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27/07/2025

Se cumplen cinco años de la muerte de Mario Ruiz, el hombre que falleció mientras trabajaba para salvar la vida de los demás

Era jefe de patrulleros en el cerro Catedral y fue sepultado por una avalancha; el recuerdo de una de sus hijas (“Mi viejo era un tipazo”) y de su hermano mayor (“A veces parezco loco hablando solo”).
Mario, en Aspen, durante un viaje de intercambio que realizó poco antes de su muerte; tras su deceso, desde Estados Unidos enviaron la campera que se ve en la imagen para que la tuviera su familia (fotos gentileza).
Mario, en Aspen, durante un viaje de intercambio que realizó poco antes de su muerte; tras su deceso, desde Estados Unidos enviaron la campera que se ve en la imagen para que la tuviera su familia (fotos gentileza).

I′m a dream that died by light of day

(Soy un sueño que murió por la luz del día)

Adventure of a lifetime (Aventura de una vida), Coldplay.

 

El 27 de julio de 2020 fue lunes. Por la mañana de aquel día, una noticia sacudió a Bariloche. La tragedia se había hecho presente en el Cerro Catedral. Una avalancha, en medio de labores para evitarlas, provocó la muerte de quien era jefe de patrulla, Mario Ruiz.

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Todo colaboraba para que la información sacudiera a la sociedad. Por un lado, el hecho trágico en sí. Pero, además, el contexto. Eran tiempos de pandemia. La actividad en la montaña, para los residentes, se había reiniciado la semana anterior (igualmente, antes hubo casos donde, sin autorización, esquiadores desarrollaron el deporte en ciertos lugares carentes de seguridad).

La apertura del cerro se presentaba, por un lado, como un desahogo para los barilochenses que gustan de la nieve (en 2020 nevó mucho), pero, además, se trataba de ofrecer una buena imagen de la ciudad hacia afuera, porque, pese a que el turismo aún estaba vedado, ya se pensaba en el regreso de visitantes.

En sí, el Catedral era la gran esperanza blanca, la promesa de una próxima apertura para la ciudad, en momentos donde los comerciantes pedían a gritos que se permitiera el ingreso de turistas. En aquellos momentos, la calle Mitre, principal arteria del centro local, era un escenario desierto.

Entonces, que la actividad volviera al cerro era algo que, mayormente, se vivía con regocijo.

En ese marco fue que se produjo el accidente. Un suceso que, además, involucró a alguien muy querido en la ciudad.

Las voces de dolor se replicaban.

Los compañeros de la víctima hablaban de un jefe capacitado y responsable, además de resaltar el ámbito de camaradería que creaba.

Que se tratara de una etapa marcada por el covid también había delineado la última etapa de la vida de Mario Ruiz.

En primer plano, Mario; detrás, sus compañeros.

Hacía tiempo que no veía a varios de sus seres más queridos.

Por ejemplo, Naomi, la hija “del medio” (Florencia es la mayor; Zhoe, la menor), vive en El Bolsón. Por tal motivo, hacía bastante que no se encontraba con su padre, ya que, a los límites que trajo la pandemia, con un aislamiento social preventivo y obligatorio que se estiraba hasta parecer de goma, se añadía un viaje que Mario había realizado en la última etapa del año anterior.

Había cumplido el sueño de ir a Aspen, Estados Unidos, en un intercambio. “Creo que el día en que había viajado fue el 4 de noviembre… Aunque no recuerdo bien”, bucea en su memoria Naomi.

En Aspen; momento de esparcimiento.

Supuestamente, Mario debía volver en mayo, para comenzar con sus funciones en Catedral, pero adelantó el regreso.

Personas de diversos lados que se encontraban en Aspen habían comenzado a marcharse. La cuestión, cuando el covid empezó a esparcirse por el mundo, era realmente preocupante.

Con la camiseta de la selección, en Aspen; la argentinidad se hacía presente en Estados Unidos.

En Estados Unidos, la situación estaba cada vez peor. Mario llamó a un amigo de la infancia, para ver si lo podía ayudar con el cambio de pasaje. Hicieron de todo y lo consiguieron. Se fue justo antes de que cerraran los aeropuertos. Llegó a Panamá y, después de embarcar en otro vuelo rumbo a Argentina, suspendieron las actividades aéreas ahí también. 

Arribó a Ezeiza de noche. Luego, salió en colectivo para Bariloche. Vino en un micro con unas pocas personas.

En Aspen, hora de cambiarse.

Debido a las medidas que se tomaban con la gente que venía desde el exterior, realizó una cuarentena en su casa.

Después tuvo que permanecer aislado un poco más, debido a que tuvo coronavirus.

Un recuerdo de Aspen.

Cuando debió realizar tareas de detonación en el cerro, en un primer momento se vio obligado a suspenderlas, porque había gente haciendo actividades recreativas sin permiso.

De tal manera, se cambió de día. Aquel lunes fatídico, mientras desarrollaban diversas labores, se produjo una avalancha. Oscar Arellano, miembro de la patrulla, resultó herido; Mario murió.

