Publicidad
 
16/09/2025

Último día de Wizün en el SCUM: historias de ceramistas

El placer de un arte particular.
La cerámica, un arte que también es una terapia (fotos: Facundo Pardo).
La cerámica, un arte que también es una terapia (fotos: Facundo Pardo).

La cerámica está de moda… O algo así. Lo cierto es que cada vez más personas se acercan a ese universo particular, tanto para realizar piezas como para disfrutar del arte que delinean quienes ya tienen un camino recorrido en ese sendero .

Lee también: Wizün y el auge de la cerámica en Bariloche

Prueba de ello es el éxito del colectivo Wizün. El miércoles, precisamente, es la última oportunidad para visitar su sexta edición, en el Salón Cultural de Usos Múltiples (SCUM), ubicado en Moreno y Villegas.

Pequeñas obras de arte en el centro barilochense.

Como en cada una de sus exhibiciones, la belleza resalta en todas las propuestas, así como también destacan las historias de las emprendedoras que allí se presentan.

Por ejemplo, Mercedes Rucci, con su proyecto Mece, ofrece objetos utilitarios y decorativos.

Mercedes, en el SCUM.

Originaria de Chacabuco, provincia de Buenos Aires, llegó con su pareja a Bariloche hace siete años y medio, para probar suerte. “Al principio, trabajé en turismo; después pasé por chocolaterías, pero, cuando conocí el mundo de la cerámica, me volqué por completo a él”, cuenta la joven, que tiene treinta y tres años y descubrió el universo hecho de arcilla hace cuatro.

Portasahumerios.

Cuenta que trabaja con “pasta blanca en baja temperatura” y, más allá de la venta de productos, da clases, mayormente a niños. “Es increíble como se centran y focalizan; charlan entre ellos, se cuenta cosas… En dos horas pueden tener la estructura de una pieza”, comenta sobre la experiencia de enseñarles a los niños.

Adornos.

De tal forma, Mercedes destaca “las posibilidades que la cerámica brinda”.

“Cuando comenzás en este mundo, no podés salir”, aprecia.

Colores que brindan armonía.

Lo mismo piensa Úrsula Laura Glucksberg, creadora de U Cerámicas Bariloche. “Empecé en 2011, cuando el volcán Puyehue hizo erupción”, cuenta. Acostumbrada a desempeñarse en actividades vinculadas al turismo (había sido encargada de locales, alquilaba autos…), de repente sufrió la falta de visitantes. Entonces, apuntó a descubrir los secretos de un mundo que siempre le había fascinado, pero como “espectadora”.

Úrsula, con una de sus creaciones hechas totalmente a mano.

“De cualquier lugar al que viajaba, traía al menos una taza; la cerámica siempre fue mi pasión, pero para tener creaciones hechas con ella, no para hacerlas yo”, cuenta.

Pero, en aquel momento, optó por probar suerte por ese sendero, y nunca lo abandonó. “La cerámica es un camino de ida, no tiene retorno; una vez que te metiste, seguís, porque te apasiona. No escuché a nadie que lo haya dejado”, asevera.

Una belleza delineada en cerámica.

Más allá de todo, Úrsula emite una afirmación llamativa: “En mi caso, la cerámica se relaciona con los volcanes”.

“Una vuelta de tuerca que encontré en el trabajo vino con la erupción del Calbuco”, dice, evocando lo que sucedió en 2015. “Trajo a Bariloche una ceniza muy finita y oscura. Yo la junté y la mezclé con esmalte blanco; salió una coloración especial, como salpicada”, explica.

El arte de pintar sobre las piezas.

Si bien aún atesora un poco de aquella ceniza, con el tiempo encontró la forma de recrear, de un modo alternativo (digamos que artificial), esa tonalidad especial que sigue utilizando.

A sus creaciones, añade la pintura a mano sobre los productos. “Nunca había pintado, ni jamás se me ocurrió que lo haría, pero ahora que lo hago, más allá de que se trata de algo que me lleva mucho tiempo, después queda la satisfacción del resultado”, expresa.

La gente disfruta de todas las propuestas.

Las piezas utilitarias que realiza ofrecen gran belleza, pero es en ciertos productos que apuntan a la decoración donde se ve una técnica singular. “Me gusta hacer esas cosas completamente a mano”, señala.

En la actualidad, Úrsula sólo vende sus producciones en ferias, donde disfruta de compartir momentos con sus compañeras de Wizün, descubriendo nuevas técnicas y conversando con la gente que se acerca. Más que apuntar a obtener una ganancia, afirma que, en el presente, “la cerámica es una terapia”.

El compañerismo reina en el SCUM.

¿Que opinión tenés sobre esta nota?