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05/12/2025

Fue profesor del Instituto Balseiro, trabaja con radiofármacos y es escritor

Sergio Suárez, un científico inquieto que afirma: “El crimen perfecto existe”.
Sergio Suárez, científico y escritor... entre otras cosas (imágenes gentileza).
Sergio Suárez, científico y escritor... entre otras cosas (imágenes gentileza).

“Mi vida ha sido la de un científico inquieto”, dice Sergio Suárez. Y esa inquietud se refleja más allá de la ciencia. Así, por ejemplo, el domingo, a las 17.30, presentará su segunda novela, Deuda Interna II, en el marco de la Feria del Libro que se desarrollará en el gimnasio del Centro Regional barilochense de la Universidad Nacional del Comahue.

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La obra forma parte de una saga donde convergen lo político y lo social, a partir de una historia que involucra a un asesino serial que mata corruptos.

“Hay épocas que requieren literatura de compromiso”, considera el hombre de ciencia, confrontando ese perfil con el que ofrece la que denomina “literatura del avestruz”. Como ejemplo de la opción comprometida, cita al húngaro László Krasznahorkai, Nobel de Literatura 2025. “Realiza una crítica sobre la velocidad con la que estamos viviendo, y reimplanta la idea de que la lectura es un acto de resistencia ante estos tiempos de inmediatez”, sostiene Sergio.

En cuanto al deseo que prevaleció a la hora de ponerse a escribir, relata: “Quería llamar la atención sobre la deuda interna. Porque, más allá de que vivimos en un país obsesionado con la deuda externa, ya que desde Bernardino Rivadavia hasta ahora siempre hemos debido plata, hay una deuda interna que nunca pagamos. Me refiero a la diferencia de justicia entre unos y otros, los de una clase con los de otra. Están los acomodados, los políticos, los jueces, los corruptos… y, por otro lado, el resto”.

Sergio pensó en ofrecer esa visión quizá a través de un ensayo, o bien en relatos, pero finalmente optó por la novela. Así, ante la pandemia de covid, estimulado por el tiempo que la cuarentena le deparaba, más allá de trabajar en diversos textos científicos, tomó aliento para lo que el género implicaba.

Incluso tuvo el visto bueno de Vicente Zito Lema, el poeta, abogado y militante por los derechos humanos, quien le dijo: “Me gusta lo que escribís, cosas que lastiman, y eso es lo que lleva a que el lector piense”.

Durante una presentación de su primera novela.

La novela que presentará el domingo, entonces, es la segunda de la serie, que culminará con una tercera… sí o sí, es decir, no habrá cuarta. “Mi esposa dice que me deje de ‘matar gente’ y escriba de cosas más lindas”, sonríe Sergio.

Para meterse en la cabeza del asesino serial que protagoniza la historia, el científico investigó profundamente sobre el tema, incluso a través de textos que bucean en la cuestión desde lo psicológico, así como también desde lo estadístico, cosa que lo llevó a saber, por ejemplo, que “hay lugares en el mundo donde el veinticinco por ciento de los asesinatos no se resuelven”. En tal sentido, reflexiona: “Eso significa que el crimen perfecto existe”.

De joven (ahora anda por los sesenta y tres), Sergio dudaba si seguir Economía, alguna rama científica o Letras. “De viejo, terminé haciendo todo”, ríe, porque este hombre oriundo de Lobería, provincia de Buenos Aires, llegó a Bariloche en 1982 para estudiar en el Instituto Balseiro y se quedó, pero también, a partir de su derrotero laboral por diversos países, se instruyó en Economía en Alemania y ahora despunta el vicio de la escritura.

Poco tiempo atrás, tuvo un infarto y un paro cardíaco. “Todos —mi mujer, los amigos— me pedían que bajara un cambio, y la literatura me afloja. Cuando escribo, no tengo inconvenientes… Y si aparece algún problema con un personaje, lo puedo matar”, bromea.

La segunda parte de la saga salpica sangre.

Hasta no hace tanto, se desempeñaba como docente en el Instituto Balseiro (lo fue por más de veinticinco años), y en la actualidad se dedica, con exclusividad —sin contar la literatura—, a su labor en el Instituto de Tecnologías Nucleares para la Salud (Intecnus), donde trabaja en establecer una planta de producción de radiofármacos. “En Bariloche vamos a producir fármacos radiactivos para diagnóstico y tratamiento de cáncer”, afirma Sergio, previendo que eso sucederá el año próximo. Mientras tanto, mata corruptos... No literalmente, sino literariamente hablando, claro.

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