Las tareas de detonación eran habituales en el cerro.

En una ocasión previa, Mario había sufrido un percance haciendo detonaciones. Aquella vez, había conseguido escapar. Néstor (“Cachi”), su hermano mayor, recuerda: “El año anterior lo había agarrado un deslizamiento. No alcanzó a ser una avalancha grande y pudo salir, pero decía que fue desesperante. Zafó… Contaba que, cuando pasa eso, se mueve el piso…”. Y comenta: “Él era muy meticuloso en el sentido del protocolo, pero había un riesgo… No es una tarea fácil, no se trata de algo común. Y aquella vez (la jornada de la tragedia) hubo un conjunto de cosas que conspiraron… Tuvo que postergar las detonaciones por gente que no respetaba las señales, y él decía que, a medida que pasaba el tiempo, la nieve era como que se lavaba y se ponía más blanda… Se corrían riesgos, pero debía hacerse… Existía el peligro de una tragedia enorme, ya que, si no se hacían las detonaciones ese día, iba a agarrar a otras personas”.

“Ellos provocaban avalanchas con explosivos para que no se produjeran en el momento donde había turistas u otra gente en el lugar”, apunta Cachi.

Momento de explosión.

Naomi, la hija de Mario, en tanto, evoca tiempos donde, estando en Bariloche, sentía el portón de madrugada. Era Mario que partía para comprobar que todo estuviera bien para la apertura de pistas. “Una se quedaba con miedo y pedía por favor que volviera; sabíamos del riesgo que tenía su trabajo”.

En cuanto a la avalancha que lo había afectado sin mayores consecuencias aquella vez anterior, ella cuenta que se enteró un tiempo después de que pasó. “Trataban de no contarme demasiado esas cosas, porque sabían que yo me preocupaba; mi viejo, para mí, era Dios…”.

Las detonaciones se enmarcan en una serie de labores preventivas.

“Fue un héroe. Siempre lo vi así. Era un referente, la persona que me aconsejaba y ayudaba; me contaba cosas, éramos muy cómplices”, señala la hija de Mario.

La heroicidad a la que remite Naomi refiere tanto a lo que significó en su calidad de padre, como en la actividad que desarrolló: “Dejó su vida por salvar al resto, a sus compañeros, a las personas que iban a esquiar a la montaña… Obviamente, en la patrulla no era sólo él, sino que había un grupo detrás; era el jefe, el referente de todos, pero siempre dejaba en claro que todos conformaban un equipo”, sostiene.

Quienes trabajaban a su lado destacaban sus dotes de un liderazgo sano.

Mario sentía adoración por las hijas de Naomi, es decir, sus nietas. En la actualidad, Guadalupe tiene trece años; Paz, ocho.

Naomi cuenta: “La más grande lo recuerda muchísimo, porque pasó bastante tiempo con él. Compartieron días de montaña y nevadas, esquiaban juntos… Y la más chica lo evoca a través de canciones, porque mi papá, cuando llegaba a la casa, se ponía a escuchar música. Ella, justamente, lo recuerda con una canción de Coldplay, Adventure of a lifetime. Siempre que la escucha, dice: ‘Ese es el tema del abuelo’. Mis dos hijas lo tienen muy presente”.

Mario, junto a sus padres y hermanos.

Por su parte, Cachi, hermano mayor de Mario (el menor se llama Cristian), expresa: “Resulta contradictorio, porque su ausencia se nota, pero, a la vez, está presente. A veces parezco loco hablando solo, como si lo hiciera con él; lo tengo conmigo todo el tiempo”.

La mente de Cachi se direcciona al 27 de julio de hace cinco años: “Estaba trabajando y vi en las noticias como que se había producido una avalancha en Catedral. Decían que dos o tres operarios estaban involucrados. Automáticamente, llamé a Mario y, claro, no contestaba. Le mandé mensajes… Todavía tengo el chat donde le decía que, si estaba bien, me contestara…”.

Última foto de Mario junto a Cachi, poco antes de partir a Aspen.

Los hermanos tampoco se habían visto en meses, desde antes de la partida del socorrista a Aspen.

Cachi vive en Lago Puelo, donde tenía el proyecto de realizar un camping junto a Mario, en unos terrenos de la familia. Tras el accidente de 2020, la idea de realizar el emprendimiento naufragó en la nada.

Por más que es el mayor de los hermanos, Cachi siempre vio a Mario como un ejemplo a seguir: “Él era mi referente. Aparte de hermanos, éramos amigos, compinches, confidentes…”.

Naomi, en tanto, sintetiza el sentimiento que la aborda con estas palabras: “Mi viejo era un tipazo”.

En bicicleta, otra de las pasiones de Mario.

RECUERDO Y HOMENAJE

En honor a Mario Ruiz, el 27 de julio se conmemora el Día Nacional del Pistero y Socorrista de los Centros de Esquí Argentinos, y en Río Negro es el Día del Trabajador Profesional de la Montaña.

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