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13/08/2025

El fenómeno del chocolate Dubái llegó a Bariloche

Una propuesta que nació en tierras lejanas y en la actualidad recorre el mundo.
El chocolate Dubái desembarcó en Bariloche (fotos gentileza).
El chocolate Dubái desembarcó en Bariloche (fotos gentileza).

A la mayoría, el nombre de Sarah Hamouda no le dirá nada. Sin embargo, si se habla de chocolate Dubái, ya son muchos los que saben a qué se apunta. O, al menos, tienen en claro que se trata de una experiencia distinta dentro de las tradiciones chocolateras. Y el producto ha desembarcado incluso en Bariloche.

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Pero todo se debe a la citada Sarah Hamouda, una británica-egipcia que reside en Dubái. En 2021, mientras transitaba el embarazo de su segunda hija, tuvo un antojo. Y se trataba de uno muy especial. Quería knafeh, postre emblemático de Medio Oriente. Su base es queso fresco (preferentemente, de oveja o de cabra) y el kataifi (fideos muy finos en forma de hilos largos, una especie de cabellos de ángel hechos de harina, agua y sal). Además, contiene pistacho molido. Al no encontrar nada que se asemejara a aquel deseo, decidió probar realizarlo ella misma, pero, al hacerlo, fue un paso más allá y lo fusionó con chocolate.

Así, surgió una tableta a la que bautizó “Can’t get knafeh of it” (algo así como No puedo sacarme el knafeh de encima), chocolate relleno con una mezcla de crema de pistacho y kataifi.

El dulce marcó el inicio de su negocio y, en cuestión de meses, gracias al impulso del boca en boca y las redes sociales (incluido un posteo de una influencer gastronómica de relevancia internacional), tuvo un impacto global.

Lo curioso es que el chocolate original, la invención de Sarah Hamouda, se mantenía en una producción artesanal limitada, por lo que se pagaban precios altísimos para conseguirlo.

Pero, a partir de la fama alcanzada, alrededor del mundo han sido varios los pasteleros que intentaron emular la tableta.

Por ejemplo, en Bariloche, la chocolatería ubicada en Mitre en la intersección con Rolando ofrece tres variantes: el clásico, con chocolate blanco en lugar de negro, y con azafrán y miel.

Siguiendo por la arteria principal del centro barilochense, apenas a unos cincuenta metros, del lado de enfrente, se ubica otra empresa chocolatosa que ofrece tabletas Dubái.

Y en la sucursal de la marca con origen en Mar del Plata, en tanto, frente a los arcos del Centro Cívico, se ven posters que anuncian un alfajor de chocolate Dubái. Se publicitó como una edición limitada, y en Bariloche, más allá de la presencia de los letreros que exponen su venta, está agotado. Los vendedores —que desconocen si volverá a entrar— señalan que, ni bien llegó, el producto “se evaporó”.

Un alfajor que se agotó ni bien llegó a Bariloche.

Igualmente, pareciera que el chocolate Dubái no es para todos los paladares. La sensación que provoca es extraña… Están los que hablan de un manjar; otros dicen que es como masticar vidrio… Como se ve, las opiniones varían.

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